POLÉMICAS DEL SUR
La política argentina en
el momento electoral uruguayo
por el profesor Mario Dotta Ostria*
El artículo aparecido en “Bitácora”, Suplemento del diario “La República” (25 de enero de 2009) bajo el título “Mujica es otra historia”, del Sr. Eduardo Silveyra (Publicado por El descamisado.org – Enviado por el autor), posee un contenido caracterizado por referencias equívocas, emanadas de la falta de conocimiento de la historia rioplatense, que puede llevar a las nuevas generaciones -a las cuales la dictadura trató de imprimir concepciones antidemocráticas y revisionismos interesados con talante autoritario- a la confusión sobre sucesos que se extienden en un ciclo de larga duración.
Violentando mis intenciones de no mezclarme en las consideraciones político-electorales del momento, veo que se publican artículos con versiones históricas no meramente discutibles, las que siempre deben ser bienvenidas para enriquecer los procesos, sino también las falaces que lindan con el disparate y que, como la presente, no pueden dejarse pasar.
Tal el artículo aludido en el que se manifiestan -aunque confusamente- pensamientos que tienen sus orígenes, por un lado en las concepciones del ultra nacionalismo católico argentino y los movimientos conservadores de origen europeo, casados ambos con el movimiento peronista, todos a su vez en mayor o menor medida tributarios del fascismo italiano, el falangismo español, el nacional socialismo alemán y otros aportes provenientes de la ideología del movimiento Acción Francesa de Maurras, y en épocas más reciente, la de los represores en Argelia y la de la OAS[i] - que contradicen el pregonado “nacionalismo” y que mal pueden ayudar a la candidatura de José Mujica, aunque pueden levemente perturbar el clima interno de la coalición frenteamplista, sobre todo cuando en medio de fervorosas adhesiones aparecen elementos de los cuales este artículo es un ejemplo.
En un galimatías de difícil comprensión, se afirma en el artículo de marras, con tajante seguridad, que “...El hecho histórico surge de la naturaleza de las cosas y tiene una dinámica circular (¿?), se reproduce por ciclos y está por encima de lo político tiene otro valor más significativo, porque es producido por los pueblos y un conductor. Y Mujica es además no sólo un político, es además un conductor...”
Es una visión que pocos uruguayos aceptarían y que por muchas generaciones fue el pan político de cada día de la República Argentina, la mística del conductor, del hombre providencia, idea que empolla allí donde la ignorancia hizo su nido; y da miedo que este concepto pueda calar en nuestra juventud aun víctima intelectual de la cesura cultural provocada por la dictadura cívico-militar.
Concepciones que aparecen cuando la demagogia, alzando su cabeza, tiende al movimientismo corporativista tal como ocurrió en la Argentina durante el proceso que se desarrolló desde principios del siglo XX y que culminaría con el movimiento (así lo tipificó Perón y así era), justicialista. Y de esas ideologías está impregnado el artículo del Señor Silveyra, lo que me imposibilita de mantenerme en silencio.
La diferencia sustancial entre la política argentina y la uruguaya es precisamente que la primera tiene como protagonistas fundamentales a los movimientos, que siempre tienden a ser avasallantes y totalizadores y a las que generalmente representa, en cada momento, el líder carismático y providencial; y la segunda a partidos políticos más o menos organizados que son sin duda las formaciones propias de las democracias o sistemas que más se les asemeja.
La idea del conductor tuvo siempre en la Argentina una gran aceptación sobre todo en las filas de la derecha absolutista ultramontana con su carga de nacionalismo xenófobo, tributario de los fascismos europeos con su aditamento de antisemitismo y de odio a la inmigración, aunque en algunos momentos contradictorio como cuando el gobierno peronista supo cobijar amorosamente a los inmigrantes nazis, croatas y de otras etnias, criminales de guerra que con apellidos falsos y con pasaporte del Vaticano llegaron a las playas argentinas luego de la segunda guerra mundial.
El señor Silveyra es sin duda diestro en materia culinaria aunque chambón en la mezcla de ingredientes, pues tratando de promover la candidatura de Mujica acude a la Historia para terminar haciendo un verdadero revuelto cuando no una olla podrida, al afirmar que el caudillo es una herencia española (afirmación discutible a la cual el espacio y el tiempo impiden rebatir), expresando que esa aludida herencia “...plasmada en lo criollo, con hombres que conciben la patria y la nación como un destino; donde los hombres pudieran realizarse como individuos y como nación...”
Y a continuación se dedica a dar punto a la salsa criolla afirmando que “...Artigas, San Martín, Rosas y Oribe, en su tiempo, sabían muy bien que sólo podían consolidar un proyecto de independencia y soberanía solamente con el pueblo garante de esas conquistas...” ; y dentro de este contexto trata de involucrar a José Mujica, porque Mujica “...no solo es político sino conductor...”. Y así el Sr. Silveyra, tejiendo en su fantasía un gran tapiz místico de la “patria grande” pone allí como protagonista principal al caudillo, porque “...el conductor tiene relación con el caudillo...” y además “...el conductor está por encima de las relaciones coyunturales y trasciende los marcos ideológicos...” ¿Qué tal?.
A esta altura algunos cocineros de ocasión se entusiasmarían ante este caldero bullente: “...Siempre surge la posibilidad histórica de un cambio profundo de corte nacional y popular. Perón en Argentina y Herrera en Uruguay, al igual que Aparicio Saravia, eran sabedores en la práctica de esos legados de liberación...”
Y luego, dando lugar a una veta poética inesperada y para afirmar sus dichos, acude al Martín Fierro, personaje a quien caracteriza como “...desertor del ejército mitrista y colorado que destruyó al Paraguay de Solano López...” y que “...recuerda los días felices de los paisanos en la época de Rosas...”; gaucho este Martín Fierro que necesita caudillo al que espera con esperanza pues “...cansado de gringos y “dotores”...” es sabedor que para él no son solución:
“...Y dejo correr la bola
Que algún día se de parar
Hasta que lo trague el hoyo
O hasta que venga algún criollo
En esta tierra a mandar...”
Así pues, Martín Fierro es un gaucho que pone su futuro en otro, en el caudillo, y que no sabe -porque el autor del verso, un gran estanciero porteño, José Hernández Pueyrredón, no se lo aclara- que la función del caudillo es la de intermediario entre el pueblo gaucho (ciudadanía pasiva sin derechos electorales) y el poder; y que en muchísimas oportunidades los caudillos no fueron sino amansadores de rebeldías -que aunque legítimas- perturbaban a los de arriba.
Y entre los de arriba estaba el caudillo de estatura nacional aludido, Juan Manuel de Rosas, gran estanciero, gran saladerista con su socio y pariente Anchorena y con los Terrada, todos con los patacones puestos en los intereses políticos y económicos no de la Argentina sino del puerto de Buenos Aires.
Rosas fue puesto a gobernador por la Legislatura en dos períodos 1828-1832 y 1835-1852, a los efectos de dar una institucionalidad federal a la Argentina; sobre todo en el segundo período para la concreción de una Constitución federal; pero no solo no cumplió dicho cometido sino que gobernó en su segundo mandato, durante diecisiete años, como un autócrata, a través de los caudillos provinciales.
Y esa omisión no es por azar ni fortuita, sino que constituía la más coherente política de salvaguarda de los intereses porteños del cual él era principal representante; y en ese sentido Rosas fue el más unitario de los unitarios; revestido de un falso federalismo porque, además, detrás de todo esto, el delirio de porteño lo llevaba al proyecto de reconstruir -para gloria de la ciudad-puerto- el antiguo Virreinato del Río de la Plata.
Es por ello que siempre se negó a reconocer la independencia de Bolivia, con quien entra en guerra en épocas del Presidente Andrés Santa Cruz, como así tampoco la de Uruguay, ni la de Paraguay a pesar que, luego de la muerte de Gaspar Rodríguez de Francia en 1840 y a principios del gobierno de Carlos Antonio López, el Imperio del Brasil reconocía formalmente la independencia de la República del Paraguay. Así vemos que no era muy distinta la política de Rosas y la que tendrá Mitre en lo que tiene que ver con la República hermana guaraní.
Aprovechando la asonada victoriosa de Fructuoso Rivera (que ya había realizado la limpieza de tolderías y el genocidio de indios en la campaña cuyo episodio más nombrado es Salsipuedes, en los primeros años de la década de los 30 en los que Juan Manuel de Rosas realiza campaña militar similar contra los indígenas pampeanos), que derrocó el probo Gobierno que venía desarrollando Manuel Oribe (el cual es obligado a renunciar en octubre de 1838), Rosas daba asilo al presidente caído en desgracia y con oportunismo político lo halagaba, reconociéndolo como presidente legal y nombrándolo Jefe de Vanguardia del Ejército de la Confederación Argentina, provocándose de esta manera, la insólita anomalía en que el presidente legal del Uruguay era a su vez Jefe del Ejército argentino, lo que le permitió a Oribe, en una debilidad difícil de comprender, involucrarse en las luchas internas argentinas, invadir el Estado Oriental, poner sitio a Montevideo y clavar en el Cerrito la bandera argentina.
Rosas como Oribe eran en muchos aspectos el fruto tardío -por su formación y educación- del coloniaje español. Y en el caso particular de Rosas -que no de Oribe- es de resaltar la curiosa indiferencia que había tenido ante los sucesos de Mayo de 1810, días en que permaneció en su estancia atendiendo sus intereses particulares y desentendiéndose de las luchas por la emancipación.
En el intervalo (1832-1835) entre sus dos gobiernos y ya en posesión de un ejército particular, de su propiedad, los “Colorados del Monte”, Rosas realizó la memorable campaña contra los indios pampeanos cuyas tierras, que les fueron arrebatadas, pasaron a manos de la oligarquía porteña.
