¿Una discusión política nacional?

¿Y qué pasa si esta elección interna es mucho más que una puja de aparatos sindicales?

¿Y qué pasa si toda esta elección interna de la CTA es mucho más que una discusión entre la Lista 1 y la Lista 10 y resulta ser algo así como la expresión de una discusión política nacional? 

Ante todo debemos admitir que cerca de un cuarto de millón de votos emitidos no es poca cosa, incluso si tomamos a todo el universo empadronado de casi un millón y medio; lo que en definitiva arroja una elección directa de más de 15 mil representaciones. Y es por esto mismo que no se puede soslayar la importante movilización de recursos ensayada desde el gobierno nacional para beneficiar al sector encabezado por Yasky y la identificación plena sin fisuras de éste con las políticas de gobierno, el cual dicho sea de paso no se privó de utilizar su aparato del sindicalismo docente, fundamentalmente en el conourbano a partir de las seccionales del SUTEBA, el que contó en varios distritos con los favores de «los muchachos» intendentes y el aparatismo pejotista.

Veamos.

Al decir verdad esta discusión ya venía perfilándose hace ya algunos años, profundizándose y ramificándose en los últimos meses hacia diversos aspectos. Parece ser que la controversia fue incubándose al mismo ritmo en que se desarrolló el proceso político signado por la práctica del actual gobierno nacional desde 2003, manifestándose su primer síntoma cuasi-cismático alrededor de la cuestión planteada entorno a la Resolución N° 125.

De allí en más la dinámica impresa por el kirchnerismo desde la conducción del Estado Nacional, provinciales y municipales a la política nacional invadió sistémicamente la discusión, el funcionamiento y la lógica constructiva-organizativa de la CTA. No podía ser de otra manera. Lo extraño y hasta imposible hubiese sido lo inverso.

De este modo la paciente, creciente y contradictoria construcción político-sindical iniciada en 1992 en Burzaco (quizá como aprendizaje del fracaso de su antecedente inmediato, es decir el ENSIPRON «Encuentro Nacional del Sindicalismo por un Proyecto Nacional») fue literalmente invadida (porque no «matizada») por la mirada de la realidad a la que nos invita el grupo de voluntades encolumnados detrás del proyecto del matrimonio presidencial.

Desde esta perspectiva la discusión no se trata acerca de la implementación de determinadas medidas puntuales, o mejor dicho, no sólo de eso. De hecho desde ambas expresiones se han apoyado tanto la nacionalización de los fondos de las AFJP, la ley de medios audiovisuales y la asignación por hijo, sin olvidar las relaciones internacionales en el plano regional, la política de enjuciamiento a los genocidas (lo que se confunde con los derechos humanos) y las dispersas nacionalizaciones de algunas empresas privadas fundidas. Si hasta coinciden -por lo menos retóricamente- en muchas críticas al actual gobierno, como por ejemplo sobre recursos naturales y política laboral y sindical. Más bien se trata de una «mirada de la realidad» que a su vez designa las prioridades. Y no es objeto de esta nota entrar en consideraciones valorativas acerca de esa «mirada» u otras, sino más bien dejar establecido este detalle.

En consecuencia las facciones en pugna no se distinguen por impulsar distintas medidas de gobierno. El problema es otro. Y su vértice no se encuentra muy lejos de la discusión política que invadió a la sociedad argentina en aquellos convulsionados días de diciembre de 2001, con toda la mochila histórica que ello conlleva.

Aquella crisis del régimen representativo y su discusión no concluyeron, más bien transcurren.

Facebooktwittermail