El Síndrome Agudo de Radiación provoca que el organismo empiece a fallar, poco a poco, hasta su total colapso. Un síndrome similar enfrenta hoy el sector nuclear de nuestro país.
La Comisión Nacional de Energía Atómica celebró el pasado domingo 31 de mayo 76 años desde su creación. El aniversario fue celebrado a espaldas de sus trabajadores en la sede central de Av. Del Libertador 8250 de la Ciudad de Buenos Aires, únicamente con autoridades de la CNEA presentes. Este accionar dirigencial es uno de los tantos síntomas del estado de emergencia que atraviesa el sector nuclear argentino y encapsula a la perfección cómo se encuentran las cosas en el área.
La realidad de los trabajadores que se desempeñan en CNEA es crítica. Las pérdidas salariales se ubican por encima del 40% y se acumulan desde diciembre de 2023. El sueldo bruto de la categoría más baja se encuentra en $657.324, una verdadera miseria. Esta política deliberada de este gobierno de ocupación ha generado una expulsión exagerada de profesionales del sector nuclear altamente calificados -que han sido formados por el Estado Nacional- hacia el exterior o, en su defecto, absorbidos también por el sector privado nacional, poniendo en riesgo todo el conocimiento acumulado durante décadas gracias al esfuerzo de todo el pueblo argentino.
Esta degradación en los salarios de los trabajadores del sector ocurría mientras, en simultáneo, el “Lobo de Wall Street Nuclear”, Damián Reidel, fijaba sobreprecios del 140% en contratos de limpieza y realizaba compras irregulares con tarjetas corporativas del organismo: entre los gastos registrados figuran “Pub El Pirata”, servicio de playa, sesiones de masajes y viajes por toda Europa. Quien fuera presentado por el gobierno como una luminaria del sector nuclear con una visión estratégica y un plan de innovación demostró ser un verdadero lumpen, un impresentable que terminó renunciando a su cargo luego de ser imputado por un sinfín de irregularidades y ser totalmente incapaz de explicarlas.
Cabe destacar, por otro lado, que todo este saqueo y desmantelamiento al que está siendo sometido el sector fue apoyado y motorizado por Rafael Grossi, el director general de la IAEA (Organismo Internacional de Energía Atómica). A pesar de ser argentino y de tratarse de una autoridad internacional en la materia, Grossi ha guardado un llamativo silencio ante el desmantelamiento del sistema nuclear argentino, el éxodo de profesionales, los paupérrimos salarios y los escándalos protagonizados por los directivos que puso el gobierno, situación que no sólo no se detuvo en el caso Reidel, sino que ahora suma nuevos capítulos con la aparición de nuevos ñoquis designados por el Ejecutivo. Grossi ha demostrado ser un mero lobista de los EEUU, Israel y la dirigencia atlantista europea; en otras palabras, de la Coalición Epstein. Es, además, responsable directo de decenas de muertes civiles en Irán, tras haber sido parte de la ofensiva bélica contra los científicos y sus familias, cuya información sólo era conocida por los miembros de la IAEA.

Otro síntoma de la gravedad que atraviesa el sector es la paralización total del Reactor CAREM-25, un prototipo de pequeño reactor nuclear de baja potencia, también llamados pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés) capaz de producir electricidad 100% nacional. Existen 120 proyectos declarados en el mundo y solo dos están en operación, (China y Rusia) mientras que seis se encuentran en construcción, entre ellos el CAREM-25. Éste reactor, que ya se encontraba en un 64% de avance general para diciembre de 2023, en mayo de 2024 pasó a “revisión crítica de diseño” y luego en 2025 se declaró la paralización total del CAREM-25. En paralelo, Reidel anunciaba ese mismo año que se construirían cuatro ACR-300 en Atucha, hoy a cargo de la empresa Meitner Energy compuesta en un 40% por participación accionaria de Clack River (filial de INVAP en Estados Unidos) y el otro 60% en manos de Ansari, grupo estadounidense. Los salarios de miseria que se pagan en la CNEA le permiten a Meitner Energy acaparar los profesionales y técnicos de CNEA, quienes renuncian por bajos salarios y pasan a engrosar las filas de la empresa norteamericana.