Debe ser a este período de añoranza a que se refiere Martín Fierro, en que tal vez el pobre gaucho pudo pellizcar algunas cuadras de la pampa, pues la forma de reparto de estas tierras de los indios se realizó en forma absolutamente jerárquica; los generales, coroneles y los estancieros porteños se quedaron con la parte del león, dejando los pellizcos y recortes al pobrerío como ocupantes.
¿Qué derecho tiene el Sr. Eduardo Silveyra a poner en la misma bolsa a Rosas y a Artigas?
Artigas reconocía en los indios a los “señores de esta tierra” y en su correspondencia con el Gobierno de Corrientes les recordaba que los indios tienen el “principal derecho” y exigía que los pueblos de indios tuvieran representación directa en el Congreso Provincial.
Para desmitificar la salsa criolla del Sr. Silveyra le recordaré que según el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados del 10 de Setiembre de 1815, se repartía tierras con el criterio de que “...los más infelices serán los más privilegiados...En consecuencia los Negros Libres, los Sambos de esta clase, los Indios, y criollos pobres todos podrán ser agraciados en Suertes de Estancia, sin con su trabajo y hombría de bien, propenden a su felicidad y la de la Provincia...” (Art. 6º) “...Se velará por el Gobierno, el Sr. Alcalde Provincial y demás subalternos, para que los agraciados no posean más de una suerte de Estancia; podrán ser privilegiados sin embargo, los que no tengan más de una suerte de Chácara: podrán también ser agraciados los Americanos que quisiesen mudar de posesión, dejando lo que tienen a beneficio de la Provincia...” (Art. 17º).
¿Qué tiene que ver esta política social y distributiva de Artigas con lo actuado por Rosas?
En otro orden de cosas, debemos recordar que la profusa literatura nacionalista ultramontana y peronista acuñó la idea del Rosas anti-imperialista, pero esto como lo sostiene Juan José Sebreli[ii] , es un mito que sirvió de caballito de batalla a gran parte del nacionalismo ultramontano como también al propio Perón, que por otra parte contrarió su propio anti-imperialismo; sobre todo cuando no se pudo explicar la cesión a intereses petroleros norteamericanos de parte del patrimonio de YPF.
Rosas hizo una gran fortuna comerciando precisamente ligado a los ingleses y a la hora del exilio eligió a Southtampton. En materia política y diplomática dio a Inglaterra el carácter de nación más favorecida, sin que los súbditos británicos residentes en buenos Aires se vieran obligados al servicio militar. El no tratamiento igual a los residentes franceses fue uno de los causantes de la intervención francesa en el Río de la Plata.
Como se ha expresado: “...siempre hubo una amistad recíproca entre el dictador y los embajadores ingleses habitués de la corte de Manuelita o los comerciantes ingleses que hacían provechosos negocios. Los ingleses agradecieron las atenciones recibidas brindando refugio al desterrado. Recordando los privilegios de que gozaban bajo Rosas, decía Lucio V. Mansilla: “Ser inglés, verbigracia, ¡qué pichincha, entonces!”...[iii] ”
La figura de Rosas fue reivindicada por el nacionalismo conservador, pegándola a la figura de Yrigoyen y a la de Perón, y eso tiene su lógica en la Argentina, pues como muy bien se ha expresado: “...El desprestigio del sistema democrático, del parlamentarismo, del sufragio universal, y el simétrico prestigio de los dictadores en ascenso, en especial Mussolini, llevaron a la idealización de la figura de Rosas, que extrañamente, antes de tiempo, y con los límites de su época, había tenido características muy semejantes a los regímenes totalitarios del siglo XX en lo relativo al culto de la personalidad, la politización total y la manipulación de las masas. La conexión de Rosas e Yrigoyen, que abriría el camino para la posterior inclusión de Perón, tenía sus fundamentos en la supuesta lucha contra la oligarquía y el imperialismo, atribuida por los nacionalistas a ambos personajes. En los dos casos se trataba de mitos, sin ninguna base real, y hubieran asombrado a Rosas tanto como a Yrigoyen...”[iv]
Por otra parte Leandro Alem, fundador del radicalismo, tenía sin duda ciertas añoranzas rosistas pues era hijo de un mazorquero ajusticiado en 1852 luego de Monte Caseros; y las mismas evocaciones acompañaron a su sobrino, Hipólito Yrigoyen.
A esta altura creo que el Sr. Silveyra debería pensar que realmente no tuvo en cuenta una cantidad de ingredientes sustanciales en su puchero y le pido que saque de la olla a Artigas que nada tiene que ver con Rosas porque Artigas era -contrariamente a Rosas- un institucionalista.
Esto se ve claramente a lo largo de toda su trayectoria en que mantuvo la coherencia desde el primer momento: “... Mi voluntad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia Soberana...Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y ved también ahí todo el premio de mi afán...La Asamblea tantas veces anunciada, empezó ya sus funciones en Buenos Aires. Su reconocimiento nos ha sido ordenado. Resolver sobre este particular ha dado motivo a esta congregación, porque yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulneraría enormemente vuestros derechos Sagrados si pasase a resolver por mí, una materia sólo reservada a vosotros...”[v]
El periodista pues, pierde de vista el panorama más general en el que se inscriben los intereses permanentes y leoninos de Buenos Aires en detrimento de las demás provincias.
Buenos Aires para poder vencer a Artigas entregó la Banda Oriental a los portugueses en 1816. Que no llore Buenos Aires por la pérdida de algo que no supo defender y que regaló. Ahora -porque los procesos tienen componentes permanentes- parece insinuarse en el marco del MERCOSUR un problema siempre subyacente: la rivalidad portuaria.
Cuando Argentina quiso en 1827 luego de Ituzaingó, recobrar la provincia perdida, las presiones de Inglaterra a las que se sometió, llevaron a transformar la Banda Oriental en país independiente y estratégico guardia de la desembocadura de los ríos que alcanzan al corazón de la gran cuenca.
En otro orden de cosas el artículo se refiere a los imperialismos y a los anti-imperialismos, tema sobre los cuales los latinoamericanos solemos referirnos a los EE.UU. y a Inglaterra en primer lugar.
Pero, ¿qué fueron para Paraguay y para Uruguay los gobiernos de Buenos Aires y Río de Janeiro? Si juzgamos por sus tendencias geofágicas, por el carácter de sus rapiñas territoriales, no le tienen que envidiar nada a los EE.UU en relación a México ni a Inglaterra en relación al mundo. Por otra parte, tanto Buenos Aires como Río de Janeiro eran sub imperios dependientes del Imperio Británico como quedó patente en muchas instancias, siendo la más notoria la terrible y genocida guerra de la Triple Alianza, a la que nos arrastró Venancio Flores ladero de Mitre y del Brasil.
Si a Paraguay no le hubieran usurpado territorios que hoy están en manos de Argentina y Brasil (Corrientes Chaco Austral, Misiones, parte del Río Grande), y al Uruguay los territorios que legítimamente les correspondía (en Río Grande y las Misiones Orientales), hoy, ambos países (Uruguay y Paraguay) tendrían fronteras comunes, lo que hubiera aliviado en gran parte la mediterraneidad paraguaya.
En el proceso que llevó a la situación actual hubieron víctimas y victimarios. Artigas fue víctima de ambas tendencia subimperiales, y no lo podemos colocar al lado de Rosas, verdadero victimario del Paraguay al que tenía bloqueado, al que no le reconocía su independencia y al que le cerraba a su antojo el Río Paraná obstaculizando su comercio; y también victimario de Uruguay al que invadió con su ejército que -infelizmente- comandaba Oribe.
Rosas, no lo olvidemos, era tan porteño como Mitre; ambos con sus intereses colocados en ese centro de poder. Esto es tan así que luego de la batalla de Monte Caseros a principios de febrero de 1852, en la que Rosas fue vencido y sobreviene su exilio, se inicia por parte de Urquiza un proceso constitucional del que Buenos Aires se separa, coexistiendo hasta l862 dos estados separados: el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina con capital en Paraná. Y la causa de esa secesión era clarísima: la Constitución Federal de 1853 nacionalizaba la enorme renta del puerto de Buenos Aires.
Pero para oponerse a la Confederación y crear un Estado independiente, fue necesaria la unión de todos los porteños, es decir, de los antiguos rosistas mazorqueros con los unitarios
autonomistas, antiguos enemigos y víctimas de Rosas.
Se necesitó poco para ponerse de acuerdo en un célebre gran asado, durante el cual, se abrazaron Adolfo Alsina el porteño unitario autonomista, con el estanciero rosista Torres y otros prominentes rurales -unitarios y ex mazorqueros- de la época, todo bendecido por el gremio de terratenientes y saladeristas, porque detrás de todo estaban los intereses oligárquicos de Buenos Aires, que no de la Argentina.
Poco después sobreviene el tiempo del Martín Fierro y la idealización de un gaucho estereotipado, como el protagonista de la obra de José Hernández Pueyrredón, convertido luego en peón de estancia arrastrado mansamente por sus patrones.
Es de notar como se mantienen en Buenos Aires ciertos estereotipos. Por ejemplo en la historieta “Patoruzu”, el protagonista es un indio estanciero (sin duda con estancia imaginativamente no rapiñada en las dos campañas del desierto, la de Juan Manuel de Rosas y la posterior de Julio Argentino Roca), que posee un gran altruismo (idealización de lo indígena), al punto de apadrinar a un típico “play boy” porteño, frívolo y egoísta (Isidoro Cañones). Sin duda el autor no revisó el catastro nacional para ver de quienes es la tierra en Argentina.
