“QUE DIOS NUESTRO SEÑOR SE APIADE DE SU ALMA”

por Justo Javier Correa
02/04/2009 eldescamisado.org

A mediado de 1981 la dictadura oligárquico-militar daba muestras inconfundibles de agotamiento en todos los planos. El programa anunciado el 2 de Abril de 1976 por Martinez de Hoz había logrado avanzar en sus primeras fases de desarrollo a pesar de la resistencia de los trabajadores y el activismo clandestino de distintas expresiones de la militancia organizada con acciones armadas y de agitación. En este plano la organización que logró desplegar sus fuerzas hasta el final de la dictadura y bien entrada la transición democrática fue sin duda alguna las agrupaciones en los frentes de masas referenciados en Montoneros. Hecho que determinó sin dudas que la represión fuera proporcionalmente inversa al empeño puesto por sus fuerzas en el derrocamiento del régimen dictatorial.

En aquel mes de Junio de 1981 nace lo que se denominó la multipartidaria, ideada originariamente por el dirigente radical Ricardo Balbín (aquel mismo que denunciara a las movilizaciones gremiales de mayo y junio de 1975 como la “guerrilla industrial”), quedó conformada por la UCR, el PJ, la Democracia Cristina, el Movimiento de Integración y Desarrollo y el Partido Intransigente, más la adhesión de un puñado de partidos y organizaciones políticas menores. Ya habían transcurrido los peores y más duros años de la dictadura, a pesar del cerco informativo una palabra hasta entonces desconocida para significar un hecho masivo comenzaba a invadir la cotidianeidad de nuestros hogares: “el desaparecido”, que como había dicho Videla desde esa típica cobardía blindada unos años atrás “no está” “no tiene entidad”, “no existe”, “está desaparecido”. Miles de presos políticos, torturados, centros clandestinos de detención ilegal, decenas de miles de exiliados, miles de militantes políticos y sindicales en la dura clandestinidad, terminaban por conformar el escenario de la catástrofe provocada por nuestras clases dominantes con las FF.AA como su brazo armado. Nadie de esa multipartidaria podía ignorar esa realidad que algunos años atrás había señalado Walsh con su magistral pluma en la ya mítica carta dirigida a los militares de la Junta Militar. Todos la conocían y por ende todos con mayor o en menor intensidad le dieron la espalda.

No salía publicado en ningún diario, no se comentaba en los programas periodísticos radiales o televisivos, pero no era secreto para nadie de los que permanecían en los círculos de la militancia política y sindical de aquellos años que el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín apostaba a ser una especie de primer ministro de la dictadura, en un plan político de transición que establecía una participación progresiva de los civiles en el gobierno al estilo de lo que venía sucediendo en Brasil. Se pensaba en distintas fases de desarrollo de dicho plan para que en uno o en dos períodos de gobierno, primero a nivel de las intendencias (este plano ya había comenzado, puesto que cientos de Intendentes pertenecientes a la UCR permanecieron en sus puestos durante todo el transcurso del período dictatorial), luego en las gobernaciones y por último en el plano nacional, se fuera conformado una nueva institucionalidad que a modo de transición hubiera allanado el camino a los represores hacia sus cuarteles, claro está hasta nuevo aviso.

De tal forma el “progresismo” aparecía en la política argentina como aquel estilo destinado a aceptar la nueva configuración social, económica y cultural que el genocidio había formateado en la sociedad argentina, ofreciendo un barniz de “tolerancia” y “republicanismo” barato de baja estofa, que quedara patentizado pocos años después discursivamente en esa estúpida repetición del preámbulo constitucional.

El primer documento de la multipartidaria data del 14 de Julio de 1981, en el cual sus redactores pusieron especial cuidado en manifestar que su convocatoria “…no apunta al pasado. Emerge del presente y tiene la intención de plasmar el porvenir argentino…”; para concluir afirmando que todo ello lo hacen “bajo el lema del Episcopado Argentino: La reconciliación nacional”. Literalmente el documento ni menciona las palabras “desaparecido”, “presos”, “torturados”, “exiliados”, “hambre”, “deuda externa”, “destrucción del aparato productivo”, “fusilamientos”, “asesinatos en masa”. La verdad es que aquella emergente clase política en la cual el Dr. Alfonsín era uno de sus exponentes más notables, comenzaba su reconstitución bajo los estandartes del olvido, el perdón y la complicidad.
 
