EN DEFENSA PROPIA

En defensa de los sindicatos, contra el modelo de saqueo y la criminalización de la protesta.
En los últimos meses hemos asistido como sociedad a una nueva campaña de demonización y manipulación de la opinión publica orquestada por el poder ejecutivo nacional e instrumentada por los grandes medios de comunicación, que bajo la excusa de “combatir las mafias” pretenden desacreditar y criminalizar la acción política del sindicalismo argentino. Nada nuevo bajo el sol.
Pero es de fundamental importancia contextualizar históricamente estos ataques y elucidar los objetivos que persiguen. Empecemos por el principio: Estamos frente a un gobierno de empresarios. Una banda organizada de hombres y mujeres provenientes de la actividad privada que se han trazado un objetivo político y se han organizado para tales fines en los marcos que establece el sistema político argentino del siglo XXI. Es decir que la minoría que concentra históricamente gran parte de la riqueza que produce y pertenece a la Nación, a diferencia de lo que sucedió durante el siglo pasado, ya no se vale de golpes de estado, proscripciones o bombardeos para acceder al poder político y garantizar sus intereses de clase, sino que aggiornados al clima de época, utilizan todas las ventajas del marketing y por sobre todas las cosas, aprovechan el vacío de legitimidad que ha dejado la clase política surgida tras la dictadura, a cuento de los sistemáticos desastres que han conducido al país a crisis políticas, económicas y sobre todo sociales de distinta envergadura, desde la vuelta democrática hasta el presente.
Que la organización sindical como principal institución de poder y defensa de los trabajadores argentinos es el enemigo principal de las clases dominantes, no constituye ningún tipo de noticia. ¿Cuántas represiones, ataques, asesinatos y desapariciones carga en sus espaldas el movimiento obrero argentino desde el siglo XIX hasta el presente? Acaso hubo alguna dictadura que no lo combatiera a sangre y fuego, que no intentara sino mediante la prohibición lisa y llana de su existencia, al menos debilitar su poder y modificar su esencia? Y aún desde el 83’ a la fecha ¿Existió alguna gestión del poder ejecutivo que no se enfrentara y/o intentara neutralizar su poder? Distinta de la suerte y devenir de otros países hermanos, en la Argentina, el movimiento obrero organizado ha significado desde su empoderamiento durante el peronismo, la más férrea resistencia a los proyectos que buscaron convertir definitivamente nuestro país en una colonia gobernada por una ínfima minoría dónde más de la mitad de sus habitantes no tengan acceso a derechos básicos como la educación, la salud, la vivienda y el trabajo en condiciones dignas. Pese a las avanzadas (con genocidios incluídos) la clase trabajadora argentina ha podido defender muchas de sus conquistas y derechos adquiridos, valga la redundancia, mediante la lucha.
Pero más importante aún: ¿Por qué los medios de comunicación no hablan nunca de la mafia empresarial? es decir ¿bajo qué óptica podría describirse el comportamiento de una gran parte del empresariado nacional como distinto al que se pretende denunciar en los sindicatos? Los empresarios argentinos han promovido y sostenido la más sangrienta dictadura que nos haya tocado vivir, llegando en algunos casos a ser imputados como cómplices en delitos de lesa humanidad, basta con pensar en el caso de la Mercedes Benz (y tantas otras) acusadas de complicidad en la desaparición de comisiones gremiales enteras. ¿Quiénes fugan miles de millones de dólares al exterior, evaporando la riqueza y defraudando al fisco? ¿Quiénes pagan coimas millonarias, incluso a los mismos sindicalistas que hoy son acusados de corruptos? En resumen; ¿Quiénes perjudican más seria, sostenida y decididamente el presente y futuro de todos los argentinos? Que se entienda: No se pretende lavar culpas, negar la corrupción, salvar a algún dirigente, ni tapar una cosa por otra. La corrupción es un flagelo cultural que habita en todos los ámbitos de la sociedad y que no por ello ni mucho menos, debe ser normalizado o aceptado. Debe ser identificado y combatido como tal. Pero difícil, sino imposible es que aquellos que tienen empresas off-shore en paraísos fiscales (hoy funcionarios), ocultan propiedades, acciones y megariquezas en el exterior; estafan al estado y encubren asesinos, puedan erigirse como paladines morales de la honestidad y el apego a la ley. Mienten. Y son peligrosos.
Existen sindicalistas empresarios, que se enriquecen en términos personales, que entregan conquistas y derechos de los trabajadores, que apañan patotas y que sólo representan un mal interno que debilita al movimiento obrero. Eventualmente, deberán ser juzgados y condenados según estipule la ley. Pero hay que decirlo, son muchísimos más aquellos y aquellas, delegados, activistas y militantes de base que sólo buscan con esfuerzo denodado defender los derechos e intereses de las y los trabajadores.
A riesgo de perjudicarnos gravemente como individuos y sobre todo, como comunidad, es imprescindible entender cabalmente la esencia de esta avanzada contra los sindicatos en nombre del combate a la corrupción: Este gobierno de empresarios que cumple su mandato histórico, busca dar el golpe maestro que no pudo dar ni siquiera la dictadura militar mediante el terrorismo de estado: acabar con el poder real que aún hoy y a radical diferencia del resto de los países de la región y de los periféricos de todo el mundo en general, el movimiento obrero organizado argentino detenta y ejerce. Más allá de los nombres, las contingencias y las operaciones, lo cierto es que gracias a la tradición sindical argentina, principal expresión de poder popular, aún hoy podemos gozar pese a la constante avanzada que pretende socavarlos, de derechos sociales como la salud pública, la educación primaria, secundaria e incluso superior pública y gratuita y más importante aún, de un poder adquisitivo (aunque cada vez mas acotado y amenazado por el modelo económico vigente) por encima de la línea de dignidad, para aquellos que tienen la suerte de estar bajo un convenio colectivo de trabajo (otra fundamental conquista sindical). Este gobierno busca debilitar la herramienta de defensa de los trabajadores para implementar sin costos, las reformas económicas que terminen de convertir a la Argentina en un país que funcione a merced del 20% de su población.
Aquello/as que conociendo esta realidad (es una obligación conocerla) sigue confundiendo a los dirigentes con los sindicatos y haciéndose eco de lo que los medios de prensa al servicio del poder difunden, sólo se está disparando a los pies. No es posible que el lobo le enseñe a los corderos como organizar su propia defensa. Por fortuna, la clase trabajadora argentina ha demostrado a lo largo de la historia detentar pocos gestos corderiles, más bien ha constituido siempre el principal ariete de defensa y conquista de derechos colectivos para el pueblo argentino. En esta ocasión, no será excepción. Pese a los corruptos, a los carneros y a los traidores, existe una gran parte de los trabajadores organizados, dispuestos a dar pelea. Tampoco debe soslayarse la bronca y desgaste generadas en las clases medias urbanas y en sectores de trabajadores informales o excluídos. Hay que tomar nota de las jornadas de diciembre último y que no por casualidad, los cacerolazos y marchas autoconvocadas de las noches llenaron las plazas al grito de “unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode”.

Ese es el mandato y todo argentino y argentina de bien, debe participar en esta batalla defendiendo sus intereses y por sobre todas las cosas, el futuro colectivo. En la Argentina, no hubo, no hay y no habrá patria, si no es con trabajadores. El 21 nos movilizamos en defensa propia.
Para quienes quieran acompañarnos, nos econtramos a las 14.00 hs. en Chile esquina Lima
MOVIMIENTO PERONISTA AUTENTICO – MPA

REVISTA EL DESCAMISADO – CONSEJO EDITORIAL

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