Por Justo Javier Correa
11/03/09 eldescamisado.org
Resulta ser que hace un tiempo se viene sosteniendo a través de distintas opiniones vertidas en el diario Página/12 una discusión un tanto acalorada acerca de la realidad política nacional. Pareciera ser que la cuestión es si la política llevada a cabo por el actual gobierno nacional desde el 2003 a la fecha es digna de una crítica netamente opositora o bien de una “crítica lateral”.
Uno de los expositores privilegiados de esta discusión es el contador público Norberto Galasso en este nuevo rol de militante oficialista. En el otro rincón, Fernando “Pino” Solanas de Proyecto Sur, más los refuerzos del ex ministro de gobierno de la Provincia de Buenos Aires y ex diputado nacional Luis Brunati y la socióloga Alcira Argumedo.
Dice Galasso en relación a algunos elementos de la oposición: “Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista”.
A la pelota!!! Semejante despliegue de fuerzas en pugna y uno creído que se trataba nomás de típicos reacomodamientos de sectores de la elite política en el marco de la “sana” competencia electoral. Pues no; según Galasso la cuestión es que estamos ni más ni menos ante un escenario político en el cual se baten en franco duelo un gobierno representativo de la tradición nacional-popular (algo así como un eslabón más) y una feroz oposición oligárquica fiel representante de los Aramburu, Rojas, Martinez de Hoz y Videla hoy corporizados en el accionar de las entidades gremiales del sector agropecuario y el conglomerado empresarial-mediático, quienes no contentos con la apropiación de la renta excedente que vienen ejerciendo a sangre, fuego y encuestas desde hace décadas, “se apropiaron del cerebro de gran parte de los sectores medios”.
Continúa Galasso su alegato en tono medio reflexivo y a su vez enjundioso: “Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45. Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas?”
Sabrá disculpar el amigo Galasso, pero acá hay algo que no cierra. Aceptando como válido (sólo por un momento) su principal recurso argumentativo, cual es la traspolación mecánica de sujetos, esquemas e identidades históricos en distintas situaciones históricas incomparables por definición, aún así no logra comprenderse en la realidad concreta de nuestros días dónde pueden hallarse análogamente decisiones políticas de estado, tales como “las nacionalizaciones”, “el no ingreso al FMI” o “el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso”. Puesto que por lo poco que pudo inferir la humilde inteligencia del que escribe estas líneas; este gobierno nacional ha batido record en el pago de deuda externa (y está francamente decidido a seguir batiéndolos con el pago al Club de París y a los tenedores de bonos residuales del último canje), ha sostenido estructuralmente las groseras privatizaciones de los noventa (a excepción de algunas desprivatizaciones marginales que terminaron en la creación de nuevas sociedades anónimas) y si algo se ha consolidado en estos últimos casi seis años es precisamente la matriz distributiva de la riqueza y de los ingresos diseñada en la década del noventa, con aproximadamente más de un tercio de la población en condiciones de pobreza e indigencia; a no ser que Galasso se disponga a elevar a la categoría de prócer de la tradición nacional-popular al Secretario de Comercio Guillermo Moreno pretendiendo refutar esta realidad con las estadísticas del Indec.
Es que ha sido de tal magnitud la restauración oligárquica iniciada en 1955, profundizada en 1976 y remachada en la década del noventa, que cualquier maquillaje revestido de retórica “progre” contrasta sólo estéticamente con esa tendencia dominante. En rigor hoy nos encontramos sólo a poquitos grados de distancia de aquel “giro copernicano” impulsado por Menem-Cavallo y Cia. (como parte de la Cia. también debe leerse Néstor Kirchner y Señora, entre muchos otros) que significó la legitimación política del momento más feroz y sanguinario del régimen oligárquico, dándose el lujo incluso de haber sancionado “en los marcos de las reglas de juego” una nueva reforma constitucional de neto corte liberal-individualista.
