Por Teresa Eggers-Brass
Sr. Director:
En el primer número de Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina, José Pablo Feinmann afirmó que se trataba de un ensayo, de un libro sobre el peronismo con pretensiones desmedidas: historiar e interpretar al peronismo. Pero en los números 89 y 90, sus referencias al doctor Conrado Eggers Lan están plagadas de informaciones incorrectas, inexactitudes y agravios. Asumo la réplica en nombre de mi padre, porque me afecta que describa situaciones íntimas supuestamente vividas con C. E. L. sabiendo que él no tiene posibilidades de defenderse ya que falleció en 1996. J. P. F. eleva ciertos actos cotidianos a la categoría de acontecimientos históricos, y trata hechos históricos relevantes como nimiedades.
J. P. F. le atribuye actos como director del Departamento de Filosofía de la UBA (1973/1974 begin_of_the_skype_highlighting 1973/1974 end_of_the_skype_highlighting) que deben ser rectificados. Escribe “voy a visitar a Conrado Eggers Lan en su despacho de flamante director del Departamento de Filosofía […] (Cuento esto para que se vea cuál fue nuestro ‘asalto’ al Departamento de Filosofía.) Me dice: Voy a anular los cinco griegos y los tres latines. Los pibes de la juventud no paran de pedírmelo”. Primero: no eran cinco griegos y tres latines (fuente: programas UBA Fac.FyL). Segundo: J. P. F. no estaba entre los integrantes de la J. P. que lo propusieron como director (testimonio de Enrique Hernández: J. P. F. se está apropiando de una historia que no le pertenece). Tercero: C. E. L. era profesor de Historia de la Filosofía Antigua desde 1960 y para su enseñanza consideraba indispensable el conocimiento del idioma griego clásico. Testimonios fehacientes confirman que C. E. L. hizo todo lo posible para que quedaran los idiomas clásicos en el plan de estudios y que luego debió acatar la no obligatoriedad, pero que estaba en desacuerdo. El director del Departamento no puede decidir sobre los planes de estudio, ya que ese tema depende de la decisión del Consejo Superior (o, en su defecto, del Rector Interventor). En el nuevo Plan de Estudios de 1974 los tres niveles de latín y tres de griego quedaron entre las diez optativas de las cuales los estudiantes debían elegir cinco.
Otras falsedades: J. P. F. dice que C. E. L. lo consultó a él para ver si “rajaban” al profesor Víctor Massuh, y que José le respondió: “No puede permitir eso, Conrado. Perseguir gente, no. Massuh se quedó. Cuando asumieron los de Ottalagano a Conrado lo echaron a patadas”. Rectificaciones: Primero, es impensable que C. E. L. fuera a consultar a su alumno Feinmann qué hacer al respecto. Segundo, C. E. L. nunca estuvo a favor de la caza de brujas y defendió la permanencia de profesores acusados de reaccionarios por la Tendencia pero con sólida formación académica, como Víctor Massuh y Mercedes Bergadá. Tercero, C. E. L. no era una persona de actuar sin fundamentos, sólo por ceder ante la Jotapé. Por eso, a él no “lo echó de una patada Ottalagano” de su cargo de director, sino que debió dejarlo por discrepar con la joven decana de la Facultad que sucedió a O’Farrell. A C. E. L. lo reemplazó antes de la llegada de Ottalagano el profesor Néstor Cordero.
Con respecto a la marcha a Ezeiza el 20 de junio de 1973, J.P.F. afirma en varios números (71, 87, 89, 90) que fue con Eggers Lan y Ariel Sibileau. Conrado sí fue a Ezeiza ese 20 de junio con Ariel Sibileau, pero no con J. P. F. Se encontraron con mucha gente, que lo testimonia. También dice que ese día él presentó a C. E. L. y Héctor Abrales. Es falso. Desde hacía tiempo C. E. L. formaba con Héctor Abrales (desaparecido por la última dictadura en 1979), Ariel Sibileau, Horacio Pericoli y Pancho Ramírez, un pequeño grupo de estudio y reflexión que se reunía periódicamente del cual J. P. F. no formaba parte.
Feinmann afirma que en la marcha C. E. L. acarreaba una botella de cognac y tomaba del pico cual conspicuo bebedor. Escribió que Ariel dijo, mirando la escena: “¡No se pierdan esto! ¡El director del Departamento de Filosofía se mama!” A. S. niega haberlo visto a C. E. L. tomando cognac, haber dicho sobre Conrado lo que J. P. F. le atribuye, ni que C.E.L. estuviera siquiera “alegre”. Con sus palabras: “Existencialmente no reconozco esa escena”, y “Lo de José no es un recuerdo, es una novela”. Nadie recuerda haberlo visto jamás a Conrado en esa situación, como para que figure como anécdota. Se trata de una descalificación absurda de una persona que tuvo siempre un profundo sentido de la vida.
Tras escribir muchas inconsistencias sobre Eggers Lan, trata de salvar un poco lo dicho pero afirma con imprecisión: “Tampoco quiero dejar una imagen erosionada de Conrado. Fue bueno conmigo y con los grupos de militantes católicos cordobeses”. Acá Feinmann confiesa estar dejando una imagen erosionada de su maestro. No sabemos si J. P. F. distorsiona su figura con una intención aviesa o por su preeminente vocación de novelar.
Asimismo desvirtúa a C. E. L. diciendo: “Con los años me libré de la maldición de Conrado. O eso creo. […] Como vemos, la condena de Conrado fue tan honda que todavía me contradigo”. Aclaro que mi padre no maldecía a nadie; por el contrario, era un filósofo que ejerció científicamente su profesión y formó varias camadas de discípulos. Parece que uno de ellos asimiló distorsionadamente sus enseñanzas y creyó haber sido embrujado. Más que una maldición, creo que Conrado ha dejado en sus seres cercanos los imperativos de deber ser y deber pensar. Cada uno se hizo cargo de ellos como quiso (si quiso) o como pudo.
Página 12
06/10/2009