A veces dudo del modo en que se enseña la Historia en ese país; cuando se movilizaron los piqueteros de Gualeguaychú, enarbolaron -para todos los televidentes- la bandera de Artigas con una leyenda en que se leía: “Artigas – Ramírez”; es decir el Jefe de la Liga Federal y el caudillo que lo traicionó y persiguió por cuenta de Buenos Aires hasta la frontera del Paraguay obligándolo a refugiarse en él.
La separación de Argentina en dos Estados luego de la guerra contra Rosas, terminó cuando la economía de la Confederación Argentina comenzó a resentirse y se produjo la guerra resuelta en dos batallas. En la primera, Cepeda (1859), la caballería de de Urquiza arrolló al ejército de Buenos Aires comandado por Bartolomé Mitre a quien ayudaba Venancio Flores que revistaba en el ejército porteño; y aunque Urquiza venció no entró en la ciudad de Buenos Aires. En la segunda, Pavón (1861), también Urquiza vencía pero inesperadamente se retiró de la batalla -en un hecho que algunos consideraron traición- dejando el campo libre a Mitre que se consideró vencedor.
Será el momento en que Buenos Aires entrará en la Confederación pero sin nacionalizar las rentas del puerto de Buenos Aires, hasta que por fin en 1880 se convertiría en la capital del Estado Federal, en un proceso contradictorio y claramente mediatizador del federalismo. Recordemos que Artigas en el Artículo 19º de las Instrucciones de 1813, había fijado expresamente una pertinente condición: “...Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas...”
Inmediatamente de tener Mitre la sartén por el mango en la debilitada Confederación en que Urquiza había cedido el poder -para muchos en forma oscura y vergonzante- comenzó la gran conspiración contra el gobierno de Berro, para lo cual Mitre utilizó a Flores al mismo tiempo que promovía su acercamiento con el gobierno Imperial del Brasil -el Barón de Mauá abriría una sucursal de su banco en Rosario- estableciendo situaciones propicias para la invasión del Uruguay por parte del inicuo caudillo que tenía atrás la ayuda del gobierno de Mitre, del Imperio del Brasil, y de la Iglesia católica.
Vencido el Gobierno Oriental luego de la toma de Paysandú y del asesinato de sus bravos defensores encabezados por Leandro Gómez, se iniciaba el gobierno de facto de Flores como Gobernador y llegaba el momento de devolver favores, debiendo obligatoriamente el gobierno uruguayo firmar el imperialista pacto de la Triple Alianza contra la República del Paraguay a la que no perdonaban su próspera independencia, y a la que vencieron aunque les costó cinco años de resistencia heroica que culminó con el repelente genocidio de unos batallones integrados por jóvenes adolescentes, casi niños, en la batalla final de Cerro Corá.
Guerra que Mitre no pudo desarrollar con eficiencia porque tuvo que enfrentar levantamientos internos de caudillos federales que no se conformaban con el dominio inicuo de Buenos Aires. Tal los levantamientos de José Vicente Peñaloza (el “Chacho”), y de Felipe Varela en el noroeste y las derivaciones posteriores, como el asesinato de Flores (1868) y de Urquiza (1870), este último llevado a cabo por federales entrerrianos; hecho al que no fue ajeno Ricardo López Jordan.
Así fue que se gestaron las actuales asimetrías del MERCOSUR.
Luego de lo que antecede creo que el Sr. Silveyra debería rever su artículo empezando por la clasificación que hace de los protagonistas.
En primer lugar, Artigas -como Mariano Moreno- era un liberal radical, un jacobino; yo diría lo opuesto en su ideología a Juan Manuel de Rosas, a Hipólito Yrigoyen, a Juan Domingo Perón y a Luis Alberto de Herrera, quienes se mantuvieron permanentemente alentados por un nacionalismo conservador y también ultra católico que en la década de los 20 y con mayor intensidad en la de los 30, se volvió fascistizante, lo que quedó claro durante los años de la última guerra mundial y en los de la posguerra.
El Señor Silveyra expresa en un pasaje de su artículo con respecto al candidato a Presidente: “...Luis Alberto de Herrera a quien Mujica reconoce como a uno de sus maestros...” Pues bien; nadie desconoce las afecciones del caudillo nacionalista por las tendencias fascistas. Todavía en 1942, a través de “El Debate”, Herrera defendía a Francisco Franco, y desde el principio de su vida política denostaba a la Revolución Francesa y a los revolucionarios -entre los cuales subyacentemente también Artigas- que habían seguido los pasos de la misma.
En su libro “La Revolución Francesa y Sudamérica”[vi] , dejó expresado cuales eran sus convicciones y sus sentimientos: “...Nuestros jacobinos de la primera época no les van en zaga a sus maestros, los del extranjero. También ellos se juzgaron siempre instrumentos de una misión providencial, llamados a ser salvadores de los pueblos. Evocando ese lema, proclamándose rehabilitadores del derecho, ellos hicieron vilipendio de las naciones que gobernaron como grandes estancias, “parando rodeo” a los vecinos despavoridos. Nunca faltó a su lado una hoja periódica que repitiera, con cargada fraseología el estribillo clásico del jacobinismo francés...También la América del Sur ha derramado torrentes de sangre en homenaje al Contrato Social que, si en manos de espíritus sensatos fue palanca ocasional de reparación humana, explotado por la plebe dictadora, en el seno de la nación, sirvió de pretexto a los más feroces atentados que registra la historia moderna...”[vii]
Esas son algunas de las concepciones que nos legó el Dr. Luis Alberto de Herrera que, por lo que expresa en su artículo el Sr. Eduardo Silveyra y según su versión, habría sido uno de los maestros o mentores de Mujica.
Sería muy importante y aclaratorio para el electorado frenteamplista saber cual es la opinión del propio Mujica sobre el artículo del Sr. Silveyra.
Por desgracia para los que quieren y sienten la necesidad de olvidar el pasado, existen los historiadores, cuya más tonificante característica es tener los ojos en la nuca, porque así se lo demanda su oficio; pero esa cualidad es la que a su vez le permite intentar interpretar el presente sin utilizar la historia para fines políticos inmediatos.
Me preocupa porque no es positivo para el clima de campañas electorales escritos poco serios y de este jaez; entre otras cosas porque no creo que el Frente Amplio, ni ningún partido de nuestro país, tenga nada que aprender del movimientismo argentino ni del estilo de hacer política en la República hermana; y menos del peronismo.
* Prof. Mag.- Historia Contemporánea FH y CE
y en Ciencias de la Comunicación
(UDELAR)
[i] Juan José Sebreli, “Crítica de las ideas políticas argentinas”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004.
[ii] En Ob. Cit.
[iii] Ibídem, pág. 168
[iv] Ibídem, pág. 152-153
[v] Discurso inaugural del Congreso Provincial de 1813
[vi] Luis Alberto de Herrera, “La Revolución Francesa y Sudamérica”, París, Garnier, MCMX
[vii] Ibídem, pág. 57
Polémica
Con la verdad, no
se ofende, ni se teme
por Eduardo Silveyra
No hay lugar desde el cual sea falsea más la historia, que desde el ámbito oficial, la misma comienza en la escuela y atraviesa todos los ciclos de enseñanza. A ese lugar de la oficialidad, instituido desde el poder, pertenece el profesor universitario Dotta Ostria. Para obrar con prudencia, creo conveniente dejar a un costado los momentos electorales, que se viven en ambas orillas y que en lo relacionado a Uruguay podría marcar un hito casi inédito, de la mano de José Mujica. Quitar una a una las máscaras con que Dotta Ostria, cubrió a la verdadera historia, es una tarea que ya hemos emprendido muchas veces, el ejercito de falsarios es enorme.
El discurso de Dotta Ostria más allá del abordaje histórico que se merece, bien podría ser analizado desde el psicoanálisis lacaniano, en aquello de que el inconsciente es el discurso del otro. Es decir que el inconsciente es el Otro. Esto viene a cuento por la manera en que descalifica el señor D. Ostria. Esperamos que está vez analice y entienda lo que lee.
La primera falsedad en la que incurre Dotta Ostria, hace al papel de tergiversación de la historia llevada a cabo por la dictadura, en la que según él, se trataba de inducir a revisionismos interesados. Las dictaduras militares sólo entablan una relación con la historia, a través de la producción patriótica, basada en lo simbólico, sin ir más allá de cualquier análisis profundo. Entre los íconos de la simbología usada por la última dictadura militar argentina, no figuraba Juan Manuel de Rosas y si Sarmiento, su detractor.
Vale aclararle al Sr. Dotta Ostria, que las dictaduras que gobernaron durante esos años oscuros y terribles, fueron instrumentadas desde los EE.UU. y estaban enmarcadas dentro de la política de aniquilamiento de los movimientos nacionales y populares, y también por la imposición de las políticas económicas genocidas de corte liberal, que abrumaron a la región.
Este plan de exterminio cimentado en la desaparición de personas, conocido como Plan Cóndor, se cobró la vida de 30.000 desaparecidos en la Argentina. La mayoría de ellos pertenecientes a encuadramientos peronistas, como Juventud Peronista, Juventud Trabajadora Peronista, Montoneros y otros militantes del campo nacional y popular, que nada tenían que ver con el nacionalismo católico y ultramontano al que hace referencia el Sr. Dotta y sí, comprometidos con la Teología de la Liberación, vale recordar que el Padre Carlos Mujica, militante del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, claramente identificado con la Corriente Opción por los Pobres y colaborador del Movimiento Villero Peronista, fue asesinado por la banda de sicarios de la AAA y tanto curas, como monjas o laicos vinculados al peronismo, fueron asesinados o desaparecidos, durante la dictadura más sangrienta que sufriera el pueblo argentino. Dictadura alentada entre otros, por el Partido Comunista pro soviético y la masonería argentina.
