El Mundo y Cristina

Por: GM

La crisis desatada en Bolivia tiene como punta de lanza a las bandas de Santa Cruz de la Sierra con el fogoneo sin cesar de Washington. El verdadero propósito del poder real de los Estados Unidos es el asalto de la región para que sea una vez más América Latina la que pague el derrape financiero de los países centrales, y frenar las aspiraciones de Rusia como influencia global.

Mientras el gobierno argentino repite de modo autista que, gracias al “modelo” (¿?) el país se viene manteniendo a salvo de la caída en dominó de la banca estadounidense, y la misma burbuja financiera se reprodujo en España, su próxima víctima ante el quiebre hipotecario, se niega, como con la inflación, lo evidente: la realidad pasa sobre el “modelo”, le guste o no al gobierno.

El extraño mundo de CFK
Si hay un elemento que podría llamarse “modelo” del gobierno de Kirchner es su columna vertebral formada por los subsidios a tenedor libre que parten desde el Ministerio de Planificación Federal. El Indec no falsea los datos, llegando en su última medición del IPC a erradicar en las planillas la indigencia en la Argentina (si usted ve a un indigente es una mentira de los medios), sino que lo hace para contener precisamente a los subsidios que, de blanquear un desajuste del 30% haría desaparecer  en el momento el presupuesto nacional, fundado en un superávit de manejo discrecional ante los ojos cómplices del Congreso.

El Indec dibuja los precios porque es el único punto de sostenimiento del modelo de presión tributaria sobre el consumo y el salario, girado a las empresas amigas.
Pero las habilidades artísticas de Guillermo Moreno no podrían jamás pintar la Capilla Sixtina, ni el tamaño de su virilidad tan autorreputada tampoco alcanza para tapar al sol. Así como el sol está, también está la realidad.

Por eso uno de los principales elementos que incidieron en la disparada inflacionaria fue el precio del petróleo a nivel mundial, que alcanzó un precio por barril de 142 dólares. Y este precio, además de las decisiones de la OPEP, tiene una relación directa con la política exterior que llevan adelante los Estados Unidos, que cuando lanza su aliento sobre un país hidrocarburífero, rebota inmediatamente en la economía mundial.

Antes que comenzara a bajar el precio de los combustibles, la última vez que logró alcanzar un precio récord fue ante los rumores de una intervención militar sobre Irán y Venezuela.

Más allá de la parafernalia de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, la atención mundial y regional, en lo que atañe más inmediatamente a Bolivia y  Venezuela, debe ser de alerta máxima. El poder real detrás de la administración criminal de George Bush no va a perder poder, sea el próximo presidente Obama o McCain. De todos modos, como es habitual, antes de que se termine un mandato pasa a cobrar las últimas facturas y a marcar la cancha de los próximos años.

En tal sentido, Bill Clinton arrasó con la OTAN a Yugoslavia cuando en 1999 defendía el derecho de autonomía de Kosovo que ahora el mismo imperio le niega a Osetia del Sur en defensa de la integridad territorial de Georgia.
El papel de Rusia será más temprano que tarde, más importante que el que jugara en los años de la Unión Soviética, no así por la carga ideológica sino porque como potencia económica y militar, comienza a intervenir internacionalmente, pero en un contexto de un capitalismo en crisis, con un futuro incierto para los Estados Unidos con los talones mordidos por China y una Unión Europea bordeando el estancamiento económico, virando al fascismo antiinmigratorio y cada vez más dependiente de recursos naturales provenientes del Este.

No es de extrañar la falta de visión estratégica del gobierno de Kirchner que pareció ser eficaz en medidas rápidas y de corto alcance, pero que no avanzó más allá de eso. El ex presidente y actual hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, estuvo a horas de firmar un convenido con la Argentina que hubiese sido de relevancia estratégica. Pero el entonces presidente Néstor Kirchner aterrizó en Austria donde interrumpió su gira para monitorear la toma de una comisaría del barrio de La Boca, por el bufón oficial Luis D’Elía.