Fueron las movilizaciones populares y el activismo militante encabezados por las Madres de Plaza de Mayo y otros organismos (no todos; incluso uno en especial ligado al Partido Comunista se negó a condenar a la dictadura en obvia alusión al comercio de cereales sostenido con la desaparecida Unión Soviética), conjuntamente con los trabajadores organizados primero en “los 25”, luego en la CGT Brasil encabezada por Saúl Ubaldini y la asombrosamente resurgente y maravillosa Juventud Peronista Regionales, lo que desbarató el infame intento conciliador, provocando el arrinconamiento de la dictadura y sus secuaces bastante tiempo antes del conflicto de Malvinas.

Fue mucho después, incluso luego que la multipartidaria ofreciera su apoyo a la dictadura en el conflicto armado de Malvinas (al respecto, con los años nos enteramos de la cercanía del actual ex presidente en ejercicio Néstor Kirchner con el General Oscar Enrique Guerrero Comandante de la XI Brigada de Infantería Mecanizada, quienes aparecieran fotografiados juntos en la tapa de un periódico de Río Gallegos con fecha 7 de Abril de 1982), en el documento elaborado para la movilización del 16 de Diciembre de 1982, que se animan a mencionar sencillamente “el tema desaparecidos” sin exigir aparición con vida y juicio y castigo a los culpables, ni mucho menos imputación de responsabilidad política y penal alguna a los genocidas. Al respecto el Dr. Alfonsín no fue la excepción en esa complacencia, sino más bien uno sus más enjundiosos impulsores.

Y fue ese jueves 16 de Diciembre de 1982 que se lleva a cabo la movilización a la Plaza de Mayo convocada para las 19 horas, en la cual los dirigentes más visibles de la multipartidaria, con Alfonsín incluido no duraron más de 30 minutos, retirándose presurosamente al trotecito no más allá de las 19.30 horas, mientras que minutos después ingresaba la columna de la CGT Brasil encabezada por Saúl Ubaldini y casi simultáneamente la columna más numerosa estimada en más de treinta mil personas, conformada por las fuerzas políticas y sindicales referenciadas en la organización Montoneros bajo la denominación de “Intransigencia y Movilización Peronista”, hegemonizada de forma elocuente por las agrupaciones de la Juventud Peronista Regionales, bajo las consignas “RENDICION DE CUENTAS”, “NO A LA CONCERTACION”, «CONTINUISMO OLIGARQUICO O DEMOCRACIA REAL», “APARICION CON VIDA”, “JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES”. Sus columnas comenzaron a ser tempranamente reprimidas en horas de la tarde en los puntos de encuentro que habían fijado sus respectivas conducciones. En la plaza Miserere (Estación Once del Ferrocarril Sarmiento) se producen fuertes encontronazos con las fuerzas de la represión, lo que dejara algunos heridos de gravedad. A pesar de ello se logra encolumnar a toda la militancia proveniente de los barrios de capital y el conourbano bonaerense y de algunas provincias a lo largo de la Avenida de Mayo, ingresando a la Plaza tirando abajo las vallas (las que permanecen bien aprontadas hasta nuestros días) y permitiendo el libre ingreso de los manifestantes en toda su extensión. La multipartidaria había convocado para cantar el himno nacional de espaldas a la casa rosada y proceder a la desconcentración. Por el contrario la consigna de la Juventud Peronista era muy sencilla: “QUE SE VAYAN”. De tal forma, la columna avanzó hasta las puertas de acceso de la casa de gobierno, intentando su derribo mediante la utilización de las mismas vallas, mientras la multitud se unificaba en un solo grito: “PAREDON A TODOS LOS MILICOS QUE VENDIERON LA NACIÒN”. De tal forma, aquel atardecer el dictador Bignone abandona la casa rosada en helicóptero. Seguidamente un comunicado oficial anunciaba los tiempos del cronograma electoral y la convocatoria a elecciones presidenciales para el 30 de Octubre de 1983. También ese día, en medio del combate callejero, un represor desciende de un Ford Falcon verde, se dirige selectivamente hacia un manifestante y le asesta una bala 9 mm por la espalda, confundiéndolo por la vestimenta con uno de los miembros de la conducción nacional del Movimiento Peronista Montonero. Se llamaba Dalmiro Flores y tenía 28 años.