Dice Galasso que hay que empujar al gobierno, movilizando al pueblo. Sucede que nadie lo hace! Y por otro lado es más que elocuente que el gobierno no quiere ser empujado para el lado que señala Galasso y ni mucho menos por el pueblo movilizado. Sólo pueden verse algunos agrupamientos militantes imbuidos de un seguidismo ciego, que no critican ni construyen literalmente nada. De hecho no existe ninguna formación política dentro de los márgenes del oficialismo que se haya propuesto de forma efectiva y conducente “empujar” y “movilizar” por la nacionalización de los recursos naturales, o por la imposición de tributos a la renta financiera, o a la renta minera o hidrocarburífera, o por la derogación de la legislación laboral heredada de la dictadura y del menemismo, o por un nuevo ordenamiento del sistema tributario, o por una ocupación solidaria del territorio y sus riquezas, o por la institucionalización de una renta básica por ciudadanía, sólo por nombrar algunos ejemplos. Ni siquiera Galasso lo intenta, salvo que aceptemos como válido que empujar al gobierno y movilizar al pueblo consista en “dar cátedra” desde el púlpito del ND Ateneo de la familia Albistur.
Veamos cómo sigue el razonamiento esbozado por Galasso, que dicho sea de paso, es representativo de un amplio abanico de dirigentes medios y militancia muy diversa ligada organizativamente al aparato estatal: En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos poli clasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.
Vayamos por parte. Auscultando detenidamente el texto de Galasso y despejándolo de sus maniqueas jugarretas con la historia (de muy bajo vuelo, casi una historieta en troquelado), podemos inferir que continúa utilizando la falsa categoría de análisis consistente en el simple esquema de definición de que los desocupados lo son por la necesidad capitalista de un “ejército industrial de reserva”. Este concepto fue arrasado por las nuevas tecnologías y los sistemas globalizados de producción, que implica resolver la producción mediante contingentes reducidos de trabajadores calificados. En las viejas épocas, ese ejército de mano de obra desocupada permitía a los empresarios regular el salario y el conflicto, aprovechando la competencia entre los mismos trabajadores. Sin embargo, en muchos países, entre ellos Argentina, la organización sindical y la existencia de un cuerpo de leyes laborales limitaban los abusos patronales. Y, principalmente, la necesidad de mano de obra – excepto en crisis coyunturales – era suficiente como para caracterizar a los desocupados como un fenómeno no estructural.
Extraña sobremanera que la paciencia archivística de Galasso no se haya percatado que esa realidad ya no existe!!! Como sea, Galasso no da cuenta que la aplicación de los programas de ajuste estructural, la globalización – traducida en aumentos de las importaciones, las maquiladoras, los desplazamientos empresarios a los mercados de mano de obra barata, según las circunstancias y el teletrabajo en sectores de servicio – fueron mutuamente complementarias con el desguace de las legislaciones laborales, esmerilando esa instancia protectora del mundo del trabajo a su ínfima expresión. De tal forma se ha conformado una sociedad dual, dos sociedades en dos distintas velocidades. Hoy tenemos una “masa marginal” que no responde a las necesidades de realización del capital productivo y de allí que esta población “sobrante” no pueda ser concebida en términos de “reserva de brazos” según los ciclos de auge y caída del sector productivo, sino que es concebida estructuralmente como prescindente o excedente; su expulsión de la sociedad productiva es funcional en tanto alimenta el aumento de la renta del sector financiero.
El problema de esta sociedad distinta, emergente, es que aun no puede reconocerse a si misma como tal (el texto de gente como Galasso es un buen síntoma de ello); sus reivindicaciones y discursos siguen basados en la demanda a la “otra” sociedad, la formal. Esta, a su vez, lejos de comprender la magnitud de la nueva realidad, se atiene a sus propios códigos de explicación y apenas alcanza a proponer soluciones tibias y “asistencialistas”, en la esperanza de que la contención mediante dosis homeopáticas de “ayuda social” confine a los indeseables lejos de sus reductos de tranquilidad.
