por Rubén Humberto Famá
1° de Mayo de 2009
eldescamisado.org
Estos documentos fueron elaborados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, con la protagónica participación de Carlos Olmedo -uno de sus miembros fundadores- y dados a conocer en 1971. Fue publicado en “Militancia Peronista para la Liberación” (Nº IV, 5 de Julio de 1973) y en “Cristianismo y Revolución” (Nº 28, Abril 1971).
Carlos Enrique Olmedo, nacido en la hermana República del Paraguay en un hogar humilde llegó a graduarse en Filosofía y Sociología en la Universidad de La Sorbona, Francia. De origen marxista, promediando los sesenta fue uno de los integrantes más jóvenes del staff de la mítica revista “La Rosa Blindada”, aprendió a comprender el peronismo para asumirlo y ayudó que otros lo comprendan; contribuyendo como pocos a la formulación de la categoría ideológica del Nacionalismo Popular Revolucionario. Cae abatido a los 28 años por las balas de la represión el 3 de Noviembre de 1971 en la localidad de Ferreyra Provincia de Córdoba.
Hacia fines de 1971 la dictadura militar había puesto en marcha en la Provincia de Córdoba la ocupación del complejo industrial Fiat, rodeando las plantas Materfer y Concord el 26 de octubre, había quitado la personería a Sitram-Sitrac y desencadenado persecuciones y allanamientos incluyendo casi 300 despidos y suspensiones del personal, todo por orden del Gral.Alcides López Aufranc.
Surge de ese modo el planeamiento de la operación: Forzar una “invitación” a un alto funcionario de la Fiat a negociar a solas durante unos días y reclamar la devolución de la personería sindical, la reincorporación de los despedidos y el cese de la ocupación militar. De tal forma fue un 3 de noviembre de 1971 aproximadamente a las 7 horas de la mañana, que se lleva a cabo en Ferreyra, Córdoba un encuentro desigual que la historia denominará «Combate de Ferreyra” o “Combate de la Fiat». Allí caen abatidos por la represión de las fuerzas de la dictadura Juan Carlos Baffi, militante de las FAR y Raúl Juan Peressini de las FAP. Y malheridos, son asesinados por la policía provincial, Olmedo y Agustín Villagra, ambos de las FAR.
Transcurridos ya casi cuarenta años de la elaboración de estos documentos, la relectura que ponemos a consideración vuelve a interpelarnos para refrescarnos algunas directrices invariables a modo de viejas respuestas, pero a su vez nos sacude la modorra provocando la urgencia de nuevas preguntas partiendo de las condiciones actuales.
La perspectiva histórica (o como decía Olmedo por aquellos días: “el ciclo histórico dentro del cual se inscribe nuestra propia lucha”) de la cual se nutrían los conceptos y definiciones vertidas en estos documentos, fue brutalmente trastocada por el proceso iniciado con el “rodrigazo” en 1975 al imponer el comienzo ipso facto de una nueva lógica cultural, política y socioeconómica brutalmente tributaria de los intereses y las ideas de la elite oligárquica; proceso agudizado durante la dictadura oligárquico-militar, institucionalizado por el gobierno alfonsinista, remachado por el menemismo y la Alianza; y resignificado ¿finalmente? por el matrimonio Kirchner-Fernández a partir de 2003. Este proceso determina una fractura de la sociedad argentina, una nueva geografía social y política, que en principio nos obliga a esbozar las coordenadas de una perspectiva histórica que dé cuenta de lo que nos ha sucedido y de lo que nos está sucediendo como formación nacional, para lo cual estos documentos nos ofrece la posibilidad de auscultar en el sentido de las transformaciones sucedidas.
Ante todo reparemos en cómo definían estos documentos aquel ciclo histórico:
“…Ese ciclo a nuestro juicio, comienza en 1945 y está marcado por la irrupción de nuestro pueblo, de nuestras masas, al escenario político, al recuperar a su líder y a un programa y a un proyecto que sentía suyo. De entonces a aquí, es mucho lo que nuestro pueblo ha sufrido y ha aprendido, y no puede decirse que el trayecto recorrido de entonces hasta este momento sea lineal. Ha habido bruscos cortes, discontinuidades… y sin embargo hay algo que permanece, que está vigente. Desde entonces hasta ahora; y es la clase obrera argentina la que esta protagonizando fundamentalmente estos episodios en el campo popular y es la que protagonizará también su liberación y la construcción del socialismo. Es esa presencia de la clase trabajadora la que establece la continuidad esencial del proceso y la que nos permite hablar de un ciclo a completar”.