La democracia en nuestro país no puede tener “padre”, sencillamente porque todavía no terminó de nacer. El retorno a la institucionalidad electoral – lo que algunos llaman democracia- fue consecuencia de la empecinada lucha confrontativa sostenida por los trabajadores organizados, las Madres y esas decenas de miles de militantes populares, en su inmensa mayoría jóvenes peronistas revolucionarios que literalmente no dudaron en ofrendar jirones de sus vidas por la libertad y la justicia social. Fue el hostigamiento permanente en todos los planos, con los documentos, los volantes, los fierros, el activismo en las fábricas, en las comisiones gremiales internas, en las facultades, en las escuelas, en los barrios, en los asentamientos del conourbano. Fueron miles de empecinados patriotas indignados por la entrega de la Nación y el empobrecimiento del Pueblo lo que generó la retirada de la dictadura y el posterior juzgamiento de los represores y no las agachadas complacientes de sujetos como Alfonsín.

Y que se sepa también que los genocidas se retiraron así como llegaron, matando y desapareciendo a los que presentaban pelea y rosqueando con la clase política cómplice y entreguista. En aquellos tumultuosos días de diciembre de 1982 desaparecieron al último sobreviviente de la masacre de Trelew, René Haidar; el 30 de Abril de 1983 en un operativo militar de dimensiones gigantescas emboscan y asesinan en la Provincia de Córdoba a Raúl Clemente “Roque” Yaguer luego de resistir durante horas a puro coraje desde la vivienda que habitaba; días después, el 14 de Mayo del mismo año, Osvaldo Cambiasso y Eduardo “Carlón” Pereira Rossi son secuestrados y asesinados por un grupo de tareas de las fuerzas operativas de la represión, luego de ser torturados salvajemente. Todos ellos miembros destacados de la organización peronista revolucionaria Montoneros. Ningún “padre de la democracia” se molestó por exigir justicia, ni por repudiar las torturas y los asesinatos; más bien se comenzaba a pergeñar la ya tristemente célebre “teoría de los dos demonios”, responsabilizando a los luchadores por la tragedia y poniéndolos en un mismo pie de igualdad con los genocidas. Fue el Ministro del Interior del gobierno de Alfonsín, Trócoli, el que enunció por primera vez esa tan cobarde como infame postura acerca de nuestro pasado reciente, como introducción a la emisión televisiva del informe de la CONADEP por cadena nacional; fue el gobierno de Alfonsín el que ordenó perseguir a los luchadores populares que pretendían regresar a nuestro país del exilio, propiciando órdenes de captura masivas, fue el mismísimo Dr. Raúl Ricardo Alfonsín que ordenó a una patota de estúpidos “boinas blancas” desalojar a las Madres, de la Plaza de Mayo, llamándolas al mismo tiempo “antiargentinas” y a sus hijos “terroristas”; fue un Ministro del gobierno de Alfonsín, el Dr. Enrique Nosiglia el que al día de hoy no supo explicar las implicancias de ese gobierno por el “pescado podrido” que salió a vender en todos los círculos de la militancia combativa en los meses finales del año 1988 y que desencadenara los sucesos en el Regimiento de La Tablada de enero de 1989.    

Por todas estas razones y por muchas otras más, y por más que la “patria mediática” en una verdadera y ya insoportable “cadena nacional” insistan en necrológicos homenajes, nunca jamás desde las entrañas resistentes de este glorioso y aún no vencido Pueblo Argentino aceptaremos sin hesitación alguna que tengamos que dar gracias post mortem a uno de los cómplices de la tragedia que venimos soportando desde hace ya más de tres décadas, que entre otros “logros” blanqueó la ilegítima deuda externa refrendando la estatización llevada a cabo por Cavallo en 1982 desde el BCRA, hambreó al pueblo trabajador, auspició y cobijó negocios bochornosos con la oligarquía congregada en “los capitanes de la industria”, fue el ideólogo del perdón y el olvido con el “punto final” y “la obediencia debida”, levantó el estandarte de la cobardía y la resignación con “la casa está en orden” y las “felices pascuas”, terminó de entregar el patrimonio nacional al instruir a los legisladores de la UCR votar la vergonzosa ley de Reforma del Estado 23696, culminando su triste y patético periplo con el nefasto “pacto de olivos” que diera origen a ese engendro liberal individualista que tenemos por Constitución Nacional y auspiciando el gobierno de la Alianza UCR-FREPASO que llegó con dos muertos en la Provincia de Corrientes y se retiró con más de treinta en Diciembre de 2001.

En definitiva, para concluir y ser claros; respecto al fallecimiento del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, lo único que nos queda por decir sencillamente es: QUE DIOS NUESTRO SEÑOR SE APIADE DE SU ALMA.

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