El dictador Jorge Rafael Videla comenzó a perder algunos de sus privilegios. Ayer, por orden del juez federal Norberto Oyarbide, le revocaron la prisión domiciliaria de la que gozaba hace más de diez años y lo trasladaron a la Unidad Penitenciaria 34, en Campo de Mayo.
La decisión de Oyarbide le fue notificada a Videla en los tribunales de Comodoro Py, en Retiro, y desde allí fue llevado a su nuevo hogar custodiado por el Servicio Penitenciario Federal.
En el fallo, el juez señaló que por los delitos que se le atribuyen a Videla correspondía “una nueva evaluación en torno a la procedencia de su prisión preventiva”. El cambio en sus condiciones de detención se produjo en relación a dos causas: una que lo investiga por un plan sistemático de robo de bebés y la otra por el secuestro de los empresarios Gutheim. Por la primera, recordó el juez, a Videla se le atribuye la responsabilidad de 27 casos.
Como se trata de un detenido mayor de 70 años –tiene 83– que podría solicitar se le respete la prisión domiciliaria, luego de que la querella –compuesta por familiares de desaparecidos– presentara las pruebas sobre sus aceptables condiciones de salud, el juez se encargó de afirmar que será trasladado a una unidad que “cuenta con el equipamiento, infraestructura y personal necesario”.
El fallo de ayer fue la respuesta al escrito que presentó el abogado Alejo Ramos Padilla, el pasado 11 de agosto, en representación de María “Chicha” Mariani, Elsa Pavón, Mirta Baravalle, Clara Petrakos, Paula Longores, Genoveva Teruggi y Rosaria Valenzi –todas familiares de desaparecidos–. Allí se afirmaba que la detención domiciliaria de Videla violaba el principio de igualdad que figura en el artículo 16 de la Constitución Nacional. “No me explico cómo puede ser que aquellos que han participado en el secuestro sistemático de nuestros nietos y otros delitos aberrantes y han pretendido y pretenden lograr la impunidad del modo que hemos señalado, puedan ser beneficiarios con esta excepción (de la prisión domiciliaria)”, sostiene el escrito.
Lo cierto es que Videla, volverá a la cárcel luego de 10 años. La última vez que estuvo preso, sólo pasó cuarenta días por la cárcel de Caseros y antes había cumplido cinco años de condena hasta que lo benefició el indulto menemista de los años 90. Mientras tanto, procesado por el secuestro de menores, está pronto a ser elevado a juicio oral y público.
Los abogados defensores del ex dictador habían intentado oponerse al traslado argumentando que “no puede presumirse fundadamente que éste intentara eludir la acción de la justicia”. Lo propio había hecho el fiscal de la causa, Federico Delgado, quien no estaba de acuerdo en hacer lugar al pedido de que se le revocara la prisión domiciliaria porque la anulación del indulto ha sido apelada.
Pero la defensa falló en el intento y Videla pasará de los lujos de su departamento ubicado en Cabildo al 600 a una de las habitaciones de Campo de Mayo.
Una cárcel con habitaciones VIP
María “Chicha” Mariani, una de las siete mujeres que había solicitado que Jorge Rafael Videla fuera trasladado a una cárcel común, dijo que la alegría fue a medias. “Videla es un genocida y nunca debió haber tenido privilegios. Nosotros elevamos un pedido para que lo trasladaran hace dos meses, aunque el pedido lleva en realidad 30 años. Es una gran noticia, pero de todas formas no lo enviarán a una cárcel común, irá a Campo de Mayo”. La palabras de Chicha, quien busca a su nieta Clara Anahí, robada en 1976 luego de que sus padres fueran detenidos y asesinados, tienen fundamento.
El fallo de Norberto Oyarbide sacó a Videla de su casa en Belgrano y lo puso bajo la lupa del Sistema Penitenciario Federal (SPF), pero no lo mandó a una cárcel común. El ex dictador irá a Campo de Mayo, una sede de detención que pasó de manos del Ejército a manos del SPF cuando se produjo la misteriosa muerte del ex prefecto Héctor Febres. Sin embargo, sigue siendo una prisión acondicionada con habitaciones VIP. No por nada, el recientemente detenido Luis Abelardo Patti intenta una y otra vez, sin éxito, que lo trasladen allí.
Crìtica de la Argentina - Edición Sabado 11 de Octubre de 2008