Es evidente que por lo menos hasta nuestros días, en los comienzos del siglo XXI, aquella “clase obrera argentina” no alcanzó a protagonizar su liberación ni mucho menos la construcción del socialismo. En rigor, aquella “clase obrera” ha dejado de existir como sujeto colectivo de cierta uniformidad y con la configuración social tal como se la concebía por aquellos tiempos; por otro lado no sólo que el “ciclo a completar” no se completó de acuerdo a lo previsto, sino que sobrevinieron otras completudes que modificaron sustancialmente “la continuidad esencial del proceso”.
La fractura operada en el cuerpo social en los últimos treinta años y que determina la realidad de nuestros días ha dejado de ser una cuestión de gradualidad en la pobreza; es la conformación de dos sociedades diferentes, la de los integrados al sistema, y la de los excluidos del mismo. De tal forma se ha conformado una sociedad dual, dos sociedades en dos distintas velocidades. Hoy tenemos una “masa marginal” que no responde a las necesidades de realización del capital productivo, sino que es concebida estructuralmente como prescindente o excedente (no de “reserva”); su expulsión de la sociedad productiva es funcional en tanto alimenta el aumento de la renta generada por el régimen de saqueo y su sector ultra intocable; el sector financiero.
En esta perspectiva va de suyo que muchos de los presupuestos y las premisas utilizados en los textos citados no se han comprobado en la práctica del devenir histórico posterior, incluso algunos han sido amargamente desmentidos; sin embargo nótese la meridiana lucidez del marco teórico propuesto en estos documentos, al advertir claramente una de las coordenadas centrales que signaría el proceso real que en definitiva terminaría por desarrollarse:
“La liquidación de la burguesía nacional, tendencia histórica que a nadie escapa, lleva implícita la desnacionalización continua y la pérdida cada vez mayor de peso político de la burguesía nacional y de sus concepciones. Quienes quieran sobrevivir deberán resignarse a la asociación o la dependencia del capital imperialista o perecer. Esta asociación es económica e ideológica, y cuanto mayor es la absorción por el capital extranjero a la liquidación directa impuesta por las circunstancias económicas, mayor es el vocerío de los representantes de la burguesía nacional y su defensa de los «intereses de la empresa nacional». Poco a poco, sienten que les va llegando la hora”.
No hace mucho, allá por los años 2003, 2004 y siguientes, muchos creyeron en la necesidad de contar con una pujante “burguesía nacional”. La misma utilización del término de por sí causó cierta sorpresa, luego de largos años sin pronunciación discursiva. En efecto; se escuchó decir el 29 de Septiembre de 2003, en un acto organizado por los banqueros “nacionales” agrupados en ADEBA: “que es imposible un proyecto de país si no consolidamos una burguesía nacional”. El orador y autor de esta definición, el por entonces Presidente de la Nación Néstor Kirchner, sellaba así un acuerdo con el sector financiero, el que se comprometía a “aportar” 500 millones de pesos para el financiamiento de obra pública.
En este nuevo marco ¿en quiénes se corporizó la “burguesía nacional” enunciada por el discurso oficial? o en palabras de Olmedo, ¿quiénes salieron en defensa de “los intereses de la empresa nacional…ese vocerío de los representantes”? El 7 de Agosto de 2004, de forma pública y elocuente, Franco Macri criticó con igual dureza al radicalismo como al menemismo, al tiempo que sostuvo: “Kirchner quiere respaldar seriamente a la empresas nacionales para que sean la protagonistas centrales del nuevo crecimiento económico…Kirchner es el hombre indicado para cambiar a la Argentina en esa dirección”. La cabeza del grupo SOCMA no se privó de criticar las privatizaciones de la década del noventa en una queja de antología, cuando afirmó “… terminaron beneficiando hasta el absurdo a las compañías extranjeras…”.
Otro exponente de esta remozada “burguesía nacional”, Eduardo Eurnekian, titular de Aeropuertos Argentina 2000 S.A declaraba públicamente el 11 de agosto de 2004 “transitamos por la buena senda y no estamos hablando de modificaciones substanciales”.
Huelgan los comentarios.
La denominada “burguesía nacional” tal como lo anticiparon estos documentos ha sido literalmente desintegrada, subsistiendo sólo un “empresariado local” fuertemente concentrado e integrado al capital monopolista transnacional y caracterizado por un comportamiento depredador en términos de reproducción social. A esto; el discurso del gobierno asistido por intelectuales defectos, denomina “burguesía nacional”. No existe resquicio alguno que permita afirmar fundadamente la existencia de aquella otrora “burguesía nacional” como componente sólido de un frente nacional al estilo del primer peronismo.