Galasso trae a colación la ratificación del Acta de Chapultepec en 1948. Pero la referencia es abstracta, sencillamente porque en la realidad concreta de hoy no existe referencia siquiera similar o políticamente análoga a la existencia de una voz disidente como lo fuera Cooke en el Congreso Nacional. Ni siquiera es imaginable un espacio político propicio para este tipo de críticas y posicionamientos. Como representación farsesca ahí están los llamados “Libres del Sur” manifestándose “críticos” pero jamás “opositores” al gobierno nacional, a quienes mientras tanto ni siquiera les permitieron mantener en sus puestos a los trabajadores estatales que habían conseguido empleo a través de sus estructuras organizativas. Rajaron hasta el último ascensorista!!! ¿Se imaginan algo parecido a Cooke dando vueltas en estos días? Directamente Varizat lo arrolla con la camioneta!!!
Es esta misma indigencia teórica –diría precisamente Cooke- lo que lleva a Galasso a derrapar cuando refiere a “los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores”. Asombra la desinformación de Galasso en relación a la materia que menciona cuando muy ligeramente refiere a “la recuperación de conquistas que el menemismo había destruido”. Cuesta comprender en qué consiste la “recuperación de conquistas” cuando se ha sostenido tesoneramente desde lo más alto del gobierno nacional la vigencia de la ley de riesgos de trabajo 24.557 que pisotea la dignidad y la salud de los trabajadores hasta límites discriminatorios. En todo caso el hábil asesor sindical y diputado nacional Recalde –sin haberse involucrado jamás en un plan político legislativo serio para destituir esta nefasta ley-, a través de la técnica legislativa traduce en proyectos de ley algunas posiciones doctrinarias del derecho del trabajo ya consolidadas en la jurisprudencia laboral desde décadas, que dicho sea de paso poseen eficacia y legitimidad eventualmente sólo para un tercio de los trabajadores en actividad.
Dice Galasso que se ha sextuplicado el salario mínimo, vital y móvil, lo que no dice es para cuántos trabajadores se aplica efectivamente, cuál es el poder adquisitivo de dicho salario y cuánto se han multiplicado los precios de los alimentos y demás bienes y servicios indispensables para sostener una digna calidad de vida. Dice con ignorancia necia que se han suspendido los despidos sin causa (¿?) evidentemente no tiene ni idea de lo que está escribiendo, menciona el principio “in dubio pro operario” cuando el mismo es una de las formas de la manifestación del principio protectorio del derecho del trabajo (en caso de duda debe estarse a favor del trabajador) que por sobre todo ha sobrevivido gracias al trabajo de profesionales del derecho y jueces honestos y consecuentes con los principios rectores del derecho del trabajo; lo que queda reflejado en la catarata de demandas judiciales y fallos que se han precipitado desde la sanción de la ya mencionada ley de riesgos de trabajo en 1996 decretando su inconstitucionalidad y que fueran receptados por insignes fallos por la CSJN. Lo mismo sucede con la tacha de inconstitucionalidad del tope indeminizatorio dispuesto en 1991, con la proliferación de los contratados “en negro” en el sector público en abierta violación al art. 14 bis del texto constitucional, con el cercenamiento del derecho de huelga. La satisfacción de estos derechos vulnerados que se han conseguido en el plano judicial, fue a pesar de la política de gobierno sostenida en la materia y no gracias a ella.
Hacia el final de su texto Galasso se imposta en un consejero experimentado. Tomando distancia y con un aire paternal recomienda al paso: “Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo”; y para rematar a renglón seguido dice: “…hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y pro imperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo”.
La verdad es que se han escuchado de los más diversos y variados argumentos para apoyar a este gobierno; desde aquel que dice que sólo desde el estado es posible incidir en la realidad política (el más sofisticado, por cierto) hasta los que se resguardan en el más bajo oportunismo; pero justificar el apoyo a las políticas del gobierno nacional, porque en ellas reside la posibilidad de ensamblar la cuestión nacional y la cuestión social para marchar hacia el socialismo, es realmente un argumento más que novedoso.
