«Informó el Indec que hay un millón y medio de pobres menos que el año 2008»
(Cable de Agencia Telam, 22 de Septiembre de 2009)
Por Darío Quiroga
Para Kirchner el mensaje precede y define a la realidad y no al revés. Está convencido que la información es una mercancía más y que la derrota del pasado 28 de Junio se debió por no haber podido disponer de mayor cantidad de mercancía informativa. Los medios de comunicación sólo existen para él como empresas que trafican información y por lo tanto sus productos son negociables. Todo ello en el marco de una visión parcial de la comunicación que se define como un proceso cerrado y binario en el que un sujeto activo (emisor) comunica información a un sujeto pasivo (receptor) con el propósito de dictar o bien modificar su comportamiento. De tal forma se soslaya la dimensión dialéctica del proceso de comunicación y su naturaleza orquestal, en la cual desde ya que interactúan los monopolios, sin ir más lejos, exactamente esos mismos monopolios que acompañaron con bullicio informativo el «crecimiento económico más importante de nuestra historia nacional» (sic), que fueron a su vez los mismos aquellos monopolios que el propio Néstor fortaleciera y consolidara durante su presidencia.
Al fin y al cabo es una sospecha generalizada y nunca desmentida que Nestor quiso «pertenecer» al hoy tan denostado «monopolio de la palabra» y que le dijeron que no.
En este marco la discusión sobre le Ley de Servicios Audiovisuales pierde claridad y se enmarca en una disputa entre patrones «nacionales» y extranjeros, que desde ya cuentan con abundante retórica para fundamentar sus posiciones tan aparentemente irreconciliables. Y hay que hilar muy fino para posicionarse en el debate sin quedar atado a los intereses de uno y otro lado.
Toda acción que ponga frenos a los monopolios y mejore la ley de Radiodifusión de la dictadura oligáquico-militar y profundizada por Alfonsín, Menem, De la Rua-Alvarez, Duhalde y Kirchner no solo es ponderable sino que hay que propiciarla.
Lo que no significa desconocer que a Néstor y Cristina no les interesa ni la libertad de expresión, ni el equilibrio antimonopólico, ni que la gente opine, ni que los medios informen. Jamás les interesó. Las verdaderas intenciones del proyecto surgen de la endiablada cruzada a matar o morir que están librando contra el grupo Clarín, pero por sobre todo con el inmenso océano de negocios que se abre con el aterrizaje en nuestros territorios de una nueva fase del «desarrollo» de la tecnología digital de implicancias audiovisuales. Fenómeno que, desde ya, ofrece la posibilidad a Néstor de participar activamente en la nueva configuración del «monopolio de la palabra».
Es que durante muchos años el matrimonio y «el grupo» cohabitaron bajo estrictas condiciones de conveniencia mutua, hasta que al Grupo comenzó con sus primera infidelidades. Aquellas imágenes indiscretas transmitiendo en simultáneo las trifulcas con la Mesa de Enlace fueron intolerables para Néstor. Había pagado con creces la discreción de la prensa, ¡cómo podían hacerle esto justo a él! ¡que incluso se había ofrecido para pertenecer con lealtad y probidad! Recordemos a Delía en pleno conflicto con la mesa de enlace exclamando en TN frente a los inefables Bonelli y Silvestre «¡¿Clarín qué más querés?! Inconfundiblemente hablaba Kirchner.
Hoy un juramento, mañana una extorsión.
No es secreto para nadie cuál es el derrotero del «grupo». Desde siempre, en todo comienzo de una nueva gestión de gobierno -oligárquico-militar o democrático- ha sabido derrochar un inteligente oficialismo. Algunos atribuyen esa capacidad a la marca indeleble que dejara en «el grupo» el mentor del desarrollismo criollo Rogelio Frigerio (al fin y al cabo al «Jefe» Héctor Magnetto le gusta presentarse como su discípulo). Es decir; ha sabido acompañar y fomentar el consentimiento social hegemónico de cada gestión de gobierno por lo menos en los últimos 30 años mientras engordaba su poder monopólico a expensas del patrimonio público, pero también ha sabido acompañar e interpretar los inevitables descontentos y reacciones populares posteriores, marcándole el paso a la nueva formación política emergente. Y todo ello con esmerado énfasis por la calidad en los contenidos y en la producción. La sofisticada burocracia que «el grupo» supo organizar en los últimos 15 años de expansión creyó que así transcurrirían los tiempos indefinidamente. Lo que nadie esperó es que el comienzo del fin se diera en una confrontación cuerpo a cuerpo con un gobierno en retirada. Más bien todos esperaban exactamente lo contrario.
Y ahora «el grupo» más sus aliados naturales (y otros inesperados), envuelto en la refriega cuerpo a cuerpo que le propone el gobierno, pretende recuperar la información perdida. Ciegamente, sin criterio ni memoria. En la provincia “todo es de ellos….” Se sorprendió recientemente desde Santa Cruz un enviado de Clarín. Al día siguiente los medios del eje oficialista publicaron que el diario debía 130 millones de pesos a la AFIP.
