MUJICA O LA UNICA VERDAD ES LA REALIDAD

En la miseria no puede haber virtud.
Santo Tomás de Aquino

Se pueden hacer dos señalamientos claves si tenemos que hablar de la historia de la izquierda uruguaya y de Pepe Mujica. El primero es que la izquierda uruguaya nunca se planteó la toma del poder de manera real y concreta, identificando a esta con la hegemonía ejercida por el Partido Comunista o Socialista en menor escala. Esta hegemonía imbricada también en lo sindical, lo convertía en una fuerza política de peso incidente en la política interna, aunque en su política exterior desconocían a las fuerzas nacionalistas revolucionarias, que se gestaron en determinado marco histórico en América Latina.


Hablamos de una izquierda con mirada europea sobre las realidades criollas. Eso les hizo desconocer o descalificar a verdaderos líderes nacionalistas populares como Perón, Arbenz, Vargas o el mismo Herrera y al verdadero proceso de cambio que esos movimientos populares representaban. La causa de esa práctica política, se justifica solo por la política implementada  por la ex Unión Soviética, hacia todos los movimientos de liberación nacional de países del Tercer Mundo, comprendidos los de América Latina. Estaban enmarcados dentro de la situación geográfica y política no disputable tras los acuerdos de Postdam, Yalta y Teherán. De modo que la contienda ideológica no pasaba de ser, las más de las veces un fuego de artificio por la conquista de un espacio simbólico. Nunca discutieron poder, sino simples nichos de supervivencia política.

Los movimientos nacionales de liberación quisieron romper esa lógica. El Che Guevara en el discurso de Praga acusa a la  ex Unión Soviética de ejercer prácticas políticas de dominación propias de un imperio y solo ve como conductores de un cambio social profundo y revolucionario a esos movimientos de liberación. Contando entre esos movimientos al más importante de América Latina como es el peronismo. Decir que Guevara recibió ayuda financiera de Perón en Madrid, para padecer su desventura boliviana, es entrar en la situación de la anécdota y no es el fin de este escrito, pero vale para corroborar el hecho, de cual era el camino correcto en lo político.

Esa izquierda ex comunista, ha devenido en un remedo de progresismo derivado de social democracia y neo liberalismo, que no es más que el continuar, desde el lugar errado de la historia llevando adelante una práctica política que nunca han dejado de lado. Para esa izquierda Mujica es la barbarie, porque siempre han mirado la dialéctica de la historia con ojos europeos, desconociendo los procesos de liberación nacional iniciados en las guerras por la independencia.

Y es aquí donde se puede realizar el segundo señalamiento, la izquierda liberal uruguaya nunca reivindicó el proyecto político de Artigas, de integración regional, inclusión social y reforma agraria, porque era un proyecto enraizado en la Nación y el Pueblo de profunda base cristiana o sea, un movimiento contrario a sus intereses filosóficos y políticos.

Más allá de los aciertos y errores de los Tupamaros se puede decir que sí, reivindicaban el proyecto artiguista y a un guerrillero nacionalista como Aparicio Saravia. Porque había una comprensión de que la lucha iniciada por Artigas o por los caudillos federales aun no había concluido y que en los ciclos que la historia traza, los pueblos tienen sus oportunidades históricas. 

Esa comprensión hegeliana de la historia es la que les permite hoy ser la mayor fuerza política dentro del Frente Amplio, hecho que asusta mucho a los liberales de izquierda, como de derecha, porque ambas corrientes se confunden en su origen y corren paralelas.

En una nota publicada en la revista Bitácora, que se puede leer también en http://www.bitacora.com.uy/noticia_2247_1.html, (Aunque bien se podría leer en las páginas de el diario de derecha El País) el periodista Esteban Valenti, se cuestiona acerca de los destinos de la izquierda uruguaya y pone en compartimentos estancos a la izquierda Mujica y la izquierda Vázquez representada por Astori y Carámbula. La verdadera izquierda a su entender, es aquella cuyo programa de atracción de inversores y de capitales es una receta liberal que ha dejado de correr, como los tratados de libre comercio con EE.UU u otros países centrales, hoy hundidos en una crisis que desparraman por el mundo y de la que solo se sale con el diseño de bloques regionales integrados económica y políticamente.

