Lo que no se trata en el Congreso

Por Alberto Morlachetti

(APe).- 30/06/08. Rodolfo Braceli escribía, destripando palabras, que al otoño hay que hacerlo otoñar. Al pan, panar. Al mundo, mundar. No es para menos, es para más: consideremos que aquí, más acá de nuestras distraídas narices, la condición humana se desfondó.

El martes 3 de junio en Roma, en la Conferencia de la FAO, la presidenta de nuestro país, Cristina Fernández, destacó que la Argentina “puede ser una multinacional de alimentos” y que está en “condiciones de producir para 400 ó 500 millones de personas”.

Hay días que no tengo ganas de ponerme los ojos. Las familias pobres representan más de la mitad de la población y son las que tienen el mayor número de hijos. El amor es un hallazgo y lo multiplican antes que el dolor comience a mancharlo todo. Hechos como el hambre en la Argentina, tan extendida, tan paradojal, tan inexplicable es lo que nos hace dudar que nuestro planeta fuera el lugar adecuado para la aparición humana.

Si el hambre es un crimen, el futuro no acepta arrepentimientos y les pegará en la nuca a los que lo inventaron. No obstante, hay algo irreparable en el sufrimiento infligido a los pibes. Caín llevaba la señal en la frente y era el signo exterior de la permanencia de la culpa en la conciencia de quien tuvo la posibilidad de evitarlo y no lo hizo. Porque si todo prescribe, si todo se olvida, ¿qué impide que el crimen se repita? Expulsado del paraíso Caín se dirige a la Tierra de Nod -al oriente de Puerto Madero- donde ha de habitar eternamente esa dura cartografía de los condenados de la tierra.

a Agencia de Noticias de Niñez y Juventud Pelota de Trapo (APE) Edición: 1293
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