BRASIL

Plínio de Arruda Sampaio (en el centro con micrófono) durante un acto político de campaña en el año 1990 en Brasil, flanqueado por figuras del Partido de los Trabajadores (PT; Eduardo Suplicy (a la izquierda) y Luiz Inácio Lula da Silva (a la derecha en primer plano).

Plínio de Arruda Sampaio (en el centro con micrófono) durante un acto político de campaña en el año 1990 en Brasil, flanqueado por figuras del Partido de los Trabajadores (PT; Eduardo Suplicy (a la izquierda) y Luiz Inácio Lula da Silva (a la derecha en primer plano).

De la conciliación a la confrontación: Plinio de Arruda Sampaio y el nuevo tiempo político

Rubén Famá – Buenos Aires, 5 de noviembre de 2026.

Presentación

La última aparición de ElDescamisadonació de la crisis de 2001. Un miércoles 19 de diciembre de ese año, a pocas cuadras de Plaza de Mayo, retiramos de la imprenta el número cero, con un título de tapa en letras de molde: “El pueblo hará tronar el escarmiento”. Eran los días del “que se vayan todos”, de las asambleas barriales, la represión abierta y las roscas de la elite. En marzo de 2002 el número 1 salió con “Sin justicia no hay paz”; en junio, el número 2 planteaba la disyuntiva “Antipatria o fuerza popular organizada”. La revista se propuso desde entonces pasar de la barricada contestataria al pensamiento programático, y discutir, frente a cada gobierno, lo que se decidía en nombre de la Nación.

En esa saga, que se extendió hasta 2014 y una edición especial en el año 2019, contamos con un colaborador desde la hermana República Federativa del Brasil: el compañero Plinio de Arruda Sampaio. Dirigente de la Democracia Cristiana en los años sesenta y diputado federal, fue el relator del proyecto de reforma agraria del gobierno de João Goulart1, resistido con ferocidad por los grandes propietarios. El golpe de 1964 lo empujó a un largo exilio. A su regreso fue, en 1980, uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores y autor de su estatuto; más tarde, diputado constituyente2. Abrió su casa a los militantes argentinos exiliados durante la dictadura en momentos de extrema gravedad. En 2005 rompió con el rumbo que Lula imprimía al gobierno y se volcó a la construcción del PSOL3. Murió el 8 de julio de 2014, a los 83 años.

Entre 2004 y 2007 publicó en nuestras páginas cinco notas sobre Brasil: “Qué pasa en Brasil” (número 8, febrero de 2004), “La lucha por la tierra” (número 11, febrero de 2005), “El que no mete gol, sufre gol” (número 12, septiembre de 2005), “Hasta cuándo” (número 13, marzo de 2006) y “Brasil: una realidad de dos pisos” (número 14, agosto de 2007). Escribía cuando buena parte de la izquierda latinoamericana miraba a Brasilia con esperanza, y escribía desde adentro, como uno de quienes habían fundado el PT. Por eso sus advertencias pesaban, y por eso fueron incómodas.

Advirtió que un PT que gobernaba sin tocar el poder financiero ni el agrario, y que cambiaba la movilización por el voto, quedaría indefenso cuando la derecha pasara al ataque. La historia le dio la razón: impeachment, prisión de Lula, Bolsonaro. El 4 de octubre de 2026 el hijo de un expresidente preso por intentar un golpe ganó la primera vuelta. Pero en las tres semanas siguientes Lula hizo lo que Plinio reclamaba: movilizó, mejoró de forma concreta la vida cotidiana y confrontó. El 25 de octubre ganóel balotaje con el 51,78%, y esa misma noche llevó la confrontación al plano digital,frente a las grandes plataformas tecnológicas.

En el marco de estos acontecimientos creemos relevante volver a aquellas cinco notas. No para darle a Plinio la razón con el diario del lunes, ni para convertirlo en un oráculo, sino porque sus conceptos -la condición semicolonial, las “dos provincias” del gobierno, el reemplazo de la presión de masas por el cálculo electoral, el partido del orden, la “neumonía sin fiebre”- ofrecen una mirada con la que exponer una serie de reflexiones y de replanteos sobre el presente. Algunas de sus advertencias se cumplieron; otras quedaron desmentidas o desplazadas por un mundo que él no llegó a ver, donde el cerco ya no pasa sólo por los acreedores sino también por la infraestructura digital. La pregunta que atraviesa estas páginas es la que él dejó planteada en 2004 con una sola línea: “Ojalá cambien de táctica a tiempo.”

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