Algo que ya marcaba Juan Perón, cuando en los años 50 quiso diseñar el ABC, un bloque regional integrado porArgentina, Brasil y Chile, en ese tiempo los países que contaban con un desarrollo industrial más o menos incipiente y que a la vez pretendía ir integrando a otros países de la región. Que J. Perón señalara,  que el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, solo hace reafirmar cual es la senda a seguir.   

Pero, la construcción de este modelo solo se puede llevar a cabo desde la construcción de un nuevo sujeto histórico, porque también implica un cambio cultural radical. Que la construcción de ese sujeto, se establezca en una alianza con los más perjudicados del sistema, es llevar a la practica el proyecto artiguista de que los más infelices, sean los más privilegiados o sea, un proyecto de Nación Grande pensado desde un definido protagonismo popular tiene sus correlatos históricos e integrados en un territorio más amplio como lo fueron las Provincias Unidas del Sud.

Esa realización y ese establecimiento no se corresponden con el trabajo de un político mas, es una obra de un bloque histórico que concibe o engendra en su desarrollo un conductor y una dirigencia, que a su vez acepta el liderazgo no impuesto por su voluntad. El conductor conduce y es conducido, retroalimentando ese proceso de creación. Solo un líder de esas características  puede llevar adelante esa empresa.

El Príncipe de Maquiavelo podría ser estudiado como una ejemplificación histórica del “mito” de Sorel, es decir, de una ideología que no se presenta como una fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, sino como la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva”

Este pensamiento del teórico marxista Antonio Gramsci, ayuda a comprender quién es Pepe, pero a la vez, nos induce a pensar nuevas formas de dispersión dentro de una sociedad donde la división ha dejado de ser solo de clases y pasado a ser tribal, las tribus urbanas, las semi rurales y las rurales y la tribu mayor que es aquella a la cual el sistema más a despojado, no solo en lo económico, sino también en lo cultural.

Cuando Pepe, reúne a 700 hombres de la educación, la ciencia, el arte y la cultura y les habla del “placer de enseñar” no hace otra que la que hacía Aristóteles en la Antigua Grecia, hablar del conocimiento como un placer.  Porque son ellos la inteligencia que debe enseñar  “el placer de aprender” aristotélico y transmitir conocimiento a ese sujeto disperso, para construir un Ser e integrarlo a un proyecto de nación, a una unidad de destino, en la que todos los orientales se realicen como hombres y mujeres dignos.

Que la mayor masa de votantes de Pepe, se encuentre entre los jóvenes y los más desposeídos, es indicativo de un fenómeno que la izquierda civilizada no termina de aceptar, en los mismos términos que no la acepta la derecha, esto no nos debe extrañar, porque filosóficamente una corriente es hija de la otra. El progresismo hasta puede ser tomado como una versión pagana del cristianismo, en eso de querer dejar contentos a todos y al final no conformar a ninguno. Hablamos del cristianismo oficial.

En realidad lo que se discute en la próxima elección, es que se trata de refundarse como país y como nación, sabiendo que nuestros grandes viejos y fundadores (personajes innombrados en la nota de Valenti), fueron Artigas, San Martín, Rosas, Oribe, Leandro Gómez, Aparicio Saravia, Sandino, Evita, Perón, Ernesto Guevara y Luís Alberto de Herrera, los cuales estarían muy conforme con Pepe.   

Que Mujica sea el próximo presidente de los orientales, no solo es fundamental para el Uruguay lo es también para la Argentina, su influencia ha cruzado el charco, porque no hablamos de un político, hablamos de un conductor que ha sabido interpretar por donde va la historia.

Eduardo Silveyra
Escritor/Periodista
Argentina

Publicado en http://www.bitacora.com.uy/home_1.html el Domingo 10 de Mayo de 2009

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