TEORÍA DE LOS DOS DEMONIOS
NI LOS PALESTINOS SE SALVAN
por Carlos O. Suárez

Una solicitada publicada en el matutino “Página 12” (11/01/2009), bajo el título “¡Basta de barbarie! ¡Paz en Medio Oriente!”, nos sitúa nuevamente ante la burda y penosa concepción de muchos intelectuales, dirigentes partidarios y ciudadanos frente al problema de la violencia en general y el Terrorismo de Estado en particular. Al respecto, afirman los firmantes del mencionado documento: “Estamos a favor de la vida y nos duelen profundamente las muertes en ambas franjas del Medio Oriente. Repudiamos que se arrojen contra poblaciones civiles, pero con igual convicción sostenemos que no es mediante una respuesta desmesurada que se logrará la paz en
la región”.
Simple, sencillo e intergiversable: LOS PALESTINOS DEBEN DEJAR LA LUCHA POR SOBREVIVIR Y, DE TAL FORMA, EL GOBIERNO DE ISRAEL NO SEGUIRÁ MASACRÁNDOLOS COMO LO HACE SIN PAUSAS DESDE HACE SESENTA AÑOS.
Este canallesco escamoteo de la realidad vigente en la Franja de Gaza, Cisjordania y todos los territorios donde habita el Pueblo Palestino, resulta ser el traslado de las
actitudes y definiciones de quienes pretenden equiparar a los que combaten por la liberación de sus patrias con los opresores imperiales y nativos. Al plantear sistemáticamente “ el repudio a toda forma de violencia” se igualan, por ejemplo, las guerras emancipadoras comandadas por San Martín y Bolívar con las tropas del imperio español y las torturas de la Santa Inquisición. Porque, bien se sabe, si Tupac Amaru, Caupolicán y Tupaj Catari no se hubiesen rebelado contra el ocupante de sus tierras, las monarquías habrían llegado pacíficamente a la conclusión de otorgarles la independencia. Esa lógica perversa viene presidiendo desde siempre las capitulaciones del colaboracionismo encubierto con las dictaduras, reemplazando la lucha por los lloriqueos y la decisión transformadora con los pactos espurios de trastienda.
Tales aberraciones las hemos sufrido en Argentina, América Latina y el Tercer Mundo, posibilitando la vigencia de los gobiernos de la “democracia restringida”, que tan bien
se ajustan a las buenas conciencias de los sostenedores “críticos” del criminal sistema neoliberal capitalista.
La solidaridad sin condiciones con el Pueblo Palestino es totalmente incompatible con las almibaradas críticas a “la violencia de ambos signos”. Los que padecen desde hace décadas las más terribles represiones en los campos de exterminio y las reducciones donde carecen de lo más elemental para una vida digna, no pueden ser comparados con
los genocidas que bombardean a las poblaciones civiles, incluso con armas que propagan la radioactividad como el uranio empobrecido. Es por todo ello que una vez más expresamos el repudio a los que han ocultado con argumentos rebuscados y falaces las luchas del Pueblo Argentino y de todos los pueblos, fundamentalmente el Palestino.
A los imperios y las dictaduras no se los combate igualando a los represores con los reprimidos, sino denunciando la esencia del sistema criminal que sustenta a unos y la
Justicia sin reticencias que ennoblece a los otros.
Buenos Aires, 11 de enero de 2009.
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