Esto viene a cuento de las antojadizas y malintencionadas vinculaciones que el profesor Dotta, le adjudica al peronismo, con organizaciones colonialistas como la OAS, ejercito paramilitar de las fuerzas de ocupación francesa en Argelia. Es obvio decirlo, pero tal vez D. Ostria no lo recuerde o tal vez lo oculte arteramente, que Juan Perón, junto a Tito, Nasser y Mao Ze Dong, fue uno de los impulsores del Movimiento de Países No Alineados, que trataban de quebrar la lógica de la bipolaridad, establecida entre la URSS y los EE.UU. y acordada tras los acuerdos de Yalta, Postdam y Teherán. Sirve recordar el último discurso público de Ernesto Guevara en Argelia, en 1965, acusando a los países de la orbita soviética, de ser cómplices de la instrumentación de políticas imperialistas.
Para continuar con sus disparatados comentarios, Dotta Ostria descontextualiza una parte de mi discurso y lo presenta como un galimatías de difícil comprensión. La referencia a Mujica y al conductor venía de la mano de un razonamiento de Antonio Gramsci que representa al condotiero, como aquel capaz de actuar como una fantasía concreta sobre un pueblo pulverizado y suscitar y organizar su voluntad colectiva.
Si Artigas, no hubiera actuado sobre la conciencia de un pueblo disperso, nunca podría haber sido el conductor de un proyecto político y jamás habría existido el Éxodo del Pueblo Oriental, ni jamás hubiera sido el Protector de los Pueblos Libres. La Provincia Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, se encontraban bajo su protectorado, frente a las políticas de desintegración impulsadas desde Buenos Aires por oligarcas y jacobinos; en ese sentido Artigas hasta podría llegar a considerarse como el primer presidente de los argentinos.
A los bandos que representaban Sarratea y Mariano Moreno imbuidos de jacobinismo liberal, y librecambista, solo les importaban los puertos de Buenos Aires y Montevideo. Buenos Aires como centro comercial y Montevideo como centro financiero.
Sigamos con los dislates que el profesor Dotta Ostria, nos provee generosamente a lo largo de su escrito, en el que también se adjudica la pretensión de alertar a la juventud acerca de los peligros del peronismo. En su acendrado gorilismo de izquierda sebrelliana, habla del marcado acento xenófobo del movimiento peronista y de la contradicción de Juan Perón al término de la Segunda Guerra Mundial al cobijar amorosamente, según sus palabras a inmigrantes nazis, croatas y de otras etnias, que con apellidos falsos y pasaportes del Vaticano, llegaron a las playas argentinas. Habría que preguntarle a Dotta Ostria si en las “otras etnias” comprende él, a los miles de judíos que llegaron a la Argentina durante el primer y el segundo gobierno peronista, constituyendo la inmigración más grande de judíos que tuviera la Argentina en el siglo XX.
Es tanta la aversión que profesa el profesor Ostria hacia la figura del caudillo o conductor y el significante que este tiene en el criollo de estas tierras, que menosprecia cualquier construcción que se de desde lo nacional y popular, de esa manera arremete contra el gaucho Martín Fierro y contra su autor José Hernández, al que sitúa como un oligarca terrateniente, olvidando la defensa que este hiciera de Leandro Gómez y que su hermano Rafael Hernández combatiera junto al caudillo oriental, en el sitio de Paysandú, del que habla Dotta, como una gesta antiimperialista. Siguiendo un razonamiento de marxismo de manual, condena a José Hernández por el solo hecho de ser estanciero.
A esta altura cabe preguntarse el porqué, del maniqueísmo del profesor Dotta Ostria, que pretendiendo dar a Rosas un papel de súbdito del imperio lo pone firmando tratados con la corona británica que nunca firmó, ya que el gobierno era ejercido por un cipayo como Rivadavia, es bueno aclarar esto ya que Dotta Ostria es profesor universitario.
El 20 de noviembre de 1845, se da otra batalla antiimperialista en el Combate de la Vuelta de Obligado contra la escuadra anglo francesa con Rosas en el gobierno. Las intenciones no solo eran la de la libre navegación de los ríos, iban más allá de ese propósito. Es importante lo que señala Abelardo Ramos:
Los ingleses planeaban en su correspondencia diplomática la balcanización, como lo demuestran las investigaciones contemporáneas en los archivos del Foreing Office. Un agente británico escribía a Londres:
El reconocimiento del Paraguay; conjuntamente con el posible reconocimiento de Corrientes y Entre Ríos, y su erección en estados independientes aseguraría la navegación del Paraná y del Uruguay. Podría así evitarse la dificultad de insistir sobre la libre navegación que nosotros hemos rechazado en el caso del río San Lorenzo.
Y concluye Abelardo Ramos, el cinismo de esos caballeros no dejaba nada que desear.
Esto explica claramente el porqué del no reconocimiento de la independencia del Paraguay y por otro lado la guerra que se entabla con Bolivia tiene sus razones, en que el presidente Santa Cruz tenía una política anexionista con respecto a las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán.
El profesor Dotta Ostria en su texto, apunta que hasta el imperio de Brasil reconocía formalmente a la República del Paraguay a comienzos del gobierno de Carlos Antonio López y arriesga luego una hipótesis contra factual en la que sostiene que no era muy distinta la política de Rosas y la que tendrá Mitre para con los guaraníes. Lo único históricamente comprobable es que fue Mitre y no Rosas quien junto a Venancio Flores y el imperio del Brasil, encabezó la guerra de la Triple Alianza contra la hermana república guaraní. Por otra parte como el profesor Dotta no debe desconocer, la historia abunda en ejemplos de países que reconocen mutuamente sus gobiernos, hasta cinco segundos antes de iniciarse las hostilidades. Sería bueno que el esmerado docente Dotta leyera La dialéctica del amo y el esclavo en Hegel, de Alexander Kojeve, lo ayudaría a comprender los ciclos históricos.
Otra de las falacias que el crispado profesor Dotta nos quiere hacer creer, es cuando se refiere a Rosas y su campaña contra los indios, que en realidad fue una campaña contra la “industria del malón” llevada a cabo por bandas de contrabandistas e indios chilenos que robaban ganado para venderlo después en Chile. Las burdas mentiras con que tergiversa la historia son fáciles de rebatir. Veamos lo que dicen los indios supuestamente escarnecidos por Juan Manuel de Rosas y la banda de ganaderos amigos.
Juan Catriel
“Juan Manuel es mi amigo. Nunca me he engañado. Yo y todos mis indios moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien...” (Discurso del cacique pampa CATRIEL en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al poder en su segundo gobierno. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA. Bs. As. 1975.)
Cipriano Catriel
“Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos”. (Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro “Roca y Tejedor” de Julio A. Costa.
Cacique Nicasio
Que él había acompañado en cinco campañas a Juan Manuel y que siempre había de morir por él porque Juan Manuel era su hermano y el padre de todos los pobres” (Parte del discurso del Cacique Nicasio en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al gobierno por segunda vez. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833”. Recopilado por Adolfo Garretón. Edit. EUDEBA.)
Debería recordar el profesor Ostria que también Artigas, cuando formó parte del cuerpo de Blandengues fue enviado a combatir a los indios en los territorios en que éstos, unidos a bandas de contrabandistas, se dedicaban al contrabando y al cuatrerismo.
Exmo Sr.
El Ayudante Mayor del Cuerpo de Blandengues Don Josef Artigas, comisionado con una partida de Tropa a la persecución de indios Charruas y malhechores en los campos de esta parte oriental del Río de la Plata, me dice con fecha de 30 de Septiembre próximo pasado…que con 30 hombres saliese al mismo tiempo que yo avanzace la Baquería que estaban haciendo a recoger la cavallada, advirtiendolé, que no hiciese, ni menos su tropa, fuego a ninguno, a no ser que hiciesen Armas, o no quisiesen entregarse, siendo yá claro hemos, abanzado como havía dispuesto, haviendo apresado cincuenta y siete Indios y quatro chinas, una de estas heridas, y otra criatura que hacen el número de Sesenta y una Pieza, haviendo muerto algunos deestos por resistirse a no querer entregarse.
Archivo Artigas tomo 2°, página 377. Editado en Montevideo por la Comisión Nacional Archivo Artigas en el año MCMLI
La política de alianzas con los indios, son las que establecen más tarde la lealtad que tendrán tanto a Artigas como a Rosas. La lógica sarmientina ubico a ambos caudillos del lado de la barbarie, junto a Quiroga y otros caudillos federales, en una lógica también de índole perversa, Dotta Ostria pretende un Artigas despersonalizado de su verdadera ideología y se esfuerza en arrearlo hacia sus equivocas ideas. ¿Es ese el papel de un historiador?.
Artigas se educó con los franciscanos, orden a la que su familia pertenecía, ya que formaban parte de la Tercera Orden Franciscana o sea laicos que siguen los carismas de dicha orden.
El humanismo de Artigas poco tenía que ver con las ideas jacobinas, en las primeras escuelas con población indígena, una de las primeras preocupaciones del prócer, era la enseñanza religiosa. Como hizo al dar instrucciones de catequizar a los cuatrocientos indios abipones a los que estableció en territorio oriental y que habían sido enviados por el gobierno de Corrientes, pues estos eran resistidos por los criollos.
Cuando José Artigas le dice al pueblo oriental: Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana, conceptualiza una premisa franciscana, en el que la voz del pueblo es también la voz de Dios. Ideas éstas muy alejadas de las de la Ilustración, que eran moda entre los doctores de los puertos de Montevideo y Buenos Aires.