Hoy gran parte de la estructura económica argentina esta globalizada. Hay un importante sector social cuyas expectativas de futuro están indisolublemente ligadas al mercado externo y nada tienen que ver con el acontecer nacional, como no sea para protestar por “las incomodidades” que a veces le genera algún “malestar social”. Miremos sino cuales son las principales empresas “argentinas” en cualquier rubro: automotor, energía, comunicaciones, puertos, ferrocarriles, minería, agro, finanzas, etc. etc. Antes del 2 de abril de 1976 teníamos una economía dependiente, ahora sigue siendo dependiente pero además esta enajenada y altamente concentrada, de estructura funcional “exógena”, e inserta en un espacio territorial donde la clase media y los sectores populares –otrora base del Movimiento Nacional- disputan entre sí su hegemonía política bajo la atenta tutela de los sectores globalizados.1
La historia nunca tiene final ni mucho menos burdas representaciones continuistas. Aquel ciclo está clausurado y es necesario asumirlo, lo que no impide que se lo pueda ver como cualquier otro momento, como una transición entre lo que le ha precedido y lo que le sigue.
Todo ello nos conduce a meditar seriamente qué es lo que ha sucedido y qué es lo que está sucediendo y cuál es el ciclo histórico en el que estamos insertos, sin quedar anclados en categorías políticas y de análisis hoy francamente ineficaces para arribar a un diagnóstico que nos acerque a la posibilidad de conocer y asumir integralmente la realidad de estos nuevos tiempos históricos que nos toca transitar. Es decir, una visión de la realidad que como bien señalaban los documentos, debe permitirnos en primer lugar estudiar nuestra sociedad nacional para formular una política concreta:
“Cuando conozcamos lo suficiente de nuestra sociedad, cuando sepamos quién es quién y que intereses defiende, entonces estaremos en condiciones de ir complicando poco a poco el panorama y de estudiar las relaciones de nuestra sociedad con otras, en un orden de importancia que habrá surgido del estudio anterior. Aquí en todo momento el centro del estudio está puesto sobre la sociedad nacional, pues se trata de estudiarla para formular una política concreta, y no para teorizar acerca de la situación capitalista internacional”.
En pleno desmontaje e implosión de aquella “ética militante” edificada en los años sesenta, setenta y parte de los ochenta; de su propuesta política y de su proyecto de Liberación; y frente a la actual impostura de una retórica impotente e impostora, estos documentos nos ofrecen –a pesar de los cambios operados – ideas, saberes e inteligencias transformadoras, de plena vigencia y vitalidad para la acción política de nuestros días. Reparemos sino en estas sencillas pero profundas definiciones, que tienen la virtud de simplificar lo aparentemente complejo:
“En primer lugar, nosotros no estamos fuera del pueblo, esperando emboscados, sino que pertenecemos a él. En segundo lugar, nuestra fuerza…o la de cualquier otra organización…es la fuerza de su pueblo o no es ninguna. Por lo tanto, todo con el pueblo, nada sin él; todo con su comprensión, nada sin ella”.
“En consecuencia…de cómo interpretamos los intereses de nuestro pueblo…en primer lugar, lo hacemos participando…de su condición de agredido, y luego sumándonos a la búsqueda de una alternativa integral que no nos lleve a migajas superiores, que no nos cambie de amo sino que nos coloque en esa situación peligrosa y desafiante, pero al mismo tiempo la única aceptable para los hombres, que es la libertad”.
La exactitud y hasta la belleza del lenguaje político de Olmedo no deja de alumbrar a pesar del transcurso de los años y las transformaciones operadas. Es sencillamente apabullante cuando define a la libertad como esa situación peligrosa y desafiante pero a su vez aceptable; y sugiere una auténtica propuesta revolucionaria cuando refiere a “la búsqueda de una alternativa integral que no nos lleve a migajas superiores, que no nos cambie de amo”.
En definitiva, apelamos a la riqueza de estos documentos para recapitular en los intersticios de un relato histórico todavía distorsionado; de forma tal de meditar en las transformaciones sufridas en las últimas tres décadas a fin de detectar aquellas coordenadas que nos permita construir una visión y un modelo explicativo de nuestras contemporáneas realidades para rehacernos de una práctica transformadora. El proceso que describimos nos lleva a advertir la imposibilidad de enfrentar la crisis de esta sociedad dual como un fenómeno más o menos pasajero, que puede resolverse mediante paliativos, ni mucho menos con esquemas ideológicos elaborados antaño y vulgarmente hoy representados. Pero, principalmente, nos obliga a una intensa actividad crítica, de reversión de políticas y acciones, basados en una retórica que no se corresponde con la realidad que hoy envuelve a millones de personas.
