Efecto Tango

Por GM

Mientras el mundo se desmorona por el Efecto Jazz, el modelo kirhcnerista, pese a las fantasías de la presidente CFK, la Argentina comienza a padecer el techo de un modelo fundamentado en la presión fiscal y exportación de commodities como padres del superávit.

La inflación es el motor endógeno que explica los “sucesos” del kirchnerato en materia económica: las recaudaciones récord. En casi todas las mediciones que arroja la AFIP mes a mes, presentada como el principal signo del aparente auge económico de la Argentina K, se esconde en realidad la variación interanual del índice inflacionario que Guillermo Moreno intenta dibujar con los lápices de su jefe Néstor. Así, el record recaudatorio refleja en su mayor parte un contenido del aumento nominal por la suba general de los precios.

En este aspecto, el modelo kirchnerista jamás podría avanzar sobre la inflación porque atentaría contra su capacidad superavitaria, y menos pensado aún está el debate sobre el impuesto distorsivo a los productos de primera necesidad, ya que son la fuente de alimentación directa y más fácil de cobrar que le permiten caminar al presupuesto K.

Los aumentos salariales a la porción más “beneficiada” de los trabajadores en blanco, van directamente al consumo ya que la principal masa de asalariados que no tiene capacidad de ahorro, aunque siempre a la zaga, recupera volumen de compra erosionado severamente por la constante inflación. Es claro que no aumenta ese volumen de compra ya que no adquiere más productos que un año atrás, luego de los aumentos salariales que se presentan como conquistas a favor de los trabajadores, y entregados sin mayores corcoveos por aquellos que se sientan en las paritarias del Ministerio de Trabajo.

Las principales corporaciones del país son subsidiadas por el Estado que le paga mes a mes la merma en la fenomenal rentabilidad que tendrían si pagaran de sus propios bolsillos la recomposición salarial y financiarlo con el aumento de tarifas. De paso, la pequeña y mediana empresa que no tiene acceso a los subsidios, y mucho menos al crédito, entre la puja inflacionaria y la salarial, van quedando fuera del terreno de juego y se favorece a la concentración oligopólica.

El último estudio sobre las Pymes de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) difundido en la primera semana de octubre, señaló que apenas una de cada cuatro Pymes tuvieron ganancias en los primeros meses de 2008, dos de cada cuatro lograron mantener un punto de equilibrio y una de cuatro registraron pérdidas y evalúan bajar persianas.

También la inflación empujó el consumo de bienes y servicios por encima de la primera necesidad. Con un dólar atado en $3.15, la moneda extranjera mantiene su valor nominal pero pierde año a año el 25-30% de su poder de compra comido por la suba constante de precios. El principal mecanismo de la clase media y media baja para no perder terreno es el gasto inmediato, algo que se reflejó en los planes de ahorro de automóviles y la compra de electrodomésticos.

De este modo, el plan que diera resultados tácticos para una rápida reactivación de la capacidad ociosa de la poca industria que quedaba en el país, demuestra carecer de visión estratégica al pretender, como sucediera con el plan de convertibilidad, que todo siguiera funcionando en piloto automático.

La burbuja especulativa que disparó a los commodities agrarios, fundamentalmente la soja que pasó los 600 dólares, estalló y comenzó un franco retroceso por una baja internacional provocada por la huída a los bonos del tesoro de los Estados Unidos tras el crack financiero inducido en ese país, para drenar recursos monetarios globales para equilibrar el descomunal déficit bélico de la administración Bush, que sale a pagar favores corporativos a pocas semanas de abandonar la Casa Blanca, y posibilitando una ola de megafusiones de los principales bancos del mundo.

Una vez más, el “relato”, como gusta la presidente llamar, jugó su papel en materia financiera. Durante décadas, los excedentes especulativos de los países centrales fue arribando a la periferia “emergente”, como gustan llamar en los centros financieros, generando el más fenomenal proceso de endeudamiento de la historia, tal como sucediera luego que Estados Unidos y Europa se reacomodaran de la crisis del petróleo de 1973. Pero en el último lustro, los reacomodamientos en los patrones de acumulación y el sustento hiperdeficitario de los Estados Unidos para mantener a su principal aparato, el complejo militar-industrial como brazo de robo de recursos planetarios, requirió pasar por ventanilla a cobrar. Lo que fue presentado bajo el relato de “gesta” de desendeudamiento no fue otra cosa que el más obediente pago de deudas ilegítimas por parte de Argentina, Brasil y Chile a la cabeza de la región.