El capitalismo artiguista estaba ligado al sistema de producción, de economías regionales integradas heredado de los españoles, el mismo que después fue destruido por el Imperio Británico. El capitalismo criollo de Rosas también estaba ligado a ese sistema, pero las complejidades que debió enfrentar, a veces lo llevaron a tener algunas actitudes que hoy se nos muestran como contradictorias. En lo que no hay duda, es que la lucha de Artigas, Rosas y Oribe está enmarcada históricamente en los inicios de los movimientos nacionales y populares de liberación y a la construcción de un proyecto de liberación desde lo nuestro.
Lo que extraña es que aun haya alguien como Dotta, que defienda tan a ultranza a La Revolución Francesa, de la que, sin ningún tipo de documentación ad hoc, afirma que Artigas fue un ciego seguidor. Sirven para explicarla, las mismas palabras de Luis Alberto de Herrera, que cita Dotta Ostria, a las que habría que agregar, que fue una revolución liberal y burguesa, que estableció el sujeto social de ciudadano, pero que nada hizo para mejorar la situación social de los sans culotes, a los cuales supo instrumentar previamente en su provecho. Napoleón I propalador y heredero de los ideales liberales de dicha revolución, reprimió los movimientos independentistas en Haiti, capitaneados por los patriotas Dessalines y Toussaint Louverture, de la mano del general Leclerc.
Otras de las particularidades de la revolución, es que fue financiada con las exacciones coloniales en Santo Domingo, a la sazón uno de los puntos comerciales más ricos del planeta.
Para clarificarle al docto escriba Dotta Ostria, que los hombres a lo largo de su vida, desempeñan diferentes papeles, corresponde citar las unas palabras de Eduardo Víctor Haedo, en relación algunos insignes hombres de la causa nacional y popular.
Saravia, Herrera, el Che, guerrilleros de alma, más útiles muertos que vivos a la causa de la liberación. Esta demostración impresionante, hecha por el héroe de las juventudes revolucionarias de América, a las nuevas generaciones la perspectiva adecuada para descubrir en el Che, en Herrera, en Saravia, en Artigas, la ascendencia de sus personalidades generosas, el rumbo cierto de una revolución auténticamente americana.
Voy a dejar de lado cierto análisis de historieta que realiza Dotta Ostia, en una pretendida interpretación lúcida de una parte de la historia argentina, para no situarlo en el campo del historietista, lugar al que se esfuerza en pertenecer con su discurso enfático de zonceras. Y también apartar de estos asuntos a esos energúmenos de Gualeguaychú y a la zonza pelea de gobernantes, porque como dijera el intendente de Colón Hugo Marsó, al inaugurar el primer Parque Binacional con la heroica Paysandú, la hermandad de los pueblos esta por encima de los gobiernos.
Eduardo Silveyra
Periodista/Escritor/Argentina
Fuentes:
Jorge Abelardo Ramos, Revolución y Contra Revolución en la Argentina. Las Masas y las Lanzas. Editor: Honorable Senado de la Nación Argentina. 2006.
Enrique M. Barba y Julio Irazusta. Rosas y los intereses británicos en la Argentina. De la Anarquía a la Organización Nacional. Historia Integral de la Argentina. Tomo 2 Ed: Centro Editor de América Latina. 1974.
Vivían Trías, El imperio Británico en la Cuenca del Plata tomo 2. Ed: Ediciones de la Banda Oriental 1988.
Antonio Gramsci, La Política y el Estado Moderno. Ed. Premia Editora. La red de Jonas, 1990.
Mario Cayota. Artigas y su Derrota: ¿Frustación o Desafio? Ed: Taurus. 2007.
Eduardo Víctor Haedo, HERRERA Caudillo Oriental. Ed: Arca. 1969.
Ernesto Goldar, La Descolonización Ideológica. Ed: A. Peña Lillo. 1973.
(Candidatura de José Mujica)
Fin de una polémica
Profesor Mario Dotta Ostria
Al leer la respuesta a mi artículo criticando el del señor Eduardo Silveyra del 20 de enero sobre la candidatura de José Mujica, pensé dos veces ante de decidirme a contestar. La respuesta que el señor Silveyra dio a mi crítica constituye una retahíla de insultos sin substancia, y de contenido menor, propio de la persona que carece de gallardía y de fina ironía, características de las personas educadas y acostumbradas al sano intercambio de opiniones.
Me hacía la impresión, al leer esta respuesta Silveyra, de estar escuchando el rugido de un león herido; luego, releyéndolo con más atención, me di cuenta que lo que había escuchado era el maullido de un gato.
Luego de considerar la situación me di cuenta que no podía entablar una polémica con una persona de corte religioso ya que entraríamos en el terreno de lo irracional; y no digo religioso sólo por su catolicismo; para el señor Silveyra la política también es una religión, donde los personajes históricos son santos, ángeles, arcángeles o demonios y todo lo que se parezca a una versión contraria a lo que él piensa y siente, es rechazado con anatemas, ya que la característica del ser religioso es también el de ser intolerante, el de ser fanático. Yo confieso que he tratado siempre de no enamorarme de ningún personaje histórico porque la vida nos muestra a cada momento lo lábil de esa posición. Naturalmente que, a lo largo de los años, se pueden lograr las grandes síntesis y llegar a tener opinión sobre los personajes históricos; entre otras cosas porque no creo en la Historia aséptica y anodina, cuyos resultados no son ni chicha ni limonada; no creo en esos ensayos que creen haber hallado la objetividad, ya que la misma, es sólo una meta utópica a la cual hay que tender y nunca se puede alcanzar.
Quiero expresarle al señor Silveyra que luego de esta respuesta no voy a continuar la polémica, y si quiere él hacerlo no voy a contestar, ya que en este baile entreverado de afirmaciones que revelan lecturas, pero sobre todo, que delatan claramente en el señor Silveyra, conceptos prendidos con alfileres, sin reflexiones ni dudas, con un estilo propio de los predicadores fanáticos, generarían la confusión propia de los desniveles existentes entre mi persona y la del señor Silveyra; y no hablo de niveles en conocimiento de los temas, que sí existen; sino los referidos a la educación en los que se delata un abismo. Y ahora voy a lo concreto de mi respuesta al señor Silveyra:
Sobre los curas que lucharon contra la dictadura vaya toda mi admiración y mi indignación por las violaciones a los derechos humanos; a quien tiene en su familia un torturado o un preso no tiene otro camino que la verdad y la justicia, y yo por desgracia, que no es un mérito, me encuentro en esta situación; pero no todos los curas fueron como el padre Mujica, sino que también estuvieron los Von Wernick, capellanes torturadores, obispos complacientes con los dictadores. Argentina -aparte de no haber separado nunca la Iglesia y del Estado- tiene el contrapeso de haber sido elegida por el Vaticano en la década infame de los 30, posiblemente por su acendrado catolicismo, para realizar allí el Congreso Eucarístico, recordando que tal hecho coincidía con el gobierno de Mussolini que muy bien se llevaba con el Vaticano luego del Tratado de Letrán en 1929, y la campaña de la Iglesia contra la República Española. A esa Italia fue el Gral. Perón a perfeccionar su carrera militar, formación que también fue política; y recuerdo que la creación de la Triple A, a la cual se le deben muchos muertos y torturados, tiene su nacimiento en el entorno íntimo del Gral. Perón, quien eligió entre sus más cercanos colaboradores al Sr. López Rega. Fue precisamente en épocas del Congreso Eucarístico -durante la década infame- que se dio forma al Obispado militar del que dependían los capellanes de las diferentes unidades. Posiblemente mi visión responda a que mi educación se realizó en un país verdaderamente laico, donde el ejército no tiene capellanes; eso no impide mi amistad con católicos -que las tengo- aunque no por ello me pueda olvidar de la Inquisición ni de las innumerables veces que en todos los países donde tuvo injerencia la Iglesia católica, ésta manifestara la clara intención de oponerse al libre pensamiento y a violentar y controlar las conciencias, imponiendo su sentido de lo moral, algunas veces hipócrita, ocultando, bajo una forma pacata, sus apetencias terrenales.
Con respecto a los jacobinos, los condotieros y Antonio Gramsci, le diré que lejos estaba Gramsci de admirar caudillos y condotieros; y por ello sostenía que “…El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político…”1
Y aclara: “…Las razones de los sucesivos fracasos de las tentativas de crear una voluntad colectiva nacional popular hay que buscarla en la existencia de determinados grupos sociales que se forman con la disolución de la burguesía comunal, en el carácter particular de otros grupos que reflejan la función internacional de Italia como sede de la Iglesia del Sacro Imperio Romano. Esta función interna que puede denominarse “económica-corporativa”, es decir, políticamente, la peor de las formas de la sociedad feudal, la forma menos progresiva y la más estancada. Faltó siempre, y no podía constituirse, una fuerza jacobina eficiente, precisamente la fuerza que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional popular fundando los Estados modernos…”2
Por otra parte no podemos olvidar que Maquiavelo, tan denostado en su tiempo por las fuerzas más reaccionarias -en particular por la Iglesia Católica que siempre rechazó la unidad de Italia- fue reivindicado calurosamente en el siglo XVIII por Rousseau, y por los jacobinos durante y después de la Revolución Francesa que tuvo su influencia en toda la emancipación de América Latina.
El tema de historia comparada Artigas-Rosas. El señor Silveyra, posiblemente ocupado en elegir insultos, no contestó una palabra sobre las políticas agrarias de uno y otro. No voy a repetir como Artigas repartía las tierras puesto que ya lo dije basado en la documentación pertinente; pero voy a agregar que las tierras eran confiscadas a “…Los malos europeos y peores americanos y a los emigrados de la provincia…”, medida de corte jacobino de premio para los patriotas y de castigo a los enemigos externos e internos de la revolución; y nunca pensó en anexar la tierra de los naturales. Le sugiero al señor Silveyra que revise los Decretos de Ventoso, presentados en la Convención francesa en febrero- marzo de 1794, por el jacobino Saint-Just y se llevará una gran sorpresa sobre el aire de familia que tienen estos decretos con el Reglamento de Artigas. El que Artigas no haya sido sanguinario como Robespierre lo honra, cosa que no sucede con Rosas. El señor Silveyra no me dice como Rosas realizó el reparto de tierras luego de su campaña del desierto, y no me dice nada ni me impresionan las cartas de Catriel; son propias de la sumisión de estilo feudal en lo de patriarcal, propio de personas que se encuentran en posición inferior a la de su señor; pero no resuman realmente igualdad ni equidad de parte de quien la recibió, sino que es una muestra de la relación entre el caudillo y sus subordinados, típica de algunos populismos.
