La burbuja

Por M.A.

La administración* de CFK decidió blanquear su estrategia política con la que pretende pilotear la crisis. O también se puede decir que se quedó sin botox ni maquillaje para esconder su rostro corporativista, privatista y extranjerizante.
Durante cinco años el kirchnerismo logró atravesar a la política argentina sin decir lo que es, y le bastó apenas con la impostura de aparentar lo que decía no ser. Inventando un relato sobre su pasado y también sobre su “ideología” (¿?) el matrimonio Kirchner se erigió en paladines de los derechos humanos, con el “volvimos” de Plaza de Mayo. Lo que está cada vez más claro es que no fue una alusión a un retorno a 1973, sino más bien a 1989, cuando desde Río Gallegos celebraban un evento que festejarían de modo más rabioso seis años más tarde: Menem en el poder.

El viaje del matrimonio presidencial a Nueva York fue un intento desesperado por retomar la iniciativa que, a decir verdad, desde que CFK “asumió”, nunca tuvo realmente. Hasta que estalló el conflicto por la resolución 125, la esposa de Néstor Kirchner dedicó gran parte de sus primeros meses a irse de vacaciones a descansar al Calafate, y giras internacionales y a recibir a figuras del espectáculo (Naomi Campbell, Antonio Banderas, Joaquín Sabina, Soda Stereo, Ricardo Montaner, etc…).
Cada vez más acorralados, el juicio que se lleva adelante en Miami por acción de los servicios de inteligencia de Venezuela en Estados Unidos iba a ser una referencia inevitable a medida que Antonini Wilson abriera la boca para decir sus verdades, medias verdades y mentiras. Los Kirchner decidieron apelar a algo habitual en su manual de manejo de crisis: irse. Y se fueron al epicentro de la curiosa burbuja que en vez de explotar, se derrumba (según palabras presidenciales, en una clara analogía digna de Belén Francese).

Pocas semanas podrían ser más representativas sobre la política oficial que aquellas que discurrieron desde mediados de agosto.
Mientras le piden a Bush que “entregue” a Antonini Wilson, el poder judicial kirchnernista de Santa Cruz logró volver a foja cero la causa que pesaba sobre Daniel Varizat, filmado mientras atropellaba a manifestantes opositores. Antonini Wilson seguirá escudándose en el miedo por su integridad para no venir a declarar a la Argentina, pese al ex prófugo de la Justicia y ministro de la misma, Aníbal Fernández, que, como responsable del gobierno “paladín” de los DDHH no supo custodiar al desaparecido Jorge Julio López, y ahora le “exige” a Estados Unidos que extradite testigos.

Según el relato oficial, los medios de comunicación son el ariete destituyente. Pero son esos medios los que silencian cómplicemente la única pista que no se siguió sobre el contrabando de dinero ingresado en un vuelo oficial del Ministerio de Planificación. Mientras que el relato se focaliza en aportes para la campaña presidencial de CFK, nadie investiga si el origen no es en realidad un vuelto por otro tipo de negocios.

Más irrisoria es el relatito, o cuento, que fogonea Luis D’Elía sobre el complot de la CIA para perjudicar a Chávez y CFK. Si en Langley consideraran seriamente que una valija con unos millones para campaña podrían voltear a un gobierno en Argentina, entonces ya estarían resumidas las explicaciones a la crisis financiera.

Este mismo argumento sobre el complot de la central de inteligencia estadounidense  se podría haber aplicado a otra causa kajoneada (sic): los ladrillos de dinero encontrados en el baño de Felisa Miceli cuando era ministro de Economía.

Todavía no se determinó a que servicio de inteligencia extranjero que forma parte de la campaña antiargentina denunciada por el oficialismo, inventó la causa de corrupción por la que debió renunciar al frente del Ejército, el pingüino Roberto Bendini.
A la par que la burbuja financiera explota, o se “derrumba” según la extraña interpretación psicológica de CFK, a los empleados de Karta Abierta les explota la burbujita de gobierno popular con la que vinieron fantaseando en estos meses en que jugaron a intelectuales comprometidos. Ya no hay lugar para las dudas ni las confusiones.

En Estados Unidos, en plena campaña electoral, los candidatos Barack Obama (Demócrata) y John McCain (Republicano) asistieron a un encuentro con el saliente George W. Bush quien, barriendo debajo de la alfombra, impulsa un salvataje de miles de millones de dólares para intentar evitar el derrumbe el sistema. Pero ni Obama ni McCain aceptaron salir al rescate de los banqueros que produjeron esta catástrofe económica.
Pero, en sintonía con los intereses de Bush, CFK anunció un negoció redondo para dos bancos arrinconados, pero siguen haciendo negocios con la patria financiera kirchnerista: el Citi y el Barclays.
Los bonos en default que nunca jamás en la historia se iban a pagar porque constituían la peor afrenta a la Argentina, expoliada por los fondos buitre, según explicó NCK hace tres años, ahora CFK los va a pagar. El Barclays, el Citi y el Deutsche Bank compraron bonos defaulteados a 12 dólares y los venderán entre 37 y 42 dólares, gracias a la gentileza presidencial que además, les reportará otros U$S1.500 millones en concepto de comisiones.

Todavía se esperan las voces de Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini explicando como reivindican la causa de sus hijos por el socialismo nacional y hoy apoyan a un gobierno que privilegia a los fondos buitres sobre los hospitales que, adujeron, no se construirían por culpa del voto no positivo de Cobos.