Ninguna de estas dos conductas surgieron de la noche a la mañana. En realidad Kirchner y Clarín se están tirando con el pasado por la cabeza y todo parece indicar que ambos bandos están perdiendo sus cabales. El extravío editorialista del «grupo» por momentos es grotesco, tanto o más que el puesto de manifiesto por Néstor al mandar a una tropa de inspectores de AFIP y agentes de la SIDE a las empresas del «grupo».
Sobre este último episodio, más que escrudiñar en las razones de la embestida, el tema en todo caso a analizar es porque una vez decidida se ordena repentinamente un repliegue desordenado haciendo retroceder a la tropa en chancletas. Al simple efecto especulativo podríamos ensayar dos respuestas. En un caso; que este es un gobierno mucho más débil que la mímica de poder que ostenta cotidianamente; o bien que estamos ante la primer revelación de una división profunda interna en sus comandos de conducción sobre las formas y los contenidos de la contienda. Aunque también una tercera respuesta puede pensarse a partir de la combinación de ambas hipótesis.
De todas formas hay «casualidades» que sugieren que todo esto realmente es mucho más precario en sus intencionalidades y planificaciones de lo que indican sus apariencias. Resulta ser que desde siempre «el grupo» conserva el grueso de sus oficinas y su domicilio fiscal en el barrio de Barracas, pero resulta ser también que la empresa que ha protagonizado el mayor fraude en la historia impositiva nacional (500 millones de pesos en facturación fraudulenta) tiene dicho domicilio en la ciudad de Avellaneda, próximo al estadio Presidente Perón, luego de haber cambiado su originario domicilio con radicación en la ciudad de Comodoro Rivadavia. Nos referimos a la empresa Gotti S.A de inocultables relaciones carnales con Néstor. En consecuencia, ambos se encuentran bajo la jurisdicción y competencia de la Regional Sur de la AFIP a cargo de un tal Andres Vasquez, designado allí por disposición del actual Jefe de los recaudadores, el archi K Echegaray.
Vásquez no es una funcionario cualquiera. Empleado de carrera de la AFIP, es conocido en el organismo como el “enlace” con la SIDE. Con 19 años en el organismo, Vásquez ocupó históricamente la segunda línea de mando de la Dirección de Inteligencia Fiscal. Es en ese lugar en el que entabló relaciones con los servicios –avalado por el ex titular del organismo Alberto Abad, un impulsor de profundizar los lazos entre sabuesos y espías-. En aquellos años, Abad firmó convenios de capacitación con la Escuela de Inteligencia, que se concretaron bajo el manto burocrático del área que integraba Vázquez.
Vásquez terminó eyectado del cargo por el propio Abad. Es que en pleno auge del caso Skanska, se lo involucró en un apriete al juez en lo Penal Económico Javier López Biscayart, a cargo de la causa, que precisamente surgió como un fraude impositivo. En esa oportunidad, agentes de la SIDE visitaron a López Biscayart en su despacho y le “recomendaron” seguir un camino que le “interesaba al presidente de la nación”. El magistrado no los dejó salir y les tomó declaración. Abad, supuestamente cansado de las tropelías de los “dobles agentes” que él mismo había avalado, decidió disolver el área de inteligencia fiscal. Hombre de recursos, este funcionario, logró reposicionarse en la gestión de Echegaray, quien lo nombró al frente de la Región Sur (con influencia sobre áreas como Constitución, Barracas, Lomas de Zamora, Gerli y Lanús).
En la AFIP se afirma que el nombramiento de Vásquez en la Región Sur tenía un objetivo: “planchar” el caso de evasión fiscal de la constructora santacruceña Gotti SA (propiedad del empresario kirchnerista Lázaro Báez), protagonista del caso de evasión fiscal que involucra más de 500 millones de pesos en evasión mediante el uso de facturas truchas.
Por la investigación de ese caso y por tocar puntos sensibles para el kirchnerismo, echaron al ex director de la DGI, Castagnola, enfrentado con Echegaray y de mala relación con Vásquez. Junto a su nombramiento, Gotti S.A, Báez, cambió su domicilio fiscal. Así, Gotti pasó de depender de la difícil oficina de Comodoro Rivadavia a los designios de Vázquez.
Todo esto vendría a cuento si no fuera que el real trasfondo de estos escenarios se está definiendo a partir de la inminente irrupción en nuestras vidas de una nueva fase del «avance» tecnológico en el plano de lo audiovisual. Televisión en el celular y en el auto, goles y videoclips para comprar con un simple mensaje de texto, 35 canales gratuitos de aire de alta definición, series y películas que se descargan a pedido y mucho más. El futuro está a la vuelta de la esquina con esa mutiplicidad ya embobante de aparatitos cada vez más encantadores y de aparente sofisticación. La discusión es sumamente compleja y excede con creces el esquematismo planteado por Néstor y facciones aledañas.