Tema Sarratea, jacobino como Moreno: no merece comentario pues muestra incapacidad para diferenciar hasta los matices, en dos personajes muy diferentes.
Tema judíos – nazis – Perón: El Gral. Perón se diferenciaba del señor Silveyra por una mayor perspicacia política; porque no es lo mismo una inmigración de perseguidos por la dictaduras terroristas nazi y fascista, a las que no podía negar asilo por la imagen negativa que hubiera generado universalmente de la Argentina, que dar acogida a criminales de guerra, requeridos por tribunales internacionales, como puede rastrearse hasta territorialmente en la Argentina, incluyendo Bariloche.
Tema Artigas y los indios; y Rosas y los indios: Es cierto que Artigas como Blandengue persiguió el contrabando que conocía bien pues en su juventud -época del monopolio español- la llegó a practicar; pero nunca hizo la guerra a los indios como la hizo Rosas en la Argentina a fuer de combatir el contrabando y el malón; o como la ominosa campaña contra los indios de Fructuoso Rivera en el Uruguay que culmina trágicamente en Salsipuedes. Lo real era que a los estancieros les perturbaba las tolderías y la integridad de sus rebaños; y no me dice el señor Silveyra como repartió las tierras Rosas, con las que, la mayor parte los estancieros de Buenos Aires, agrandaron sus campos, por lo que tengo que recordárselo: a los soldados se les donaron parcelas de gracia en las fronteras del desierto para que sirvieran de colchón a los malones, que eran respuesta a la rapiña de los acaparadores de tierras, que hicieron de lo que era la patria de los indios y su hábitat, el disfrute de la oligarquía vacuna.
Tema Artígas franciscano y católico. Con respecto a eso, es cierto que Artigas fue educado en la escuela franciscana de Montevideo; pero hay que decir también que precisamente esa Orden, estaba cribada por el pensamiento de los filósofos y el de los jacobinos; basta recordar al padre Cayetano Rodríguez en cuya biblioteca Mariano Moreno mamaba esas ideologías. Y que eran franciscanos los curas echados de Montevideo, por el gobierno español, durante el sitio de esa ciudad. Si los franciscanos influyeron en Artigas, lo hicieron en las fuentes de las más modernas ideas, entre ellas el jacobinismo, de las cuales hay claros rastros en la ideología del prócer, de lo que voy a transcribir tres ejemplos:
1)El 24 de enero de 1812 desde el Campamento del Salto Chico, en Oficio de respuesta al Gobierno de Buenos Aires que le pedía que licenciara la tropa por imposibilidad de pagar los sueldos, Artigas expresaba: “…Reducida la oficialidad a un número preciso, suprimidos algunos empleos civiles y militares, moderados los sueldos, y quitado el exceso en todo, no hallo un arbitrio que proponer a V.E. para el ahorro y economía de los fondos públicos, en cumplimiento del Oficio del 20 de diciembre último. Pero si el aumentar esos fondos es un verdadero equivalente a su ahorro, yo en las rentas eclesiásticas y en una parte de los bienes de nuestros enemigos hallo el mejor medio que puede adoptarse. La multitud de conventos, iglesias parroquiales y capillas servidas por un número exorbitante de ministros, absorben la más gran parte del numerario que circula en los pueblos…me parece que se daría lo bastante al deber respetable que nos impone la política religiosa asignando a cada corporación o individuo eclesiástico una renta, en obsequio del nuevo sistema, o por la obligación de contribuir como ciudadanos a la salud de la patria con lo que ella más necesita, al menos lo bastante para su subsistencia…si los eclesiásticos no son extranjeros en nuestro país, deben concurrir a una felicidad que es también trascendental para ellos…En los bienes de nuestros enemigos me parece se considerarán como tales aquellos que se dejan ver entre nosotros, vestidos se la mayor indiferencia respecto de nuestra mala o buena suerte, y en tal caso nada es más racional que una imposición según sus haberes para que cada uno haga por medio del dinero, dando el sueldo a uno o dos soldados, lo que debiera hacer personalmente, concurriendo a la consolidación del sistema…3 Así pues, la incautación de las rentas del clero y de los bienes de los enemigos eran medidas tomadas de similares de la Revolución Francesa; el premio a los patriotas y el castigo a los enemigos, y aún a los indiferentes, medida propia del radicalismo francés, que se ahondará más en el Reglamento agrario del 10 de setiembre de 1815; eran todas medidas claramente jacobinas.
2) En las Instrucciones del Año XIII para los Diputados orientales delegados a la Asamblea Constituyente de 1813 en Buenos Aires, en el Artº 3 se expresa “…Promoverá la Libertad civil y Religiosa en toda su extensión imaginable…”, único texto de los tres conocidos firmado de puño y letra de José Artigas; los otros dos, los de Santo Domingo de Soriano y los de Santa Fe, expresan que la religión del Estado será la Católica Apostólica Romana. Como oriental estoy orgulloso que nuestro principal prócer haya sido respetuoso de la laicidad; porque este Artículo de las Instrucciones fue en nuestro país, indudablemente, la primera medida de respeto a la libertad de conciencia y a la laicidad.
3) En oportunidad en que el Provisor eclesiástico de Buenos Aires nombrara curas para ejercer en las parroquias de la Banda Oriental, sin consultar a las autoridades civiles de la provincia, de acuerdo a la facultad del patronato, Artigas, informaba al Cabildo Gobernador de Montevideo en Oficio del 25 de noviembre de 1815 lo siguiente: “…Después que el Gobierno de Buenos Aires ha apurado todos sus recursos por nuestro aniquilamiento, nada merece de nosotros sino la indignación. Cuando se le invitó a un razonable convenio, despreció nuestra generosidad, y ratificando sus perversas ideas, lo sacrificó todo a su perversa ambición. A pesar de los desengaños no desiste de la empresa, y apura sus afanes por realizarla. Al efecto incluyo a VS. en copia la carta, que me remite el Señor Cura y Vicario General Don Dámaso Larrañaga del Señor Provisor de Buenos Aires. Aquel Pastor de la Iglesia si hubiera sido más celoso de las almas hubiera conservado la autoridad, que en atención a las presentes circunstancias le pedí: y me concedió en junio del presente año, nombrando al Presbítero Don Dámaso Larrañaga para decidir en todos los casos. Acaso aquel Provisor pretendió triunfar de la ignorancia con sus excomuniones, y fijar sobre esta base espiritual sus miras a lo temporal. VS. no ignora el influjo de los Curas, y cuanto por ese medio adelantó Buenos Aires para entronizar su despotismo, y además para fomentar sus fondos con las rentas eclesiásticas, que debían recibir de estos Pueblos con notable detrimento de ellos mismos. Si ese es su objeto claudica la autoridad espiritual, y el Sor. Provisor debiera ser más escrupuloso para no desunir el santuario, y el Estado: y si no lo es ¿por qué pretende una reiteración degradante, que nunca debió creerla necesaria después de sus facultades concedidas? ¿O juzga el Señor Provisor que aún vive la América en tiniebla, y que la Banda Oriental es juguete de sus pasiones? Empiécelo a experimentar en sus efectos: En seguida pasa VS. orden inmediatamente que los Curas recientemente venidos de Buenos Aires, Peña el de San José, Gomensoro el de Canelones, Jiménez el de Minas, El Guardián de Montevideo el Presbítero Peralta, y el Padre Riso dejen sus prebendas, y se marchen a mudar inmediatamente a Buenos Aires. VS. proponga algunos Sacerdotes Patricios, si los hay para llenar esos Ministerios, y si no los hay esperaremos que vengan, y si no vienen acaso sin ellos seremos doblemente felices. Reencargo a VS. la ejecución de esta medida, que creo necesaria para asegurar nuestra Libertad. Tengo la honra de saludar a VS. con todo mi afecto. Cuartel General, 25 Noviembre 1815. José Artigas …”4
Un nuevo personaje, Eduardo Víctor Haedo, para la galería del señor Silveyra. Le diré que en la misma línea de Luis Alberto de Herrera, que era el líder del partido que el señor Haedo integraba, a ambos, les cupo el triste papel de apoyar al nazi-fascismo y al falangismo español además de estimular el golpe de Estado que, el 31 de marzo de 1933, dio el Dr, Gabriel Terra, pasando de presidente a dictador, golpe de estado tan oprobioso como lo fue el de Félix Uriburu para la Argentina. El señor Silveyra se expresa como si Haedo y el Che Ernesto Guevara fueran íntimos amigos, poniendo en la misma bolsa al líder generoso, que en el error o el acierto dio su vida, y a un político demagogo, que luego de endulzar su estadía en Punta del Este, a los pocos días votó contra Cuba en la OEA.
Como puede verse, la visión de la Historia del señor Silveyra y la mía son tan diferentes que sería ocupar el tiempo, que siempre es precioso, en una polémica sin sentido. Por mi parte, puede el señor Silveyra seguir diciendo lo que se le venga in mente. Yo no voy a continuar una discusión que hecha de esta manera no sirve para esclarecer conciencias, sino para perjudicar al señor José Mujica, que no terció en ella. Al señor Pereira le hago saber que en el espectro político uruguayo, en general, el peronismo no es popular como no lo fue el Gral. Perón, salvo para sectores minoritarios comprometidos con los fascismos de la época como lo fueron el Dr. Luis Alberto de Herrera y el señor Eduardo Víctor Haedo.