Ahora en otro gesto de rebeldía contra el capital financiero, la administración Kirchner decidió pagar los bonos en manos de fondos buitres, que nunca se iban a pagar. A decir verdad, esos bonos ya no están en manos de los famosos jubilados ahorristas italianos y alemanes, sino que fueron recomprados por tres bancos, dos de los cuales se encuentran en serios problemas financieros, como son el Barclays y el Citi, que ganarán 1.500 millones de dólares en concepto de comisión y al menos otros 4.500 por la diferencia entre la compra y venta.

Mientras en Estados Unidos se debate el alcance de la crisis, que allí no denominan “Efecto Jazz”, en Argentina comienzan a manifestarse claramente los efectos de un nuevo tango en la vida cotidiana de los argentinos.
El consumo comenzó a contraerse fuertemente en los últimos cuatro meses, algo que en un comienzo el kirchnerato intentó culpar por completo “al campo” y al villano Cleto Cobos, pero esto tiene que ver precisamente con haber tocado techo y empezar un declive cuya celeridad está por verse.

En el bimestre agosto-septiembre, la venta de electrodomésticos en las principales cadenas del país y supermercados bajó casi el 60% comparado al mismo período del año pasado, lo cual se manifiesta también en la cantidad de fletes empleados.
El ritmo de la construcción comenzó a caer en junio al 6.6% respecto al año anterior, luego de un descenso en mayo del 8.8%, según el Indec. Las empresas constructoras estiman una caída real superior al 25%. No se puede soslayar que el sector inmobiliario fue el refugio más seguro para los que disponían de efectivo y buscaban escapar a la poda inflacionaria.

La principal industria del país, la automotriz, prendió alarmas de emergencia. General Motors decidió suspender la producción en la última semana de octubre en su planta de Rosario. Aunque el gobierno siga buscando instalar el relato de que el jazz no se escucha por estas tierras, Brasil ve comprometidas sus cuentas financieras y no sólo casi la mitad de la producción de GM tiene ese destino (58.000 vehículos sobre 120.000 al año) sino que toda la industria automotriz argentina depende del consumo brasileño de forma directa.

Lo que se oculta detrás de los números de las automotrices es que más fuertemente aún cayó la compra de cero kilómetros en Argentina. Mientras que el impacto en las correcciones de exportaciones a Brasil no alcanzan el 5%, en el mes de septiembre los boletos de compraventa en Argentina cayeron el 11% comparado al mismo mes de 2007, y las ventas en concesionarios bajaron el 2.9% en agosto y 2.4% en septiembre, según informó la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA).

Por su parte, el presidente de Ford Argentina, Enrique Alemañy admitió que se estaban estrechando los márgenes de exportación a Chile y México. Más pesimista se mostraron los balances de Ford en Estados Unidos que admitió pérdidas globales por 8.700 millones de dólares y anunció ajustes en la producción por la retracción mundial en la venta de automóviles.
Más allá de los números globales y balances de las automotrices, el impacto real se manifiesta en los anuncios sobre los trabajadores: Peugeot, Citroën y General Motors suspenden personal y reducen los ritmos de producción, y calculan una reducción de planta de 1100 a 1500 trabajadores.

El tsunami financiero global comenzó a golpear en la banca local. Puertas adentro, el Santander programa una reestructuración con una reducción de mil trabajadores que van desde los de menor rango hasta el personal jerárquico de mayor antigüedad, apuntando a bajar fundamentalmente el promedio de edad de los gerentes de sucursal y zonales a los 45-50 años.
La retracción en casi todos los niveles de la actividad económica amenaza aún más la precaria situación laboral dominada por el empleo en negro. La oferta de empleo cayó por quinto mes consecutivo y séptimo en lo que va de 2008, según reveló un estudio de la Universidad Torcuato Di Tella, por lo que las posibilidades de conseguir un nuevo trabajo registra el mismo índice que en 1998, cuando la convertibilidad entraba en su etapa terminal.