Hace ya muchos años, más precisamente en el mes de Marzo de 1990, mientras el comportamiento de la dirigencia del PJ (de la cual formaba parte el actual matrimonio presidencial) encabezada por Menem, consumaba una de las traiciones más emblemáticas a la voluntad popular que registre nuestra historia como Nación, alguien escribía las siguientes líneas: “El ciclo iniciado en la post guerra está muriendo, arrastrando consigo, a otros. Una Argentina en crisis en todos sus órdenes está siendo sometida a modificaciones económicas y sociales dirigidas a integrarla de una nueva manera al mercado mundial como apéndice colonial…Tanto la situación de la economía mundial, como la actual conformación de las clases sociales en la Argentina, torna inviable el proyecto de un capitalismo autónomo, como opción al capitalismo dependiente que sufrimos hoy…En las últimas experiencias políticas producidas en la Argentina, la gravedad de la crisis y la impotencia de las viejas direcciones ha quedado al desnudo cuando, en muy poco tiempo, se ha agotado alternativas hasta ayer manifestadas con saludable energía y retórica transformadora…La intensidad de los problemas derivados de la dependencia es tal que devora uno a uno a los personajes representativos de la vieja dirigencia y lo hace a un ritmo cada vez más veloz”.(1)
Pasaron casi dos décadas y el nuevo ciclo se desarrolló, echó raíces y diseñó otro país y otra sociedad, conformándose una nueva estructura de poder y relaciones de dependencia, con otras sofisticaciones y legitimidades bien distintas y divergentes a las habidas hace 30, 40 o 50 años, que como bien señala el texto recién citado integró a nuestro país de una nueva manera al mercado mundial como apéndice colonial. En este trayecto, so pretexto de “las nuevas realidades” o de la “necesaria modernización” esa dirigencia mediocre inoculada de liberalismo democratista (por momentos con estética conservadora, en otros con estética progresista) se encargó de allanar el camino para la depredación de la infraestructura que costó largas décadas construir, entregó a cambio de estúpidas prebendas empresas estatales propiedad de varias generaciones de argentinos a los explotadores de siempre, continuó endeudando a la Nación dejándola a merced de la banca usurera internacional, arrasó con los derechos y las conquistas sociales de los trabajadores dejando un tendal de 15 millones de ciudadanos en el desamparo total. En definitiva, esa dirigencia fue el artífice de desastres consentidos y catástrofes provocadas.
En esta perspectiva y siguiendo la visión de Galasso y de tantos otros, con humildad nos preguntamos: ¿Qué parte de la actualización política y doctrinaria nos perdimos? ¿En qué momento nuestros cerebros fueron apropiados por la Sociedad Rural? ¿En qué extraño laberinto de nuestra alienación nos habremos perdido para no notar el legado de Scalabrini Ortiz en el proyecto del “tren bala” o el de Jautetche en las bondades de Puerto Madero?
Estos interrogantes no son meramente retóricos, exigen respuestas, reclaman discusiones, que de ninguna manera pueden clausurarse como lo intenta Galasso al final de su alegato oficialista con exhortaciones fallutas a la unidad, cuando dice: “…en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre.”
Sinceramente; no tenemos para nada claro en dónde está “la misma vereda de siempre” que refiere Galasso. Sin embargo de algo estamos seguros; coincida o no con la “vereda de siempre” de Galasso; en la nuestra no hay ni habrá lugar para aquellos que con resignación y a cambio de prebendas concupiscentes propiciaron la traición al pueblo y la entrega de la Nación.
En relación a Galasso, sólo una reflexión. A pesar de las abismales diferencias que hay de por medio en términos de talento y capacidad intelectual, su intervención nos hace venir a la memoria el tramo final en la década del noventa de la trayectoria del historiador, militante y autor de “Las masas y las lanzas”, Jorge Abelardo Ramos cuando cayó en el ridículo teorizando sobre lo que no existía: el “nacionalismo” de Cavallo y las semejanzas entre el programa neoliberal del menemismo y la NEP de Lenin.
(1) Norberto Galasso, “De Perón a Menem” – El Peronismo en la encrucijada”, Ediciones del Pensamiento Nacional, Abril 1990.