Sin embargo la complejidad no sólo es temática, sino más bien integralmente política. Estar a favor de una ley distinta al actual marco normativo en la materia ideado por los escribas del genocida Videla; con o sin telefónicas, con o sin autoridad de aplicación «autárquica» y como diablos se les ocurra normativizar a esa banda de impresentables encaramados en lo que llamamos poder legislativo, vendría a ser algo así como estar a favor de la ley de gravedad. No es esa la discusión. La discusión está en cómo se repartirán los dividendos que generará esta nueva fase expansiva tecnológica y quiénes controlarán el uso y disponibilidad de sus nodos e infraestructura. Resulta que en el medio está esta famosa «ley de la dictadura» que hay que derogar. La discusión es para qué, cómo y en beneficio de quién debe sancionarse un nuevo plexo normativo en la materia. No alcanza con asegurar que cada quien diga lo que quiera (cosa que por otra lado esta ley no garantiza) sino que lo que sea necesario decir tenga la oportunidad de ser enunciado a través de la difusión pública y masiva (cosa que esta ley tampoco garantiza).
En abril pasado -dos meses antes de la derrota del 28 de junio- el Comfer sanciona la Resolución 275/2009, mediante la cual se reabríó luego de nueve años la posibilidad de ingresar al negocio de la televisión por cable en todo el país. De tal forma el organismo habilitó la venta de pliegos para los servicios «complementarios de radiodifusión por vínculo físico». En la práctica esto implica un trámite abreviado de 180 días para que se normalicen las licencias que se vencieron en los útlimos años; la reglamentación del ingreso de las cooperativas al mercado y la posibilidad de utilizar la estructura existente para prestar el servicio. El artículo 20 de dicha resolución dispone que «los oferentes podrían utilizar postes, columnas, ductos, redes y/o infraestructura propia o arrendarlos a terceros para la prestación del servicio». Esto último legitima la posibilidad que nuevos cableoperadores interesados en birndar el servicio alquilen la infraestructura que ya tienen instaladas Telefónica y Telecom. Es decir, éstas sí podrán ofrecer su infraestructura para que la operen «terceros».
Lo cierto es que se está ocultando la importancia del tema en discusión y sus principales coordenadas tras un manto de retóricas simplistas y actitudes muy poco serias. Hay aspectos centrales de la cuestión que son sublaternizados burdamente, como por ejemplo la compra por parte de Telefónica de España del paquete accionario de Telecom de Italia, propietaria ésta de Telecom en Argentina conjuntamente con la familia Wertheim de cercanía inocultable con el matrimonio gobernante. Es decir; está en discusión ni más ni menos que el monopolio absoluto sobre el sistema de telecomunicaciones nacional. Recordamos al simple efecto informativo que las telefónicas conservan -asombrosamente- el uso y disponibilidad de toda la estructura aérea capaz de hacer de soporte físico a la transmisión de datos. Evidentemente la discusión va mucho más allá de los usos de «la palabra» y tiene más que ver con una disputa inter-monopólica.
Mientras tanto, la realidad -por definición, preexistente a los medios- transcurre tal cual es. Alguna vez una voz sabia dijo que la única verdad es la realidad. Pero resulta que ahora aparecieron extravagantes pejotistas foucaulnianos que creen que la única verdad es lo se dice que es, y que entonces la realidad es una construcción del lenguaje.
Luego de la derrota sin atenuantes del pasado 28 de Junio, Néstor se ha transformado (o quizá siempre lo fué) en un hombre asustadizo que está permanentemente a la defensiva, pero con un poder de fuego considerable y devastador. Recordemos que siempre es más fácil conservar el poder que adquirirlo, con lo cual el poder desgasta sólo al que no lo tiene.
Lo complicado en realidad es que los enemigos que supo conquistar en esta nueva fase de su existencia política son gigantes que no tiene los pies de barro, mas bien manejan armas tan o más poderosas y temibles como las que maneja Néstor.
En el estricto plano de la realidad la retaguardia del despliegue de fuerzas de este poder esgrimido por Néstor es una cornisa cada vez más estrecha en cuyos límites se precipita un abismo inconmensurable de catástrofes inimaginables. Cual hombres y mujeres encadenados como en “el mito de la caverna”, los operadores de la denominada masa crítica del sistema político creen percibir a través de sus prácticas la realidad, cuando en rigor de verdad sólo captan las sombras de objetos prefabricados. En este imaginario mundo, la naturaleza de las cosas ha pasado a ser algo secundario, algo sin importancia, más bien importa el nombre que se le dé a las cosas.
Habría que recordarles que las palabras no reemplazan la realidad. La palabra perro, no ladra ni mueve la cola.