Por mi parte, reitero, por las razones expresadas, me llamo a silencio.
Polémica, 4º acto
El atroz redentor,
Dotta Ostria
por Eduardo Silveyra
Los comunistas, en la Argentina
somos nosotros.
John William Cooke
Trataremos de ser todo lo educados, que este profesor kafkiano no ha sido, ya que dedica tres párrafos de su maniquea respuesta a descalificaciones e insultos, para ponerse en un sitio de superioridad intelectual que evidentemente no tiene. Como dijera Jorge Luís Borges: Al único maestro que conozco es al maestro Ciruela. Mote que le cae muy bien a este hombre que bien podría formar parte de una galería de seres absurdos y de lógica abyecta. Aunque deseo aclarar que soy lo opuesto a la educación de los salones, en los que Dotta Ostria homenajea al soldado de fortuna Giusepe Garibaldi junto a Julio Maria Sanguinetti. Eso ya crea un abismo.
Como todo masón, su lógica responde entre otras cosas a la defensa de los intereses británicos sea en tiempos pasados o futuros y no hesita para ello en emplear la calumnia y la falsificación atroz de datos históricos o la tergiversación de hechos, con tal de arrimar agua a su vetusto molino.
Por empezar me atribuye formar parte de un movimiento nacionalista y católico y ser yo mismo un nacionalista ultra católico, cosa que ha divertido bastante a quienes me conocen, ya que no hay nada más alejado de esa vertiente que el movimiento peronista. Habría que recordarle a este profesor de utilería, que los aviones que bombardearon Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, con la intención de matar a Juan Perón, entre otras cosas por suspender la enseñanza religiosa y moral en las escuelas, por la ley de divorcio, por convocar para el 20 de mayo de ese año a una constituyente para separar a la Iglesia del Estado y suprimir por ley la exención de impuestos a los templos religiosos…
Habría que recordarle a este malintencionado que el bombardeo comenzó a las 12 y 40 y se prolongo pasada las 17 horas y que dejó un saldo de más 800 muertos y que dichos aviones de la aviación naval (cuna de masones) llevaban la leyenda Cristo Vence pintadas en sus alas y que recibieron asilo político en el Uruguay gobernado por Luís Batlle. En esa tarde de horror y espanto, se arrojaron más de 900 kilos de bombas sobre la población civil indefensa.
Las voces de la izquierda uruguaya nunca condenaron esa masacre, como sí lo hicieron Luís Alberto de Herrera y Eduardo Víctor Haedo, posiblemente estaban ocupadas en las reuniones que mantenían tanto la cúpula del Partido Comunista y el Socialista en la sede de la embajada británica, para implementar campañas de agitación antifascista contra un gobierno nacional y popular como era el de Juan Perón.
¿Pero dentro de qué marco se cometía esta felonía? Una vez terminada la Segunda Guerra y tras los acuerdos de Yalta y Postdam, en los que el mundo se dividió en dos, ya lo comunistas no representaban el peligro que se suponía representaban antes de la guerra. Y el papel de la ex URSS fue atacar por derecha a todos los movimientos de liberación nacional surgidos en esta parte del continente y que no respondían a su orbita de dominación, el calificativo de nazi no solo lo llevaron Perón y Herrera, también Getulio Vargas, Jacobo Arbenz y el colombiano Jorge Eliécer Gaitán, cuyo asesinato ordenado por la embajada de EE.UU. dio comienzo a la rebelión popular conocida como El Bogotazo; en momentos en que se realizaba la Novena Conferencia Panamericana, conducida por el General Marshall y en contraposición a esa conferencia el Congreso Latinoamericano de Estudiantes, financiado por el gobierno peronista y al que concurriera el por entonces estudiante de derecho Fidel Castro, que terminó asilado por unos días en la embajada argentina.
Hay que agregar que Argentina no estaba en tan nefasto evento de gobernantes títeres y que Luís Alberto de Herrera se opuso a que Uruguay concurriera a la misma, como se opuso a la instalación de bases yanquis en Laguna del Sauce y al envío de tropas uruguayas a Corea intervenida por los EE.UU.
“Los coreanos del norte, son los artiguistas de nosotros” dijo el líder nacionalista. Resulta ahora paradójico, pero esa declaración hizo que los comunistas se encolumnaran detrás de quien antes habían calumniado.
Pretender, como pretende Dotta Ostria, que el nacionalismo de países semi coloniales, sea el mismo que el de las potencias, que se enfrentaron por intereses económicos y con el problema nacional ya resuelto, es una cosa que solo en la cabeza de un infame puede entrar.
Es recomendable la lectura del libro Autobiografía Intelectual de Samir Amin, donde se aclara muy bien el papel de la ex Unión Soviética y el de los PC que respondían a su línea o basta leer los discursos de Ernesto Guevara en Praga y Argelia, donde entre otras cosas acusa a la ex potencia comunista de tener practicas imperialistas. Es importante leer al respecto la síntesis que hace Norberto Galasso del pensamiento del socialista Manuel Ugarte, padre de la izquierda nacional en Argentina.
“Carlos Marx ha proclamado la confusión de los países y las razas, pero no el sometimiento de unas a otras". En otras palabras, Marx ha predicado el internacionalismo pero cuando una gran nación se lanza aengullirse a una pequeña, el internacionalismo proletario no puede justificar en modo alguno un silencio y una inacción cómplices.
El nacionalismo tiene carácter reaccionario cuando resulta la expresión avasallante del capitalismo en función conquistadora de colonias, pero tiene un carácter progresivo en las colonias y semicolonias donde la reivindicación primaria es la liberación nacional”.
Recordando a Manuel Ugarte de Norberto Galasso Tomo II.
Que Perón haya estado estudiando en la Italia pre fascista, nada dice, a Fidel Castro lo armó la CIA cuando comenzó su lucha en la Sierra Maestra, de algún lugar hay que sacar las herramientas. El mismo Guevara fue un anti peronista y sus padres comandos civiles de la Revolución Libertadora, pergeñada entre otros concurrentes, por los masones de la marina.
En uno de los párrafos de la nota afirme que: “Los bandos a los que representaban Moreno y Sarratea imbuidos de jacobinismo liberal, solo les importaban los puertos de Montevideo y Buenos Aires. Buenos Aires como centro comercial y Montevideo como centro financiero”. Si bien no explicito que ambos eran masones, los dos integraban la misma logia. Lo que desmiente la afirmación tendenciosa que hace Dotta Ostria, al afirmar que Sarratea no era miembro de la masonería.
“El gobierno del segundo triunvirato se inició bajo los mejores auspicios en el orden político militar. Se realizaron enseguida elecciones en todas las provincias, con el voto de los ciudadanos “libres y patriotas”, según reza el decreto de convocatoria. No se habla de “criollos” ni de “americanos”, ni se excluye a los europeos, lo cual demuestra que la adhesión a la causa privaba sobre el origen, los actos electorales se realizaron con la intervención activa de la Logia Lautaro, que constituía el verdadero cuerpo deliberativo secreto. Fueron electos con los recién llegados, los más conspicuos morenistas, Alvear, Perdriel, Larrea, Posadas, Monteagudo, Agrelo, Moldes, Vieytes, Sarratea.
Ernesto Palacio, Historia de la Argentina 1515-1989. Ed. Abeledo Perrot. Bs. As. 1999.
En ese sentido le recomendamos también, la lectura de Revolución y Contra Revolución en la Argentina de Jorge Abelardo Ramos, aunque su lectura no nos asegure que deje de decir zonceras, que bien pueden figurar en el manual escrito por el maestro Arturo Jauretche.
Son tantas las barbaridades e inexactitudes que de manera insidiosa vuelca este hombrecito oscuro, que desconoce el sentido hegeliano del movimiento fundado por Juan Perón y su filosofía profundamente humanista, que tiende a la conformación de Seres en donde solo hay individuos o multitud o masa, alejados estos fenómenos y a la vez opuestos al concepto pueblo, desde el cual se operan las verdaderas transformaciones.
La absurda pretensión de Dotta Ostria en querer presentar a Artigas como un jacobino , queda desmentida en el hecho de que Artigas tuvo como enemigo a los mismos jacobinos, enunciado en aquello de “los malos europeos y peores americanos”.
Tal vez quiera justificar el hecho de que el padre del federalismo y “Protector de los Pueblos Libres”, sea el prócer de un país unitario producto de la balcanización de estos territorios, que llevaron adelante los ingleses desde Lord Ponsomby a Georges Canning y cuya idea movilizadora era la fragmentación de los territorios del viejo Virreinato del Río de la Plata, para asegurarse la libre navegación de los ríos, entre otras cosas, tal como lo demuestran investigaciones contemporáneas en los archivos del Foreing Office. Un agente británico escribía a Londres en esos tiempos:
“El reconocimiento del Paraguay; conjuntamente con el posible reconocimiento de Corrientes y Entre Ríos, y su erección en estados independientes, aseguraría la navegación del Paraná y del Uruguay. Podría así evitarse la dificultad de insistir sobre la libre navegación que nosotros hemos rechazado en el caso del río San Lorenzo”.
El cinismo de estos hombres no dejaba nada librado al azar y contra esa idea es que se luchó en el combate de la Vuelta de Obligado y es contra esa balcanización que lucharon Manuel Oribe y Juan Manuel de Rosas. Eran tiempos de invasiones extranjeras y defensa del territorio antes que de reforma agraria, que implica otra lucha y la conformación de otro estado, que no se puede llevar al mismo tiempo.