La importancia estratégica que pega en la coyuntura se refleja en el blindaje que, en medio de maniobras claras de golpismo con el constante intervencionismo de los Estados Unidos y su embajada en Caracas, desplegó Rusia en Venezuela bajo el amparo de ejercicios militares conjuntos.
Sólo una vez Moscú jugó abiertamente en el patio trasero de los Estados Unidos y fue hace cuarenta y seis años cuando se desató la crisis de los misiles de Cuba instalados por Nikita Kruschev. Hasta que el 10 de septiembre de 2008 dos bombarderos Tupolev 160 aterrizaron en Venezuela, a la espera de la escuadra naval, encabezada por el crucero nuclear Piotr Veliki (Pedro el Grande), que realizará ejercicios con la armada venezolana en aguas del Atlántico.

Para tener una real dimensión, los Tu-160 son los bombarderos más grandes de la historia y tiene capacidad para llevar doce misiles con ojivas nucleares y otras cuarenta toneladas de bombas. Desde agosto del año pasado, Rusia dispuso que sus aviones estratégicos, escoltados por aviones caza, patrullen zonas vigiladas por Estados Unidos y la OTAN. Moscú muestra también así que no pasa por alto que la IV Flota de la US Navy vuelva a circular por los mares del sur.

Desde hace tres meses las encuestas muestran en Venezuela que la oposición pierde terreno de cara a las elecciones del próximo 23 de noviembre para refrendar una serie de leyes dispuestas por el gobierno de Hugo Chávez. Ante semejante panorama, los Estados Unidos coordina a la oposición desde la embajada en Caracas, repartiendo recursos para financiar “protestas espontáneas”, a la par que se han decomisado armamento que provenía desde Colombia, donde los marines están asentados en el marco del Plan Colombia.

Más al sur, si alguien creyó que junto con Goñi, el presidente boliviano que hablaba mejor inglés que castellano y huyó en un avión estadounidense a los Estados Unidos, claro está, Bolivia ingresaría en un proceso sin la vigía del águila incurrieron en un grueso error. Evo Morales no tuvo un momento de estabilidad política desde que asumió la presidencia, hostigado por la oligarquía cruceña, que mantiene una línea directa con Washington.

El presidente boliviano incluso debió cruzar en helicóptero la frontera con Brasil para tomar un avión que lo devuelva a La Paz porque la oposición cívica asediaba al aeropuerto con fines de linchamiento. Esa misma oposición es la que mantiene fuera del control nacional a cinco regiones de Bolivia y cortó el suministro de gas a la Argentina y Brasil, en un acto que llevado adelante por un grupo árabe, el Pentágono no dudaría de calificarlo de terrorista.

El 11 de septiembre Bolivia expulsó al embajador de los Estados Unidos en La Paz, Philip Goldberg, y un día más tarde sucedió lo mismo en Venezuela con Patrick Duddy en una situación de no retorno. No hace falta bucear demasiado para encontrar el financiamiento que la CIA realizó a la oposición política, sindical y militar a través de la National Endowment Democracy (NED) para el fugaz golpe de Estado de 2002, y las sucesivas maniobras de desestabilización y asilamiento internacional.

El nuevo y gran aliado de Hugo Chávez y Evo Morales se encuentra en la Ecuador de Rafael Correa, quien padeció la agresión militar de Colombia en una incursión dentro del territorio nacional ecuatoriano para asesinar a Manuel Reyes, uno de los jefes de las FARC, que había cruzado la frontera, aparentemente para coordinar la liberación de Ingrid Betancourt. Esa acción militar tuvo apoyo aéreo y satelital del Pentágono, la CIA y la NSA, según afirmó el propio gobierno de Alvaro Uribe.

Ante la escalada del conflicto en Bolivia, Hugo Chávez no guardó ni una advertencia sobre la postura venezolana: “Si a Evo lo derrocan y lo matan, sepan los golpistas de Bolivia que me estarían dando luz verde para apoyar cualquier movimiento armado en Bolivia”, para concluir con un “váyanse al carajo, yanquis de mierda”.

Lejos del fragor con que el águila sobrevuela América Latina, Cristina Kirchner actúa como su marido: se recluye en El Calafate. Mientras la región vuelve a estar activamente en la geopolítica mundial por los recursos naturales y para pagar el pato de la boda de la burbuja financiera, CFK inaugurará la repavimentación de la Ruta 3, y de mayor importancia aún, irá a Punta Tombo para dar comienzo oficial, créase o no, a la temporada de pingüinos.

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