El Relato

Por Rubén Humberto Famá

El relato.
En sentido estricto un relato es básicamente un conocimiento que se da, generalmente detallado de un hecho. Como recurso literario el relato es un escrito en forma de narración equidistante en cuanto a su extensión tanto de una novela como de un cuento.

Ahora bien, en las últimas décadas el relato como recurso pasó a utilizarse con el fin de actualizar la técnica y las estrategias de persuasión, el relato pasa a constituirse como un nuevo instrumento de comunicación de forma tal de desarrollar y perfeccionar las técnicas de la propaganda, utilizando los recursos del universo narrativo para crear una estructura receptiva y un clima emocional favorables al logro de los objetivos de quien los utiliza. Roland Barthes (1), recordaba cómo el relato (sus virtudes, su estructura, sus intenciones) forman parte de la historia de la humanidad y de la cultura. La historia es inseparable de su narración. No hay pueblo sin relato, sin épica.

La propia estructura del relato (una narración, una historia, personajes, un principio, un nudo y un desenlace o final que ilustra una verdad, una enseñanza que todos asimilamos a partir de nuestras propias experiencias), intenta de entrada captar  mejor nuestra atención y que retengamos de manera clara ideas, imágenes y sensaciones que hacen del relato algo vivo y lleno de matices y significados en el cual logramos referenciarnos. No se trata de oratoria, necesaria desde ya. Se trata de palabras políticas que cuentan una historia. Esa es su fuerza. El tono, los rasgos enunciativos, los recursos dialécticos, la oratoria es sólo técnica y, como tal, puede adquirirse, mejorarse, pulirse; pero la historia política es la clave.

“Nos debemos también un relato diferente de nosotros mismos los argentinos, no autocomplacencia, no de ocultamiento, pero sí el necesario reconocimiento a los logros obtenidos y, en todo caso, a marcar lo que falta, pero reconocer lo que se ha logrado”, afirmaba Cristina Fernández de Kirchner en el discurso del 10 de Diciembre de 2007 al asumir la Presidencia de la Nación.
Hace días dirigiéndose a los “cientistas sociales” los convocó a participar con su relato del proceso de “reinvención de Argentina”, basado en una revalorización de lo propio.

”Es hora de que podamos relatar esta experiencia histórica que significa una revalorización de lo propio; los cientistas sociales tienen una importantísima tarea en esta reinvención de Argentina: la del relato, afirmó la Presidente al encabezar uno de los ya clásicos actos en la casa rosada.

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En esta perspectiva pareciera ser que Cristina Fernández de Kirchner nos propone un relato iniciático, refundador, para nada menos ni nada más que la “reinvención de la Argentina”. Un relato que para imponerse necesitará inexorablemente negar otros relatos, crear nuevos protagonistas, encontrar una nueva narrativa, esperanzar las expectativas colectivas.

El pasado 21 de Mayo del presente año, en la inauguración de una fábrica textil en Chaco, defendiendo el índice oficial de desocupación del “7,5 por ciento” y el “descenso de la pobreza y la indigencia”, durante su discurso en la localidad de Puerto Tirol, la Presidenta afirmó que “Hay otro país, hay otro relato diferente del que nos quieren convencer”.

La experiencia enseña que un peligro subyace con esta herramienta de comunicación y que se manifiesta cuando el contenido del relato controvierte el sentido común mayoritario, de tal forma reemplaza a la política y lo que es peor; sin reflejar la realidad histórica ni la actualidad reduce a los narradores a cuantacuentos de fantasías, sin criterios ni ideas. Cuando eso sucede en el plano de lo político sólo existe pensamiento reducido a su narración. O en el mejor de los casos un trágico relato de realismo mágico, que insiste en presentar lo cotidiano desde un interés irreal o extraño. Un relato que al apropiarse de algunos rasgos enunciativos del realismo épico, no posee otra pretensión que ofrecer verosimilitud a lo fantástico o irreal.

Una vez, uno de los más grandes exponentes del realismo mágico, Gabriel García Márquez dijo: “Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo que trataba de evocar, esa barrera no existía. Pero necesitaba un tono inocente, que por su prestigio volviera verosímiles las cosas que menos lo parecían, y que lo hiciera sin perturbar la unidad del relato. También el lenguaje era una dificultad de fondo, pues la verdad no parece verdad simplemente porque lo sea, sino por la forma en que se diga.”

La realidad.

El conjunto de voluntades a cargo del gobierno nacional conducidos políticamente por Néstor Carlos Kirchner, Cristina Fernández y su círculo más reducido de colaboradores, ostentó desde las pasadas elecciones de Octubre de 2007 la pretensión de estar protagonizando hechos históricos apoyados por una abrumadora mayoría popular.

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