En el interior del país, el 30% de las Pymes del interior están operando a pérdida, el 45% logran mantenerse en el punto de equilibrio y sólo 25% tuvo ganancias.
Semejantes registros impactan directamente sobre el consumo, presionando a una retracción del mismo, como también empuja a un estancamiento de los salarios ante el fantasma del enfriamiento que invariablemente llega acompañado de un aumento del desempleo. De mantenerse esta tendencia será inevitable una escalada en la conflictividad social ya que será más débil el salario ante la inflación.

Los datos oficiales arrojan que el 43% de los trabajadores está en negro, de los cuales el 95% de los encuestados afirmó que fueron forzados a trabajar en esa relación laboral, y el 58% de los trabajadores independiente se inscribieron en la categoría de autónomos por no acceder a un empleo estable. El desempleo llega a casi dos millones y medio de argentinos y otros 7.8 millones están fuera de la cobertura social y provisional, superando los peores números de los años ’90.

Semejante panorama que se suma a los crecientes registros de indigencia y pobreza, como la incapacidad para reducir el empleo en negro, se plantea como una tormenta a las finanzas oficiales a un año de las elecciones legislativas. Para 2009, la Argentina tiene que cancelar 20.000 millones de dólares en concepto de deuda, o bien refinanciarlos, aunque todo indica que ante la crisis mundial, esto último, al menos en su totalidad, será casi un imposible, aunque siempre está a la mano el recurso de hipotecar aún más el futuro tomando los préstamos más altos de plaza que son los dólares venezolanos al 15% de interés.

No son menores los registros en el desplome de la imagen de CFK en apenas diez meses en la Casa Rosada. Para el año próximo el Presupuesto 2009 vuelve a tener subestimado el superávit, pero no a los márgenes de los años de mayor crecimiento del PBI, por lo que se presenta un plan de ajuste encubierto tras la decisión de continuar disfrazando la inflación. En otras palabras, el Estado tendrá menos plata para gastar, y sin fuentes genuinas de crecimiento y la imposibilidad de financiamiento, tampoco va a tener dinero para ello, aunque por tal motivo toman las espasmódicas medidas de cancelar deuda con el Club de París y los holdouts.

El congelamiento de la actividad impacta directamente en la base electoral del matrimonio Kirchner, mientras que la imposibilidad de enmascarar las medidas económicas dentro del “relato progre” comenzarán a erosionar los sectores medios que siguieron la música oficial llevados por el discurso de ciertas reivindicaciones. Sobre ese sector, donde una agrupación kirchnerista de intelectuales pretende actuar para contener, las últimas definiciones de CFK tienen mayor rechazo porque son percibidas como “salida por derecha”.

Desde el año 2004 la diferencia entre ingresos y gastos del Estado ha sido suficiente para que Argentina pague los intereses de deuda, pero la Ley de Presupuesto 2009 prevé una recaudación exagerada sobre los ingresos presuntos producto de las retenciones a las exportaciones. En 2004, los ingresos por las retenciones reportaron el 60% del superávit fiscal que fue del 3.9 puntos del PBI, mientras que en este año, la participación de los ingresos por las exportaciones de productos primarios serán del 85% de los 2.8 puntos del PBI que arrojará el superávit fiscal primario.

El electorado de los centros urbanos ya le fue opositor de forma masiva a CFK en su carrera a la presidencia y en diez meses no hizo más que perder terreno en ese segmento, y dilapidó la base electoral que tuvo en el interior del país por la disputa de la resolución 125 para hacerse con recursos para afrontar el pago de deuda externa. Se suma a esto la creciente oposición de Santa Fe y el alejamiento cada vez más profundo de Córdoba.

Cristina Kirchner, pese a insistir en un relato redistributivo, convocó a una mesa coordinadora para evaluar medidas a la crisis conformada por la ortodoxia neoliberal de su gabinete, encabezada por Sergio Massa (UCeDé), el titular del Anses, Amado Boudou (CEMA) y el “golden boy” Martín Redrado (Harvard), que determinará las respuestas al efecto jazz, aunque se escuchan cada vez más fuerte los violines y bandoneones.

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