Mientras sigue creciendo la exclusión social y se mantiene firme la mortandad infantil, CFK salió a sacar pecho con el pago al Club de París, y cuando empezó el festival de salvataje de Bush, fue a Wall Street para mojarle la oreja a ese antro neoliberal que explotaba, o se “derrumbaba como una burbuja” (sic), haciendo como hace con toda su historia política: pensó que todo el mundo olvidaría que ya había ido cholulamente chocha con su maridito a tocar la campana de apertura de la jornada de especulaciones, para luego irse a tomar un fin de semana de spa en su hotel del Calafate.

NCK, mientras su esposa criticaba al capital, habría con su hijo Máximo una consultora…de inversiones financiera. En esa sociedad también figura CFK. Un ex presidente y una presidente de la Nación son los directores suplentes de una sociedad, El Chapel, dirigida por el hijo del matrimonio presidencial. Pocas cosas deben ser más ilegales.

De todos modos no es más que una mancha más a un desgobierno que todavía sigue esquivando dar respuestas por los narcoaportes de campaña de Sebastián Forza y Ariel Vilán, y los dineros donados por el mismo motivo por Marsans, a la que Jaime busca resarcir del modo que sea posible. Y estos dos casos no tienen vinculación alguna con la CIA, el FBI o la invasión marciana. Una empresa privada española que operaba en la Argentina, y a la que se le permitió destruir una compañía en los últimos cinco años, puso plata para la campaña de CFK, y lo mismo hicieron dos “jóvenes empresarios” que hicieron su fortuna con el Cartel de Sinaloa.
En la era de los “gestos”, CFK no pudo disimular como su marido que apoyaba a un diario que reivindicaba a la dictadura y a Hitler, con foto y todo (consultar el archivo de Página/12) y luego pensó que  descolgando un cuadro de Videla y dándole la ESMA a una organización política lavaría su pasado. Se puede decir que la dama fue más honesta.

En la repartija de poder interna, respaldó al golden boy Martín Redrado y hasta fue más allá: Redrado se opuso al pago del Club de París por ser una decisión apresurada, innecesaria y que ponía en riesgo las reservas del BCRA. CFK a la derecha de Redrado, todo un gesto.

La otra “señal” a “los mercados” fue el protagonismo que le entregaran a Massita, el flamante jefe de Gabinete, cría de la más pura cepa noventista: un dirigente vinculado al Grupo Sophia, think tank liberal que lo acompaña de sus mozos días en su militancia juvenil en la UCeDé, hasta que lo terminó apadrinando Luis Barrionuevo. Sergio Massa es el funcionario que más felicidad muestra por el giro abierto a los mercados de CFK.

En esa cruzada lo acompaña Amado Boudou, titular del ANSES que cuenta una concepción social del proletario CEMA. A este Gabinete le falta solamente Ricardo López Murphy y están todos. Con semejante tándem, Roberto Lavagna parecería Leon Trotsky y Alberto Fernández un digno heredero de Viacheslav Molotov.

A la descomunal presión fiscal, que ni Domingo Cavallo pudo aplicar, el Presupuesto 2009 vuelve a subestimar la inflación con un crecimiento que prevé el congelamiento de la economía en porcentuales exactos a los que proponía Prat Gay en la base económica de la Coalición Cívica de Elisa Carrió: bajar el PBI en 3%, en otras palabras, implementar un plan de ajuste, aunque CFK no lo relata así, y reducir el gasto público, que antes se llamaba achicar el Estado.

Los últimos cartuchos se están disparando para distraer a la gilada que todavía no sabe como digerir el sapo que lastraron en estos años, de militancias compradas y cartas marcadas. Los medios oficialistas reproducen el relato oficial de que los principales desestabilizadores del oficialismo son un cineasta incendiario, un economista que entró como diputado por dos votos y un partido trotskista que no tiene ni un diputado.

Desde el palco oficial mientras tanto se abraza Massa con Tomada, el brazo sindical encarnado por Hugo Moyano le hace el coro a Cecilia Pando y reclama que la muerte del nuevo abanderado de los humildes, el mártir pacifista José Ignacio Rucci sea declarado crimen de lesa humanidad, sin que ningún funcionario cruce semejante posición.

El gobernador más K, Jorge Capitanich, tiene participación en los pooles sojeros de su provincia, mientras el otro clown kirchnerista, Florencio Randazzo habría comprado miles de hectáreas en Chivilcoy que, obviamente, se destinan en su mayoría al cultivo de soja transgénica. Junto a las tierras que tiene también el empresario Hugo Moyano se puede entender mejor por qué sectores del gobierno eran los principales interesados en extender el conflicto por la resolución 125 que les mantuvo al soja a más de 600 dólares.
Y así el proyecto corporativista de los Kirchner avanza, en un Estado que tiene el auspicio de Barrick Gold, Monsanto, Techint, Roggio, Unifarm-Sinaloa, la Unión de Bancos Suizos, Deutsche Bank, Barclays y el Citigroup. No es casualidad que las medidas más trascendentes de CFK, luego de que la criticaron, sean aplaudidas por el Financial Times, el Wall Street Journal y todo el coro neoliberal mundial. Aunque esto no lo incluyan en el relato de las cartas.

*NdeR: hablar de gobierno es una exageración.

diario-hitler

Facebooktwittermail