La necesidad de esta revisión crítica involucra a dirigentes políticos, sociales, sindicales y también a los militantes del denominado “campo popular”; en todos los casos, los niveles dirigenciales y las militancias de estos sectores siguen hablando sin ir a fondo en la comprensión de las características estructurales que se señalan. Cual hombres y mujeres encadenados como en “el mito de la caverna”, los operadores de la denominada masa crítica del sistema político creen percibir a través de sus prácticas la realidad, cuando en rigor de verdad sólo captan las sombras de objetos prefabricados.
Es necesario comprender que estamos en una sociedad distinta, emergente, que aun no puede reconocerse a si misma como tal; sus reivindicaciones y discursos siguen basados en la demanda de la “otra” sociedad, la formal. Esta, a su vez, lejos de comprender la magnitud de la nueva realidad, se atiene a sus propios códigos de explicación y apenas alcanza a proponer soluciones tibias y “asistencialistas”, en la esperanza de que la contención mediante dosis homeopáticas de “ayuda social” confine a los indeseables lejos de sus reductos de tranquilidad.
Surge un desequilibrio dramático producido por la continua reducción de la población activa frente a un universo creciente de excluidos de la producción que tiende a elevar en términos más que proporcionales la demanda de servicios sociales. Se abre así un espiral de incumplimientos cuyo resultado histórico es la puesta en crisis del estado fiscal. Asistimos de este modo a un deterioro progresivo de los niveles de supervivencia de las clases y los sectores excluidos de la producción y por tanto a un frente de nuevas y crecientes formas de conflictividad y de desorden social.
Es que como se decía en aquellos documentos: “…ha demostrado la historia que las construcciones mentales que el hombre se forja, por más erróneas que se prueben, subsisten cerrándose sobre si mismas y alimentándose de sus mismos productos, aunque se alejen cada vez más de la realidad.”
Pues bien, son precisamente aquellas “construcciones mentales” hoy inocuas o directamente cómplices del status quo las que debemos abandonar por completo, poniendo al descubierto el sofisma de sus premisas y conclusiones, para zambullirnos en el océano de esta nueva realidad, para comprenderla, asumirla y en consecuencia abocarnos a transformarla.
Ninguna estructura política, ni mucho menos ninguna estructura sindical, hoy posee la potencialidad, la suficiencia, los entramados organizativos, ni los liderazgos para hacerse cargo eficazmente de los nuevos desafíos que plantea esta realidad. Hay una acción vacante, que difícilmente la ocupe una “unidad de unidos” gerenciada por figuras estelares y el voluntarismo elitista de burocracias aparatosas a la espera de “las condiciones”.
Por el contrario esa acción vacante requiere una multifacética y multisectorial confluencia de experiencias ético-sociales para la construcción de una nueva y genuina organización popular y por ende de nuevas estructuras y nuevos liderazgos, requiere retomar la iniciativa desde condiciones inhóspitas para reasumir constituyentemente en la práctica-social las categorías políticas de Pueblo, clases sociales y Nación.
En esta perspectiva y para concluir, nada mejor que quedar reflexionando en estas ideas elaboradas hace ya 38 años hoy por hoy de una vigencia increíblemente inalterable:
“Tan sólo el desarrollo del movimiento revolucionario argentino dará una prueba definitiva en favor de una posición. Será la prueba de la práctica. Prueba que comenzará a verificarse cuando el pueblo entre a tallar en el asunto. En ese momento la controversia quedará liquidada…es la experiencia del pueblo la que determina que es lo que está vigente y que es lo que no lo está, y ese es el punto de partida para cualquier tarea política revolucionaria. La vanguardia (hoy inexistente) surgirá en el momento que el pueblo adhiera a una lucha constante y total contra el sistema (algo que hoy no ocurre) y el mismo se encargará de formarla y alimentarla”.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1° de Mayo de 2009
1 Documento político elaborado en el 6° Encuentro Nacional del Movimiento Peronista Auténtico, Unquillo, Provincia de Córdoba, 19 y 20 de Agosto de 2006 : “…ya no tiene pétalos por deshojar la vieja margarita…” – Reflexiones y Propuestas para un Nuevo Proyecto Histórico de Liberación. (http://www.mpa.org.ar/documentos/MPA-DocumentoNacionaldeUnquillo28-09-06_1_.doc).