Ademas, hay que tener en cuenta que el ACR-300 está en etapa de diseño como lo estaba el CAREM en el año 2000, a lo que se le suma otro dato de color que confirma la vocación de esclavo del gobierno y es que en diciembre del año pasado la embajada de Estados Unidos comunicó que Argentina se convertiría en el primer país de América Latina en sumarse como “socio contribuyente” al programa de Infraestructura Fundamental para el Uso Responsable de la Tecnología de Reactores Modulares Pequeños (programa FIRST), que propone aportar “soluciones de energía nuclear, incluyendo el uso de pequeños reactores modulares (SMR)”, lo que nos convierte en futuros compradores de los SMR estadounidenses1. A este cuadro hay que sumarle el hecho de que IMPSA, primera empresa privatizada de la actual gestión, utiliza el recipiente de presión del CAREM-25 como carta de presentación para vender este tipo de materiales a los desarrolladores de reactores modulares pequeños (SMR) en Estados Unidos. Cabe aclarar que Argentina cuenta con el stock de especialistas nucleares más grande del hemisferio sur, y le ha ganado a Estados Unidos licitaciones de instalaciones nucleares en tres continentes diferentes. Entre los especialistas del sector nuclear se sabe que los norteamericanos ya no son imprescindibles para la tecnología nuclear, pero al gobierno nacional poco le interesa un desarrollo nuclear, y mucho menos que sea nacional y soberano.
En el marco de esta política de entrega, el oficialismo creó una secretaría fantasma de Asuntos Nucleares dentro del Ministerio de Economía. Aunque supuestamente nació para “coordinar” el área, pusieron a la cabeza a un funcionario que no hace más que atacar a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), mientras el gobierno libertario utiliza a la empresa Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) y nuestros activos estratégicos como una caja para negocios personales. Uno de los planes de fondo de esta secretaría es promover la idea de que existen reservas inagotables de uranio, vendiendo la ilusión de que somos la “Arabia Saudita del Uranio” cuando lo cierto es que están cerrando acuerdos con empresas extranjeras para rematar nuestro uranio casi en bruto, como simple materia prima. Esto nos deja un margen de ganancia mínimo cuando Argentina ya tiene la tecnología para hacer el proceso completo en el país: desde procesar el mineral hasta fabricar las pastillas cerámicas y los elementos combustibles que utilizan los reactores. Es una verdad de perogrullo decir que si establecemos esa cadena de valor íntegramente en nuestro país, el valor de lo que producimos se multiplica enormemente respecto al mineral bruto. Entregando el mineral estamos rifando un recurso estratégico cuya demanda mundial se va a disparar en las próximas décadas. El discurso oficial intenta convencernos de que nos “sobra” uranio para exportar, cuando la realidad es otra: lo que nos faltan son centrales nucleares para encender el país.
Por si todo esto fuera poco, tras una visita de funcionarios estadounidenses y de la embajada británica al Reactor Argentino RA-10 y luego de que el fundador de Palantir, Peter Thiel, demostrara su interés en el desarrollo nuclear argentino (a través de su compañía General Matter, empresa estadounidense fundada en 2024 para la explotación de uranio), el gobierno nacional inició un procedimiento administrativo que habilita la eventual venta y cesión de los activos materiales e inmateriales de la Comisión Nacional de Energía Atómica. En el afán privatizador y ante la necesidad de dólares para pagar vencimientos de deuda externa, el lacayo vendepatria pretende entregar todo tipo de activo estratégico que aún mantiene nuestra Nación. Son las últimas” joyas de la abuela” que quedaron de aquel Estado empresario que supo ser motor del desarrollo nacional.
Mientras la entrega final de la patria avanza a una velocidad inusitada, la oposición está metida en una rosca superestructural que poco tiene que ver con los intereses del pueblo y el porvenir de la nación. La defensa del sector nuclear es la defensa de una Argentina energética y tecnológicamente soberana. Es negarse a ser una simple colonia proveedora de materias primas, lugar en el que el imperialismo nos quiso poner históricamente, y velar por una patria justa, libre y soberana.
1 Diego Hurtado (2026). Desguace nuclear. El Cohete a la Luna, https://www.elcohetealaluna.com/desguace-nuclear/