Es interesante observar en ese sentido, que Oribe cuando pone sitio a Montevideo, para reconquistar Montevideo, capital histórica de la Banda Oriental, el comercio extranjero y los unitarios emigrados se hacen cargo de la defensa. Las fuerzas de la defensa estaban integradas en mayoría aplastante por esos comerciantes y sus hijos.
Dice Cady:
El dominio de Oribe sobre el Uruguay, con excepción de dos pueblos, era indiscutible. Tenía más de 6000 orientales bajo sus órdenes, además de 8000 de sus fuerzas argentinas. En cambio de las fuerzas que se oponían a los orientales de Oribe, solo 400 eran soldados nativos y los 3100 restantes eran extranjeros.
La Legión Extranjera que defendía la ciudad comercial contra las masas orientales y argentinas estaba, integrada por 3000 milicianos vasco franceses y unos 700 italianos al mando de Garibaldi, cuya leyenda se torna negra por estos territorios, pues estuvo muy lejos de desempeñar el papel que le otorga la historia ostriana. Muy diferente fue el significado de su lucha por la independencia y unidad de Italia. En el Río de la Plata su misión fue inversa, contribuyendo a impedir la unidad nacional sudamericana.
José Luís Bustamante conmilitón de Fructuoso Rivera escribía: “Garibaldi saqueó la Colonia y Gualeguaychú escandalosamente”.
Sarmiento, admirador del célebre mercenario, señalaba: Garibaldi no vino, a enseñarnos a ser libres ni a darnos ejemplos de heroísmo. Apenas se muestra y ya todos ven en él al caudillo de la masa de italianos poco manejables por los elementos aventureros que la componía.
El mismo Garibaldi en sus “Memorias” escribe:
La gente que me acompañaba era una verdadera chusma cosmopolita compuesta de todos y de todos los colores y naciones…El resto estaba compuesto de esa clase de marineros aventureros, conocidos en la costa americana con el nombre de “Fréres de la Cóte”, clase que había formado el contingente a los filibusteros, y a los tratantes de negros.
No hay que olvidar tampoco que después de la derrota de Caseros en 1852 con ejércitos integrados en su mayor parte por fuerzas mercenarias, sobrevino la Guerra de la Triple Alianza financiada por el imperio británico y dirigida por cipayos como Venancio Flores, Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento.
La destrucción del Paraguay de Solano López era parte de ese plan de balcanización y de dominio imperial instrumentado por el imperio británico.
Los tiempos en que actuaron Artigas y Rosas fueron diferentes y las articulaciones de sometimiento por parte del imperio, más operativas, pero la causa de unidad nacional y defensa de la soberanía fue la misma.
Vencido Rosas otros caudillos como el Chacho Peñaloza tomaron las consignas y banderas de la causa federal artiguista, y coincidimos con el historiador cristiano Methol Ferré, que durante muchos años fuera asesor del Gral. Liber Seregni, en tomar a Artigas como un argentino oriental, porque es reivindicarlo en su justa medida y porque su causa tiene una continuidad histórica que llega hasta nuestros días.
Vayamos al tema Perón nazi, son tan infantiles las argumentaciones de Dotta Ostria, que llevan a pensar si realmente este hombre es historiador. Cuando Perón asumió como presidente la Segunda Guerra Mundial, había terminado un año atrás. Decir que Perón recibió a los inmigrantes judíos para quedar bien ante la comunidad internacional es algo que desnuda el patetismo ideológico de este señor, al que habría que recordarle que su amada Inglaterra y también los EE.UU. se negaron a recibir inmigrantes judíos.
Se puede decir que la Argentina abrió sus fronteras para recibir a todos aquellos que habían sufrido los horrores de esa guerra, también alemanes, entre los que sí había criminales de guerra que con sus mismas u otras identidades se confundieron en la masa de sus numerosas colectividades. Que Josef Mengele haya vivido unos años en Uruguay y hasta casado en Carmelo con su verdadero nombre, no significa eso que el gobierno uruguayo de turno haya sido indulgente con los criminales de guerra.
Habría que señalar que tanto los Estados Unidos como la Unión Sovietica, recibieron a criminales de guerra a quienes ayudaron a escapar de los juicios de Nurenberg, para utilizar sus inteligencias dentro del marco de la Guerra Fría. Perón hábil y astuto quiso hacer lo mismo.
La Argentina peronista fue el primer estado en reconocer a Israel. Cuando Jaim Weizman, el primer presidente israelí, visita Buenos Aires en 1951, fue recibido con honores, y el flamante jefe de Estado le obsequió una Biblia antigua a Perón y anunció que su gobierno bautizará una plazoleta con el nombre del mandatario argentino.
Poco después, se inaugura en la Plaza de Mayo un mástil donado por comerciantes y empresarios de la colectividad Judía. Era tan distinta la atmósfera que se sentía, que las maestras relatan en los colegios judíos, que Jacob Tsur, el primer embajador de Israel en Argentina, publica en 1983 su libro Cartas credenciales, en el que señala: “En la perspectiva simplista de Washington, Perón sólo podía ser nazi o comunista”. No sorprende que Dotta Ostria tenga la misma perspectiva, pues es un cuadro de la misma.
Hitler era antisemita, ¿pero era el único fascista a combatir? Nuevos estudios históricos echan luz sobre Winston Churchill, y José Stalin (quienes combatían contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial). Ellos eran antisemitas declarados, y poco hicieron por los judíos muertos en los campos de concentración. Por supuesto que Estados Unidos, el principal aliado israelí, debía saberlo. Hoy en día se sabe que empresas poderosas del mismo corazón económico norteamericano financió la maquinaria bélica de la Alemania Nazi, incluyendo a los creadores del gas usado en las cámaras de los campos de concentración. Leamos lo que dice Daniel Blinder en un artículo por demás esclarecedor:
Así mismo, el ex representante diplomático argentino en Israel, Pablo Mangel, declaraba que el antisemitismo no era esencial al peronismo: “Fui testigo y partícipe directo del apoyo brindado por el gobierno peronista al pueblo judío, que se debatía en tiempos de pos guerra entre el hambre y el desarraigo (...). Se le otorgaron amplias facilidades a los judíos que huían de la Europa deshecha y que casi siempre llegaban sin documentos”, decía. El ex funcionario relataba que Estados Unidos no permitió la entrada a un buque que había partido de Chipre repleto de exiliados judíos y que “Evita no sólo los recibió sino que se preocupó por conseguirles trabajo”. También la DAIA jugó alguna vez con un gobierno popular (a pesar de estar casada siempre con el gobierno de turno), pues durante el conflicto del gobierno con la Iglesia Católica, respaldó algunas medidas oficiales, como la cancelación de la enseñanza religiosa y la ley de divorcio. En 1954, la entidad publicó un favorable folleto titulado “El pensamiento del presidente Perón sobre el pueblo judío”.
El Peronismo y los judíos de Daniel Blinder
La realidad dice que entre 1930 y 1949, la Argentina recibió a más refugiados judíos per cápita que cualquier otro país del mundo, excepto Palestina y, posiblemente Uruguay.
Es muy importante analizar los hechos puntuales: En la última década del siglo XX todavía era posible encontrar en algún kibutz de Israel frazadas con el sello de la Fundación Eva Perón, enviadas en 1948, cuando Argentina se convertía en el primer país que reconoció la soberanía del Estado judío. Sí, ¡lo que leyó! El gobierno de Perón fue el primero en reconocer el sueño de todos los sobrevivientes de los pogroms y la shoá.
El Peronismo y los judios de Daniel Blinder
Lejos de la mitología popular, los judíos, como decíamos al principio, no somos ajenos a la realidad social que nos circunda. Hay judíos ricos, pero también hay y hubieron judíos de la clase trabajadora y muy pobres. Muchos de ellos, lejos de ver en Perón la reencarnación del Faraón esclavizador de Egipto o el monstruo de un nuevo holocausto, vieron en él a un líder que cumplía con su pueblo, y se sentían beneficiados e integrados gracias a muchas de las conquistas sociales que se consiguieron.
El peronismo y los judíos de Daniel Blinder
¿Es posible determinar una política de acción que nos una en pluralidad definitivamente sin cortocircuitos al engranaje argentino? Fijémonos con quien estuvo la dirigencia judía en años de terrorismo de Estado, y en años de menemismo; miremos la cantidad de desaparecidos políticos y sociales que dejó esta red perversa; sepamos distinguir bien la víctima del victimario; y miremos los horizontes de un país que no pudo ser, y a un movimiento que supo incluir a muchos judíos que quedaron en los muros de los centros clandestinos de detención, y que murieron por esa idea que los interpelaba a ellos como argentinos, peronistas, y también como judíos.
El peronismo y los judíos de Daniel Blinder
Creo que contestar una por una las acusaciones irresponsables de Dotta Ostria, que responden a una lógica perversa y macaneadora propia de maniqueos, puede llegar a ser un abuso del tiempo y el espacio brindado. La memoria es una construcción que necesita de elementos como fechas, datos, documentos que permitan una interpretación de lo narrado, cada interpretación variará de acuerdo a los intereses que asuman los que se sienten a analizar, por eso no causa asombro que este hombre se diga de izquierda. Izquierda liberal por supuesto.
En Argentina o en cualquier país de nuestra América criolla, donde se gesten procesos transformadores, cuya identidad parta de un concepto nacional, popular y revolucionario, caso Ecuador y Venezuela, Dotta Ostria sería un simple gorila de la peor derecha. Tal vez este debate, haya servido para aclarar algunos tantos con respecto al peronismo y tal vez enfurezca a otros que sugirieron que no escribiera esta nota, en la que no me inmiscuyo en la política interna actual del Uruguay, tal lo pactado con alguien que rompió ese acuerdo.
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